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Ariodante

La guerra de los sexos

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por - 08/10/2010 a las 15:41 (720 Visitas)
Hola a tod@s,
Despues de curiosear sin tasa por los posts de este prometedor foro, dejo de "parasitarlo" y me decido a intervenir. La idea es recoger el fruto de mis viajes por los blogs y webs de la "nube", bajar a la tierra y compartir aquellos que tienen un especial interes para mi, y espero que para vosotros, centrandome en el tema de título. Eso si, una guerra incruenta que nos muestre cuan (para felicidad nuestra) diferentes somos.
Para empezar una cita con la que me identifico:

"El desprecio de lo femenino sostiene todavía el edificio conceptual de los paladines del ideal ascético. De manera que la elaboración de una teoría del libertinaje supone la superación de la misoginia y su aniquilamiento. Pues este aborrecimiento procede del miedo y de los fantasmas de una masculinidad mal resuelta, vivida al estilo arrogante de la violencia y la agresividad. Toda virilidad digna de este nombre debe proceder de la fuerza –lo contrario de la violencia-, y del deseo de que la misma fuerza excite al cuerpo, a la carne y al alma de las mujeres."

Michel Onfray

Y aquí copio el primer post de la serie, con su correspondiente enlace, por si queréis visitar el blog o la web:


Tengo un amigo querido que dice afirma y argumenta, resuelto y convencido, que cuando se cierra la puerta de la habitación se acaba todo.
Todo lo interesante.
Que lo que vale la pena está antes.
Yo afirmo, naturalmente, lo contrario. Cuando se cierra (usted y la dama en el interior, claro) la puerta de la habitación, es el comienzo. Lo anterior no fue más que escarceo, bobería, representación, fingimiento, estrategia y obnubilación. Estamos, ay, antes de entrar a la habitación, en el falaz territorio de las palabras y los sentimientos.
Pero el cuerpo es otra cosa.
El cuerpo es el lugar auténtico que no admite trampas. Aquí estoy, es lo único que hay, dice, ¿y quién se atrevería a negarle la razón?
Ahí está, desnudo, buscando, hambriento. Y encuentra otro cuerpo.
Y se establece esa compañía.
Claro que para conseguir este tipo de compañía se requiere cierto nivel de civilización.
Yo antes follaba un poco en plan desahogo, en plan añado otra a la lista. En plan fisiológico. En plan cómo gocé y qué rico me he corrido. Pero después me civilicé. Me hice hombre. Antes era un pobre y torpe macho.
Hombre. Y cuando uno se civiliza y se hace hombre en cuanto se te pone tiesa lo primero que fluye es ternura. Es un viaje a un lugar sin soledad. ¿Y quieren decirme ustedes dónde se encuentra algo así? En ninguna parte. Salvo en otro cuerpo. Quien reduzca el acto de follar, copular, fornicar, singar o como quieran llamarlo a lo primitivo y elemental es que no se ha civilizado. Es que está tan solo pobrecillo.
Yo es que cuando me meto en otro cuerpo abandono la carcasa y soy. Qué limpieza.
No hay nada más difícil que la compañía. Yo la he encontrado en la carne y para mí que la carne es una forma de ternura.
El mundo nunca me dará la razón pero la carne es ternura.

http://unaeducacionsexual.emanaciones.com/

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