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Fosca

Ya soy una escort (o la crisis de los cuatro).

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por - 26/07/2014 a las 13:08 (814 Visitas)
Ya soy una escort.
O quizás ahora tengo la sensación de estar preparada para ser escort. Tengo la información suficiente y pocas alternativas para tomar la decisión de ser escort, prostituta, manceba…díganle como más guste, pero soy mujer que encandila y balancea sus caderas escandalizando al más imperturbable hombre. Señorita sigilosa y educadísima a veces, terremoto y puro arrebato después, todo a la vez cuando me lo permiten, fuego, océanos interminables de agua, leona temible, serpiente que se desliza cautelosa y audaz por los subterráneos de un mundo que muchos necios y ineptos se empeñan en intentar enterrar y silenciar, niña inocente de ojos brillantes que se tira de cabeza a lo que le queda por aprender, chica buena y sumisa que se dobla demasiado cuando se despista, alma sensible que se empeña en complacer hasta al menos merecedor, vagabunda del amor, viajera con destinos de riesgo, aventurera, psicóloga, amiga, amante, hermana, madre, ser inquieto que busca respuestas para cada pregunta que el oficio le trae, persona que daría lo que fuera por contarle al mundo entero sus veinte mil leguas de viajes submarinos por el fondo de tantos hombres que se dejan en sus manos, trabajadora autónoma que tiene sus objetivos y planificaciones y profesional que se cuida porque ella es su propia empresa, compañera que aprecia y cuida a sus compañeras y un poco escritora amateur para no volverme loca y para hacer la revolución, porque si no os cuento esto a vosotros me estalla dentro y si las cosas no se saben no habrá por donde empezar a explicarle al mundo lo que pasa.
Ya soy escort, he salido de un infierno gracias a la prostitución y creo que estoy en la crisis de los cuatro meses. Han sido intensos, quizás los cuatro meses más sorprendentes de mi vida.
Ya me enamoré perdidamente de dos clientes que a pesar de quererme como nunca habían querido a nadie y sentir conmigo lo que ninguna les había hecho sentir (perdón, se me escapa la risa…) a pesar de los pesares, no dejaron a sus queridas mujeres para estar conmigo y ser felices eternamente. Ya me he dejado romper el corazón, además uno detrás de otro, como si necesitara que me remataran, así que ya me siento completamente preparada para ser escort, ahora sí.
Ya no me siento culpable de cobrar doscientos euros por una hora de compañía y sexo, quizás esto fue de lo primero que cambio, sinó me lo hubiera tenido que replantear…
Ya no espero a Richard Gere cuando abro la puerta.
Ya he podido lucir unos taconazos de vértigo que nunca había atrevido a ponerme. Ya me he engalanado con la lencería más fina y sexy que nunca hubiera soñado en tener.
Ya se lo que me gusta y lo que se me da bién.
Ya detecto cuando un hombre me llama y pretende usarme de línia erótica.
Ya he descubierto como me cuesta aceptarme y me pillo a mi misma sintiéndome sucia cuando digo que soy prostituta, sintiéndome indigna de un reconocimiento por mis éxitos, saboreando la amargura de no poder celebrar con el universo entero el triumfo de un servicio excelente.
Ya me he dado cuenta de lo importantes que somos todas las que desempeñamos este oficio para el mantenimiento de un cierto orden mundial.
Tengo la crisis de los cuatro, pero tengo cuerda, amigos, tengo algo que me arde en el pecho y me hace levantarme cada mañana y desear ser la mejor escort del planeta, por los siglos de los siglos amén.
Tengo una lista de personas que han estado a mi lado, me han acompañado, mimado, informado y felicitado y me han sorprendido una y otra vez con su inagotable compañerismo, con su infinito amor, con su rabia y todo lo que les mueve. Son clientes, compañeras, gente que asoma la cabeza por el mundo puteril y de repente te da la mano, personas que aparecen y en el momento exacto en que estás a punto de desfallecer y te resucitan con una palabra o una caricia.
A Valérie Tasso y la jefa, a Awol y Max, al huracán, a la que se tomó un café conmigo en Nuevos Ministerios y me mostró que mi punto de vista no es tan marciano, a mi hermano, a la peazo rubia Gironina, a Amadeu, al caracol de Nueva York, a Helene, al Pagesot, al trempat de la Garriga, a mi guardaespaldas, a Rolando por tomarme en serio (ha sido muy significativo para mí) y a muchos otros que no se como citar sin decir su nombre…
A todos, gracias.
Y a todos os aviso que tenéis Fosca para rato, porque soy muy feliz de ser escort y no hay crisis que me tumbe.

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