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MariaG

¿Os gustan las despedidas? A mí las de soltero!!

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por - 19/08/2012 a las 11:40 (1058 Visitas)
Nunca pasa. Cada vez que llaman para proponer un plan semejante, unas cuantas veces al mes, pienso lo poco originales que son algunos para dedicarse a vicios solitarios.


Esta vez no me parecía el típico juerguista, así que contesté todas sus dudas. Lo hablaría con el resto. Y pasó la semana y nada más supe de ellos hasta el mismo día de la fiesta, por la mañana. A esas horas aún no tenían cerrado nada y no lo tendrían hasta casi la hora de cenar. Me llamaron entonces, digo yo que les fallarían el resto de planes porque quedaron en venir a verme sobre las doce.

El plan sería una hora de dedicación sensual plena al novio y a cinco de sus amigos. Ninguno tenía idea de pasar del tonteo a algo más serio, al menos así se plantearía.

Llegaron a mi calle y una copa más tarde me llamaron. Seis estupendos chicos se franquearon el paso hasta el salón. Allí todo preparado, luz indirecta, música a media voz y una silla destacada entre los sofás. Esa era la destinada al novio.

Tenía preparada música para un tradicional striptease pero eso hubiera durado sólo unos minutos. Mi principal víctima estaba sentada en la silla, piernas abiertas, manos juntas y bastante nervioso. Me coloqué en su regazo, procurando pegar mi cuerpo en lo posible al suyo y coloqué sus manos de manera estratégica. Entonces se me ocurrió que podría ser más divertido jugar con ellos, irlos calentando hasta ver a dónde llegaban.

Lo primero sería quitarme el carmín, rojo intenso y permanente, para lo que necesitaría la ayuda de varios caballeros. El primero lo tenía debajo, así que, sin preguntar, comencé a besarle; al principio no respondía pero insistí hasta notar que sus labios se aflojaban y que empezaba a jugar con su lengua. A horcajadas, acompañaba mis besos de intensos movimientos, hasta que noté entre las piernas que se iba cumpliendo otro de mis objetivos.

Y después de él, me fui sentando sobre cada uno de los chicos. Sus respuestas fueron todas apasionadas, salvo la de uno, el más joven del grupo que rechazó la propuesta (ya se sabe, ese también tenía novia).

Subí un poco el volumen de la música y pedí que alguno me acompañara bailando; la cosa era sencilla, no hacía falta ser gran danzarín, sólo arrimar cebolleta. Mientras alguno se iba animando cogí al novio, me pegué bien a él, una pierna entre las suyas, movimientos de cadera. Entonces se levantó el más lanzado y se puso detrás de mí. Las manos corrían por mi cuerpo, apretaban todas mis curvas y los tres ondulábamos al compás del calor de nuestra entrepierna. Los danzarines fueron cambiando y el calor ambiental era insoportable.

Ahora tocaba ayudarme a estar un poco más fresquita. Unos con el escote delante de los ojos, otros con mi trasero, cada uno hacía lo que podía por desabrochar un botón o un corchete. El que lo tuvo más difícil fue el novio. Le tumbé en la alfombra, el objetivo era que retirara mis braguitas, pero era difícil porque me dediqué a restregarme por su boca hasta que cedió y comencé a notar la calidez de su lengua mojada, primero inmóvil, después inquieta, gustando los matices de mi sabor.

Pedí, rogué pero ninguno tuvo a bien satisfacer mis deseos. Propuse un rato a solas en la habitación contigua, o en el sofá junto a los compañeros, pero ninguno desabrochó un solo botón de sus pantalones, lo máximo que me dejó uno fue colar mi mano por dentro y magrear algo.

Así que decidí seguir jugando para darme gusto. Cogí unas bolas chinas, me senté en la silla y puse a dos de ellos entre mis piernas. Uno accedió a mojarme a mi y el otro las bolas, usando para ello sus bocas. Despacio, haciendo presión constante, con los ojos idos de excitación, fue introduciendo en mi cuerpo aquel objeto. Una bola y después la otra. Entre todos se dedicaron a jugar con ellas, dar tironcitos suaves, sacar una, volverla a meter con el entusiasmo que no se permitían poner en desfogarse.

Cuando todos hubieron probado, las saqué empapadas. Pero yo quería seguir jugando, busqué un consolador, mi favorito, me tumbé sobre tres de ellos, abrí bien las piernas y lo puse en marcha. Los otros dos estaban de pie los ojos como platos, los labios entreabiertos.

Les dejé que se fueran turnando, moviéndolo despacio, sacándolo a veces. Y quise que me lo dieran para ser yo quien diera los últimos toques con la presión justa para correrme.

Aquello había sido más de lo que ninguno esperaba. Me dieron un beso de despedida. Y me dejaron que les hiciera una foto de espaldas, a cambio de una mía.


Me marché a casa con un estupendo sabor de boca. Profundamente dormida estaba cuando sonó mi teléfono y respondí instintivamente. Cuando me dijo el chico que estaban unos amigos en una casa celebrando una despedida de soltero y que si podía ir, casi me dio la risa.

Tres amigos con una idea muy clara, que el novio probara otra hembra antes de la noche de bodas. Cada uno sentado en un sofá, un buen beso para entrar en calor. Pero no, no seguí sus recomendaciones y allí mismo fui quitándome la ropa y dejando mi culito en pompa comencé a comerme al novio, mientras los otros rebullían. Al poco estábamos todos en la habitación, tres magníficas pollas a mi alrededor dispuestas para todo. Y mientras me metía una en la boca, la otra se aproximaba a mí por detrás. En el desmadre, uno dijo, al novio, al novio, así que le tumbé y me monté sobre él. El más jovencito tumbado a nuestro lado me daba la boca mientras se masturbaba. Y entre los dos me llevaron al orgasmo, arrastrando también el novio. Empapada de él me subí en su amigo al que le hicieron falta sólo unos cuantos besos más para correrse. Me fui a levantar de la cama pero una mano me agarró por detrás y me dejé caer para facilitarle la labor; de pie, repuesto ya, el novio había sucumbido a la tentación de tomarme de nuevo.

Faltaba uno, fui a buscarlo al salón pero no quería venir, decía que no preocupara que el llevaba su ritmo y que era un poco particular. Volví al cuarto y ahora solos, comencé a jugar con mis labios a comer y chupar su hermoso miembro, turgente, enhiesto. Ahora a cuatro patitas probaríamos mi culo, todo estaba permitido.

Todo había pasado muy rápido y había sido muy intenso. Descansaban fumando un cigarrillo en el mismo sitio donde les viera al principio. Hice entonces la maniobra inversa, me volví a poner mi vestido y me acerqué a darles un beso de despedida. Comentábamos la jugada, lo que me gustaba mi profesión de puta vocacional cuando el único que no había consentido en penetrarme me agarró entre sus brazos y me hizo caer sobre él. Me vi llevada de la mano de nuevo el cuarto y allí lanzada sobre la cama. Mientras hozaba en mi entrepierna, tras la puerta entornada, su amigo miraba. De rodillas me puso para tomarme y mientras el otro había iniciado el tímido avance por la habitación. Así de nuevo tuve sustituto, según se satisfizo el primero y me liberó, me tomó de nuevo el novio. Uno tras otro, pasando de mano en mano, gozando cada vez un poco más, si cabe. Sentirme manejada por esos hombres, unos perfectos desconocidos que usaban de mí a voluntad, qué más podía pedir. Volvió a derramarse dentro de mí, me chorreaba el semen por la entrepierna y yo me acariciaba, disfrutando de aquel regalo.



Ahora ya me podía marchar con el trabajo bien hecho. Pero antes les pedí una foto, sin ese testimonio, hoy me parecería mentira que lo improbable ocurriera dos veces en el mismo día.


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Comentarios

  1. Avatar de Admin
    Excitante como siempre María... mmmmmmmmmm