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El mundo mágico de Neitiry

Mercenaria

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por - 24/01/2012 a las 04:19 (1112 Visitas)
En mis ratos libres entre estudios no he podido evitar sentirme inspirada y escribir el comienzo de una historia que poco a poco voy construyendo en mi mente.
Os dejo un primer borrador.
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Prólogo


Era más pequeña que Aurwei, pero no lo era tanto como Benshji.
La niña cabalgaba en su poni al lado de sus dos mejores confidentes, sus únicos compañeros de juego, aquellos que siempre estaban dispuestos a compartir con ella las eternas tardes de un verano que nunca acababa. Eran, en definitiva, sus mejores amigos.
Ayasha no hubiera querido volver aquel día a La Fortaleza. Había salido por la mañana acompañada por su tio Carcol en busca de Aurwei y Benshji. Los chicos, que eran los pupilos del Master Backster, le debían lealtad desde su nacimiento y hasta su muerte. El encargo que aquel hombre había escogido para ellos, no fue otro que el de ejercer como vigías de su hija menor, para que la cuidaran y la protegieran de cualquier amenaza que para ella supusiera algún peligro en los tiempos venideros. Pero en aquellos entonces, la protección y la seguridad no eran la principal preocupación para unos niños que apenas habían cumplido aun los ocho años. Lo único que a los muchachos les quitaba el sueño por las noches, lo único que los atemorizaba de verdad, era la posibilidad de que al día siguiente las lluvias inundaran los patios, o que la caballería entrenara en el Valle Blanco del Master, imposibilitando entonces que pudieran salir a jugar los tres juntos como habían hecho cada tarde desde que alcanzaran la edad suficiente. No salían solos, los acompañaba una cuadrilla de criados y en ocasiones, cuando disponía de tiempo libre, también iba con ellos Armori Morch, el padre de Aurwei y Benshji, el subordinado de alto rango del Master.
La pequeña Ayasha difrutaba con la compañía de sus vigías más que con la compañía de su propio padre, pues el Master no se caracterizaba precisamente por ser un hombre paciente, ni tenía la habilidad de transmitir calidez a sus hijos, y mucho menos a las demás personas. Su semblante serio y aquellos ojos blancos espectrales que en raras ocasiones hacían aparición en la familia Backster, hacían que los demás le temieran y que apenas pudieran mirarle a la cara más de tres segundos seguidos.
Pero en realidad, el Master no presentaba ni un atisbo de maldad, sino que por el contrario, intentaba por todos los medios conservar siempre la paz y la tranquilidad de sus tierras blancas. Por imposible que pudiera parecer a simple vista, también quería a sus hijos por encima de todas las cosas, sobre todo amaba a Ayasha, aunque esta le temía tanto o más que los demás.
La sentía especial porque era la única de sus cinco hijos que se parecía a él. Sus cuatro varones eran la viva imagen de su madre, todos de piel tan blanca como la leche que tomaba por las mañanas, y con el cabello ondulado de un color rojo como el fuego. Los cuatro habían visto trece primaveras, pues vinieron al mundo al mismo tiempo. Kernik, Kurti, Karskat y Kopell habían nacido bajo la sombra del sol, el cual les había permitido continuar viviendo a pesar del aspecto enfermizo y la debilidad con la que habían abandonado el vientre de su madre.
Ahora eran los jóvenes de su edad más grandes y más fuertes de Zerscet, el pueblo del Master.
La belleza de los cuatro era singular, todos se parecían, pero ninguno era igual que los demás y pese a sus cortas edades, no había mujer, anciana o niña que se resistiera a mirarlos al pasar. Las Bruellis decían que la belleza de los cuatro juntos eclipsaría a la luna y las estrellas del horizonte cuando sus cuerpos alcanzaran la edad adulta.
Sus hermanos ya no iban con Ayasha al valle por las tardes, en lugar de eso, exploraban el bosque y cazaban pequeñas liebres con el tío Carcol o entrenaban con sus espadas de madera junto con el resto de la caballería. Hacía ya tiempo que la niña no jugaba con ellos, sin embargo, la admiración que sentía por los cuatro aumentaba con el paso de los años. Se decía a si misma que cuando creciera, sería tan buena luchadora como lo serían ellos algún día, que juntos cabalgarían al frente del mayor ejército nunca visto y que ningún enemigo los derrotaría jamás.
Aquella tarde les había pedido de nuevo a Áurwei y a Benshji que jugaran con ella a ‘’Las guerrillas del valle blanco’’, donde ella encarnaba a una valiente guerrera que acababa siempre matándolos tras una ardua lucha imaginaria. Casi todos los días jugaban al mismo juego, pero los chicos habían aprendido a complacerla, y no solo porque Ayasha fuera una niña mimada y caprichosa a la que había que consentir por orden de su padre, también porque la querían como a una hermana y les gustaba ver su sonrisa.
Pasaron la tarde riendo, corriendo, comiendo, saltando, disfrutando cada instante al límite hasta caer sobre el terreno, exhaustos por el esfuerzo.
Ya se filtraban los últimos rayos del sol por encima de las montañas cuando todos se pusieron en marcha rumbo de nuevo a La Fortaleza. El viaje de regreso se le hizo más duradero a la niña que la ida al Valle Blanco. A veces deseaba con todas sus fuerzas poder vivir allí, sobre aquellos campos de hierba tan blanca como la nieve y respirar siempre el dulce aroma que transportaba el aire limpio y fresco.
La única luz que le daba visibilidad al camino cuando ya se encontraban a escasa distancia de la gran puerta de piedra de La Fortaleza, eran las antorchas que los criados habían encendido y disponían alrededor de las monturas.
Se decía que la roca de la que estaba hecha la gran puerta había caído del cielo hacía trescientos años en las playas del mar de Móneg, al oeste de Zerscet, y era tan grande y pesada que se necesitaba el más complejo sistema de poleas que se había construido en la historia de Gammeliion para poder moverla.
Era un espectáculo grandioso ver como la roca se dividía en dos dejando a su través un estrecho pasillo que cada vez se iba ensanchando más, dejando el suficiente espacio al final de la maniobra para permitirles el paso a todos.
Pero no habían terminado de cruzar al otro lado de la puerta cuando un centenar de jinetes con armaduras del color de la sangre salieron trotando desde la penumbra de los bosques que bordeaban la entrada a La Fortaleza.
Ni siquiera habían podido reaccionar cuando la mitad de la cuadrilla de criados ya estaba muerta. Las espadas y las hachas caían sobre ellos como una lluvia de metal que no conocía la compasión ni el perdón. El que parecía estar al mando de aquellos demonios rojos gritaba instrucciones que Ayasha apenas podía oír, lo único que consiguió distinguir entre tantos gritos de terror, el sonido de la carne al ser desgarrada y el trote de los caballos sobre la tierra húmeda, fueron el llanto del asustado Benshji y la voz de Ármori indicándole que huyera mientras pudiera de aquel infierno.
No tuvo tiempo para mirar atrás, ella solo cabalgaba tan rápido como podía, dejando a su espalda aquel holocausto que no tenía fin, pero las cortas patas de su poni no eran lo suficientemente hábiles y rápidas para escapar de allí a tiempo. El animal, asustado por aquel repentino ataque, no respondía bien y solo fue cuestión de tiempo que tropezara con los arbustos de los jardines del patio y tirara a la niña a la tierra, dejándola allí sola e indefensa, sin más compañía que las rosas que ahora ceñían su cuerpo, arañándola y dejándole cortes profundos.
Estaba enzarzada en una lucha contra aquellas malditas flores cuando lo escuchó, un grito estruendoso y terrorífico que le heló la sangre en cada una de las venas.
Un demonio rojo había agarrado a Karskat por el pelo y lo arrastraba por el suelo del patio como si fuera un despojo. El niño pataleaba y gritaba de dolor, tenía la cara cubierta de sangre, al igual que el cuerpo semidesnudo repleto de cardenales, recuerdo, seguramente, de los entrenamientos.
Ayasha los seguía con la mirada, observando detrás de los arbustos. Se dirigían al extremo norte del patio, donde unos veinte demonios amontonaban cadáveres de lo que a la niña le parecieron los criados del servicio de su padre. No se había fijado hasta entonces, pero La Fortaleza entera estaba abarrotada por aquellos infernales hombres de rojo. Estaba todo destrozado, la sangre decoraba las paredes blancas de lo que había sido su hogar hasta el momento, y todas las personas que vivían allí ahora estaban muertas o a punto de estarlo.
Karskat estaba de rodillas al lado del montículo de cadáveres y no dejaba de maldecir a gritos mientras el demonio lo agarraba y lo mantenía quieto, a la espera de su ejecución. Otro demonio , más grande aun que el que sujetaba a su hermano , se estaba acercando a ellos con una enorme hacha de doble filo, tan grande que Ayasha ni siquiera la podría haber sostenido.
El arma se elevó a la altura del cielo y descendió tan rápido que fue difícil verla caer, cortando no solo el aire a su paso, también la cabeza del pelirrojo, dejándola partida en dos sobre los hombros desnudos.
La pequeña tardó unos segundos en comprender lo que habían visto sus ojos, y no fue hasta que el lago oscuro empezaba a rodear el cuerpo de su hermano cuando reaccionó, emitiendo un largo y profundo lamento que emergía desde su garganta como un trueno ahogado por el mar.
Los hombres rojos se giraron para descubrir de donde provenía aquel ruido, al mismo tiempo que una mano fría y firme agarraba a Ayasha por el brazo, mientras otra le tapaba la boca para mitigar sus gritos.
La persona que la llevaba casi en volandas a través de los jardines era apenas unos centímetros más alta que ella y su piel desprendía olor a limón y canela. No hizo falta verle la cara para saber que se trataba de Aurwei.
Cuando llegaron a los establos, a las dos les costaba respirar, después de haber recorrido media fortaleza para llegar hasta allí.
-Han…muerto…todos.- Consiguió decir Aurwei entre gemidos- No queda nadie…solo han podido escapar mi hermano y mi padre.
Aquella información recorrió dolorosamente a Ayasha como un latigazo en la espalda. No dijo nada.
-Debes esperarme aquí, buscaré a mi padre y vendremos a por ti lo antes posible. Sobre todo, no te muevas y no hagas ruido. No sabemos hasta cuando se van a quedar aquí- A continuación, dejó a la niña en la esquina más oscura del lugar y la cubrió con una manta de lana verde que se utilizaba para mantener calientes a los potros recién nacidos.

Allí se quedó, llorando la pérdida de su hermano y de posiblemente el resto de su familia, intentando comprender lo que había pasado hacía unos instantes, en vano, porque no entendía nada y todo le daba vueltas en la cabeza, hasta marearla.
¿Quiénes eran aquellos hombres con armaduras de sangre?, ¿Por qué estaban allí y que buscaban?, ¿Habían muerto todos excepto los Morch?
Tras lo que a la niña le había parecido una eternidad, por fin escuchó a alguien acercarse despacio hacia donde ella estaba. Con el corazón latiendo con fuerza, intentó deshacerse de las mantas de lana para encontrarse de nuevo con Aurwei, pero no fue ella quien la esperaba al otro lado de la tela, ni siquiera supo identificar de quien se trataba, porque el golpe que le había propinado en la cabeza la estaba dejando inconsciente, y antes de caer de nuevo al suelo, la sangre le había cegado los ojos sumergiéndola en una abismal oscuridad.
Ayasha no hubiera querido volver aquel día a La Fortaleza.


http://www.neitiry-love.es.tl/Diario.htm


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Comentarios

  1. Avatar de Admin
    Juer, esta increíble Neitiry!!!
  2. Avatar de Neitiry
    Graciasss guapoo
    Ahora me tocara revisarlo , he quedado contenta yo también , para ser la primera vez que escribo algo no está del todo mal jejeje
  3. Avatar de PaulaVip
    Estoy impresionada. De verdad.
    Tienes mucho talento.
    Eres una auténtica caja de sorpresas!
    Deberías llevarlo a una editorial. Lo digo en serio.
  4. Avatar de Neitiry
    Muchísimas gracias guapísima!!! ^^
    A ver si soy valiente y soy capaz de escribir la historia completa jejeje.
    Muackkk
  5. Avatar de Perseguidor
    Fantástico Nei, no lo dejes. que las Bruellis te progejan y te alumbren.
  6. Avatar de Neitiry
    Y que el sol nos ampare bajo su sombra
  7. Avatar de Shara
    lo siento cielo hora no me prodigo mucho por el foro , pero ya te dije desde el principio que charlamos que tu vales mucho un beso mi preciosa niña
  8. Avatar de Neitiry
    Por supuesto querida Shara , ¡¡siempre que a ti te apeteca!! sabes que te adoro. Un besazo enorme