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jebediah springfield

¿Qué es una Geisha? Las damas del Placer

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por - 02/09/2010 a las 10:38 (1717 Visitas)
Cita Iniciado por jebediah springfield Ver mensaje

Las 'geishas' eran muy bien consideradas por la sociedad.

Durante los años 30, justo antes de que Japón y el propio emperador cayeran en desgracia por la Segunda Guerra Mundial, los negocios y las relaciones personales de los hombres se despachaban en las casas de té. Las reinas allí eran las 'geishas', mujeres formadas desde la infancia para complacer a sus clientes y mantener económicamente al resto de integrantes de su 'okiya', su casa.
Estas artistas (la palabra 'gei' significa en japonés arte) salían de sus hogares de noche para atender sus compromisos, después de dedicar mucho tiempo a su arreglo personal.
Maquillaje blanquecino, carbón para los ojos y rojo intenso para los labios. Una peluca de color azabache y un precioso kimono para deslumbrar y que el señor que hubiera requerido sus servicios quedara muy bien ante sus invitados. Como calzado, unas chanclas con una plataforma muy alta que nunca mostraban sus pies, gracias a unos curiosos calcetines que separaban el pulgar del resto de sus dedos.
Ya en las fiestas, tocaban el 'shamisen', un instrumento de cuerda, cantaban y danzaban con sus abanicos, servían el té o entretenían con su conversación. Su objetivo último era conseguir un protector, un 'danna', que las mantuviera el resto de sus días, cuando su belleza ya hubiera marchitado. O heredar la 'okiya' y vivir del trabajo de las nuevas 'geishas'.
Sus saberes requerían de muchos años de preparación por lo que ingresaban de niñas en unas escuelas específicas.


Cuando sus estudios concluían, la formación de estas jóvenes continuaba como aprendices ('maikos') de sus 'hermanas mayores' ('o-nêsan'), a las que acompañaban a las casas de té. Las 'hermanas' se encargaban de que los caballeros las conocieran. Cuanto más populares se hacían, más subía la puja por su virginidad y la 'okiya' se beneficiaba del éxito.
Los encuentros sexuales por dinero no eran tan habituales como se piensa, por lo que jamás se las consideraba prostitutas. Su posición era bastante elevada y tenían muy buen nombre en la sociedad de entonces. La película deja clara esta diferencia. Sayuri, la protagonista, se convierte en un mito. Lo mismo que Matsumono, su rival, o Mameha, su 'hermana mayor'. Eso sí, tampoco alcanzaban jamás el estatus de esposa.

Los kimonos: obras de arte en seda


Zhang Ziyi, protagonista de 'Memorias de una geisha', en una escena de la película.

Los sutiles movimientos de las 'geishas' quedaban magnificados por los impresionantes kimonos que lucían y que eran el tesoro de sus casas u 'okiyas'. Los que la actriz Zhang Ziyi lleva en 'Memorias de una geisha' están hechos para ella a mano, incluido el teñido del tejido y los bordados, inspirados en motivos acuáticos, como sus ojos de color azul.
Un kimono formal, el que se sigue utilizando para una gran fiesta, tiene unos siete metros de tela, seda en la mayoría de los casos, y necesita de la ayuda de otra persona para que quede perfecto. También los hay de hilo, más frescos para el verano. Su confección puede llevar un año de trabajo.
La señora Eiko, una japonesa residente en nuestro país, nos muestra el largo proceso que supone vestirlo. Primero se debe colocar una tela de algodón blanco que hace las veces de combinación y que se recubre con otra tela estampada. Después se coloca el kimono en sí, aunque la vida se la dará el 'obi', un fajín muy decorado y cuya colocación, con cordones y más telas, requiere auténtica maestría.


Si la chica quiere llamar mucho la atención, se le añadirán muchas cuerdas de colores con las que se harán formas especiales. La manera en que este 'obi' quede asegurará, como función práctica, que el kimono no se mueva, pero también que el conjunto quede precioso, que es el verdadero objetivo.
Las mangas también tienen su importancia. Las novias las llevan hasta el suelo en el día de su boda y las solteras, simplemente largas. Las mujeres casadas, "como ya son señoras" y pueden mostrar sus brazos, pueden llevar manga corta.
Sobre el kimono, también puede ir un abrigo, con motivos muy distintos y que ya consiguen una explosión de color. Para los pies, lo normal son unas chanclas con unos calcetines especiales y bastante gruesos que separan el dedo gordo del pie del resto. Con ellos deberán caminar por los recintos cerrados, ya que la costumbre ordena dejar el calzado siempre en la puerta.
En el Japón 'tecnológico' de hoy en día, también se estila la compra de estas prendas. Según cuenta la señora Eiko, es habitual que las familias adquieran uno cada año para que sus hijas lo vistan en Año Nuevo y hacerles fotografías con ellos. Antes era para distribuirlas entre los familiares y "conseguir a la muchacha un buen marido", ahora, como cuenta entre risas, "ya tienen novios antes".
Sí se respetan los motivos clásicos de estas prendas: la grulla, un pájaro que según su cultura da suerte, y el crisantemo, símbolo de la monarquía japonesa.


Ceremonia del té: simbolismo y relajación absoluta


La japonesa Fumie Ito en la fase final de la ceremonia del té. (Foto: V.H.)

Tres horas en un día como los que vivimos hoy parecen condenadas a estar llenas. Trabajo, preocupaciones y lista de la compra. Autobús, semáforos o ticket de la ORA. Demasiados asuntos para sólo 180 minutos. En el Japón anterior a la Segunda Guerra Mundial, el mismo que retrata 'Memorias de una geisha', esas tres horas podían dedicarse a una sola ceremonia: la del té.
Un ritual que algunos recuperan y que no merece caer en el olvido. Fumie Ito, una nipona que lleva 20 años en nuestro país por 'culpa' de un español, describe la ceremonia del té como "la cultura japonesa concentrada".
El proceso comienza con una comida ligera con la que el anfitrión agasaja a su invitado y un poco de 'sake', una bebida parecida al aguardiente que se obtiene de la fermentación del arroz. Posteriormente, se sirve un dulce parecido al pastel que primero se disfruta con la vista y después con el paladar. Tras la conversación de la sobremesa, se sale al jardín para recrearse con el paisaje hasta que la persona de servicio avisa de que se puede volver a entrar en la estancia.
El anfitrión o anfitriona —el ritual está permitido a ambos sexos— se sienta sobre sus rodillas y comienza la magia. Pacientemente, se mezcla la misma cantidad de té y de agua y se prepara una bebida muy densa, que es la primera en tomarse. Después, se elabora un té más ligero que coincide con el momento de la relajación absoluta de los comensales.
Y como buena ceremonia, dispone de utensilios simbólicos. Si es invierno, el cuenco puede tener un copo de nieve o una caligrafía que recuerde al frío. Lo curioso es que puede estar oculto y el invitado tendrá que descubrirlo. Como también tendrá que averiguar por qué ha sido invitado; por ejemplo, si es por un fuerte sentimiento de amistad. En el proceso, lo entenderá. "Tiene mucha profundidad", dice nuestra guía. Tanta que ella quiso recuperla cuando ya vivía muy lejos de casa.

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Comentarios

  1. Avatar de PaulaVip
    Espectacular el trabajo que tenían (tienen aún) estas mujeres en maquillarse, vestirse y arreglarse.
    Toda una simbología del estar bella por el simple placer de estarlo y gustar.

    Gracias Jebediah
  2. Avatar de Xasel
    Un placer ser documentados sobre esa acepción mítica que es Geisha