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Guia Geisha

Natalia, la tersa ira de Diox.

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por - 29/09/2010 a las 19:16 (1238 Visitas)
Cita Iniciado por icaro69 Ver mensaje
Últimamente follo poco, muy poco. Y hablo mucho, demasiado. Bocazas.

Últimamente me castigo demasiado, severamente, olvido los placeres y me enrosco en los laberintos. El sexo empieza a emparanoiarme y me sabe a casi nada. Busco los tres "te amo" de mi Judas más querido y el perdón de mi reina, soy un ganapanes ácrata. Pero claro, seré imbécil, los tres "te amo" no se pueden comprar, alquilar, los "tres te amo" te los escupe quien bien te quiere y entre lo saborío que ando y entre tanto tumbo espero que la tumba no me acicale con una ristra de laurel, que podría ser el matasellos para el inframundo.

No pasa nada.

Son épocas.

Ahora es época de vendimia. De aprender. De prepararse.

Y siguiendo con los espejismos, Natalia es una divina excepción, es un oasis en el desierto. Es pura chispa, puro vicio, pura ternura. Sabe escuchar y discernir. Elegante y hermosa, bellísima cuando se viste e inteligente cuando se desnuda jugando con los verbos transitivos.

Momentos insospechadox.

Siento que la orquídea no es flor de un día, siento que las orquídeas son mi vida. Pero sé que no estoy preparado para que se me coma el dolor de cuajo y hasta entonces, hasta que me abra su camastro, hasta que me despeje y despoje de sábanas encandenadas y me den las buenas noches sus ojos, su mirada le seré leal donde más duele: en la sinceridad. Y ahí estoy, aquí entre los mimos de guante blanco y los payasetes que juegan con el agua tibia mientras se dan despacio y entre risas, aguardando que las circunstancias se rindan. Mucho amor entre algodones. El algodón, es conocimiento.

Imagina. El silencio comido, corrido a besos. Imagina. Los cuadros de cara a la pared. Imagina. El rubor con cara de ángel endemoniándose. Imagina. No encontrar respuestas y preguntarle al estofado ruso que especias faltan y cuales huelgan. Soplar a un palmo, mientras se apelmaza el caldo, y se espesan las acuarelas por definir. Untar los dedos y comerse las muñecas. Restregar la espalda al suelo y que su sombra no se apiade. Imagina. El silencio chasqueando pellizcos, lametones, mordiscos y succionando poros enredados en una salsa calabresa hirviendo, mientras las uñax se dejan chupar como la cuchara de madera se deja querer por las malas lenguas. Mientras las uñax recuerdan, de un lado a otro, tantos cuadros rotos, tantos cuadros por colgar, tantos cuadros por redondear, por cuadrar, por olvidar. Tantos cuadros por nacer. Imagina, la dulce y tersa ira de Diox cuando no tiene nombre, tiene cuerpo de alma endiabladamente enigmática. Celosa de que los ojos extraños sólo se queden afuera, sin penetrar ni un milímetro más, ni unas horas de menos. Imagina. El reto, es sostener la mirada, sin pestañear. Y gachar. Rozarse de frente y olerse. Repasarse con los ojos cerrados. Y recordar aquel lugar donde el tiempo se nos muere al nacer el ritmo. El compás. Imagina, que no comes, que no te comen, que preparas el jaleo con harina de otro costal. Imagina que desbaratas rituales, intenciones, arquetipos que te desimaginan antiguas prendas, antiguas mañas, antiguas mariposas emparedadas entre cualquier jueves triste y el jueves de resurección.

Imagina que Diox te folla mirándote a los ojos y te esputa toda la fé olvidada, mientras uno se confiesa con todo el dolor del alma y toda la carne pagana.

E imagina el más absoluto de los silencios.

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Sólo se toca la respiración, sólo se roza la inspiración.

Las manos se dan la cara.

Los labiox se muerden las ganas.

Los cuerpos, clavados en pie... a dos dedos del pulgar. El meñique se inquieta, impaciente.

Sosteniéndose, midiendo romperse. Asaltarse, quebrarse para entregarse a los cabos sueltos, a los nudos magros.

El más pequeño, siempre pasa inadvertido. Siempre parece que lo arrinconan. Pero.... no, preside el esplendor.

De acero y fondo blanco, y un pequeño galón de cinc.

El más pequeño, no posee color, ni brillo, ni siquiera la fantasía necesaria para deslumbrar. Bajo el espejo. Y en diagonal desde el sillón de cuero zalamero, es como un santo y seña de la conciencia, de la consciencia. El más pequeño, guarda secretos y la más ortodoxa de las biblias carnales. No contiene letras, ni lecciones, ni te dice lo que se ha de hacer o deshacer. Pura simbología, su misión es pequeña. Recordar que la noche no es una gótica sombra, sino un camino sombrío... repleto de rosas y espinas, plagado de estrellas fugaces, de algunas luces y mucha oscuridad. Su valor es incalculable, nos posiciona. No en lugar, ni tiempo. Sino en espacio y aire. Despacio, despacio, despacio. Aire y espacio.

Natalia, había preparado la comida y yo friego los platos. Exquisita y tierna..., la comida. Servilletas de acero y tenedores de papel. Cerveza y agua, mucha agua. Entre la mesita oval y los cuchillos de porcelana. El silencio tintinea, rasga y rompe. Y el cúmulo de pasos de cebra da lugar a un libro de cabecera..... El paisaje de mi tierra, la desnudez de mis tierras. Tómalas por y donde quieras. Como gustes. Son a ratos tuyos, luego de nadie. Son nadies, los míos.

Olvidamos los sexos. Los trapos. Las luces. Las horas. Amanece. ¿O anochece....?

El sexo duerme.

Huele a café denso, profundo, chorros de conversación sobre colillas y colillas de xylum y more desfollados.

El argumento se sostiene por las prendas desperdigadas de Pulgarcito.

La dulce y tersa ira de Diox, es como el alma y el cuerpo de Natalia.

Su alma no deja de desprender lo que desearía encontrar más allá de aquellas cuatro paredes. No puede disimularlo. Hay miradas, ojos que entierran una atrayente nostalgia que desquicia a las palabras. De gestos apocados, mastica despacio y traga pausadamente. Mira serena y contempla la expectativa. Mientras sus cabellos parecen pendientes libres del lóbulo de la costumbre. Me fascina como se contornea cuando se relame, no todas pueden decir lo mismo.... la mayoría.... cierran los ojos. Su alma es noble, auténtica y directa. Su celo es cabrón, sus celos humanos, sus miedos de persona persona persona y su angustia, compartida. ¿Quién no muerde a sus angustias.....? Un alma, que no es que merezca la pena, un persona íntegra y coherente. Saber qué se pisa y por dónde es siempre cuestión de equilibrismo y Natalia no juega, se desvive. Se da. Comparte.

Su cuerpo es una gloria y una perdición para los catadores y los sibaritas, aunque yo ya me pierdo en otros menesteres.... forjador de nubes de aire y humos atávicos, prefiero contemplar lo que destila un silencio y darle forma a la primera mirada que lo rompe, ese es mi ideal de belleza. La perfecta imperfección. Admiro esa belleza decadente, esa belleza extrema y difuminada que dan los movimientos y no los maniquís. Pero Natalia, puñetera donde las haya conjuga las dos y lo sabe, vaya si lo sabe, habla con esos ojazox verdegrisazulado y musita cuando te ofrece su nuca para que le pidas perdón.

Hablar con la boca llena es de mala educación, y si algo tenemos, es una peculiar educación, buena, suficiente y armónica. Tragamos y con las puntas de las servilletas las comisuras suben las cremalleras, descorchan los encajes y relamen las pequeñas motas de polvo desperdigado. Los botones hacen el resto.

...y ahora os contaré la experiencia con Natalia:

Imperdonable, la tersa ira de Diox.

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