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Fosca

Una de puertas

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por - 26/04/2014 a las 16:27 (796 Visitas)
Hay objetos que despiertan un simbolismo que me seduce y me lleva a trascender su funcionalidad para casi venerarlos. Son objetos teóricamente inertes que de forma sorprendente y repetida me muestran una personalidad que me deja patidifusa y meditativa o a veces incluso asustada.
Os presento un texto menos atractivo y dinámico que el anterior –“Cruasans y semen”-, quizás más romanticón-filosófico-poético.., estáis avisadxs, sigo:
Uno de éstos objetos son las puertas, capaces de ser testigos de mundos extremadamente opuestos : la calle y el hogar, mi apartamento-cueva y la escalera por donde circulan todos los vecinos, el final y/o el principio de un pasillo que ves a saber dónde puede llevarte, la entrada y salida a una noche de película o al infierno…
Éste elemento hecho de madera, hierro u otras materias te brinda la posibilidad de protegerte y apartarte de lo que sea que quieras que no entre de forma reversible (si no has perdido las llaves) y te invita a determinar principios y fines de una forma clara.
Pero a parte de perder las llaves hay otros sucesos curiosos que pueden hacer que pierdas las facultades de usar con lucidez éste elemento de paso.
Mi experiencia con mi última amante (sí, primero me hice puta y ahora bisexual, todo en cosa de un mes..) me brindó la posibilidad de bailar con las puertas y me siento en necesidad de hacerles un buen homenaje a ambas. Gracias a la primera, la menos inerte, conseguí empezar a perfilar los mecanismos de la segunda, las bases de datos que rigen mi capacidad para hacer uso de ella y las posibilidades ocultas que me ofrecía empezar a tener más soltura con sus movimientos de abrir y cerrar.
Gracias a mi amada descubrí lo poco puerta que era nuestra puerta a veces, ya que me pareció entender que actuaba de forma independiente a mi voluntad, sin preguntarme ni dejarme opinar sobre futuras aperturas y cierres que parecían sucederse a su libre albedrío e incluso, desafiándome de forma repentina y airada, se dignaba a desaparecer entera o en una de sus partes más importantes: la cerradura. Cuando ésto sucedía vivía la sensación de estar atrapada en una estancia con Sheila irremediablemente, minuto a minuto, ella frente a mí mirándome fijamente, siguiéndome de rincón en rincón, buscándome entre las sábanas donde intentaba esconderme y anulando mi libertad terminantemente.
Descubrí entonces que el libre albedrío de la puerta era mi inconsciente camuflado, intentando retener a mi enamorada o mandándola a la otra punta del planeta.
También se me reveló que quizás en algunos casos, esa toma de iniciativa de la que yo no me creía partícipe era una actuación de emergencia: la puerta no podía esperar a que yo le diera permiso para abrirse o cerrarse porque sinó me hubiera hundido en una depresión de las gordas, en un estado crónico de estancamiento emocional o con suerte solo hubiera perdido mucho tiempo y energía. En los casos que actuaba sin mi permiso, cuando la actuación era definitiva y determinante, ella estaba mucho más lúcida que yo entonces.


Ahora estoy mirando nuestra puerta: es enorme, como la de un castillo medieval, de madera y con gravados en una pequeña parte de su lado izquierdo – el lado pasivo- sobre nuestra historia, con imagenes talladas a mano que se corresponden a todas las fotografías que me hubieras hecho, amor.
La veo un poco borrosa hoy pero me muestra unas cadenas de hierro que permiten que esté en otro de sus inquietantes y caprichosos estados: ni abierta ni cerrada.
Sigo observándola admirada, es realmente preciosa, como todo lo que hemos hecho suceder, y cuando me vuelve a dar señales de su gran personalidad incluso me animo a intentar que me hable, pero no hay suerte, mantiene su solemnidad como una dama recta con un talante admirable que me llena de respeto, como un buda sumido profundamente en sus meditaciones que sencillamente sabe que no me tiene que responder o que me sugiere telepáticamente que invoque a mi paciencia.
-¿Te estás cerrando?
....No hay respuesta, no es momento de respuestas quizás, no estoy preparada para ellas.
-¿Te estás cerrando definitivamente?
....Me vuelve a regalar el silencio profundo.
Oigo el viento, estoy sola enmedio de una cima muy alta rodeada de un verde esplendoroso, pero hay niebla y un sol escondido.
Vuelvo a confiar en que vivo lo que ahora necesito vivir e intento hasta saborear ésta soledad que ya no es ausencia de tí, y dándome cuenta de ésto oigo un estruendo repentino que me hace dar un salto: un portazo.
Nuestra puerta se ha cerrado claramente y me lo confirma el eco del escándalo rebotando en las cimas que me rodean.
Estoy tranquila, no se ha cerrado definitivamente, pero la acabo de mover yo definiendo nuestra distancia a través de mi soledad.
Vuelvo a mirarla sonriente: no solo por ser un gran reto – me encantan que me desafíen- sinó por ser algo de nosotras dos me despierta un amor inmenso.
La admiro como si de una reliquia muy valiosa se tratase y vuelvo a sonreír pensando que ya tenemos dos hijos fruto de la explosión: el relato y la puerta.

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Actualizado 26/04/2014 a las 21:18 por Fosca

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Comentarios

  1. Avatar de Whisper
    Fosca, encantandora la metafora de las puertas. Sheila tiene mucha suerte!

    Me quedo con una imagen: Si hay muchas puertas abiertas, y sin control, se crean corrientes de aire, lo que inevitablemente lleva a alguna puerta cerrándose... con un portazo.

    Para evitar estruendosos portazos, dos soluciones: Cerrar las puertas, o poner cuñas para que se queden abiertas.
  2. Avatar de Fosca
    Gracias, Guiri, apunto!