Me gustan las citas en los días fríos, esos en los que te gustaría quedarte en casa resguardada bajo una manta. Miro la calle a través de la ventana del taxi y veo a la gente caminar deprisa, agarrándose a sus abrigos, y no puedo evitar sonreír al pensar que poco antes estaba desnuda, y que mi piel brillaba por el sudor. Un beso, un sólo roce entre dos labios es suficiente para disparar el calor y que nada más importe. Ni el viento, ni la lluvia, ni los pies fríos, ni la piel sin nada ...