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El Blog de Paula

Una vez, en un autobús...

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por - 24/08/2010 a las 15:29 (1948 Visitas)
Cita Iniciado por PaulaVip Ver mensaje
Hace un calor espantoso, voy en el autobús hasta el trabajo, porque mi coche se ha negado a arrancar. Mal comienzo de día.

Ayer me avisó. Mi coche me avisa, Siempre lo hace. Con bufidos al arrancar me dijo que, si no cargaba el aire acondicionado al grito de “Ya”, iba a tomar serias represalias.

Yo le respondí que, en plena crisis, sesenta euros por carga, era un abuso. Si yo puedo aguantar el calor, tú también. ¡Tira quejica!

Y esta mañana, llegó la represalia, consabida, por otra parte.

-Te avisé Clara. Con este calor, paso de circular por ciudad-.

Y aquí estoy. De pie. Atorada entre dos armarios roperos que, a juzgar por su repelente olor, deben contener en su interior, los cestos de la ropa sucia en lugar de la consabida ropita recién lavada y planchada.

Uno me agobia por delante, otro por detrás. Imposible respirar el aire agobiante que flota a mi alrededor. El teléfono vibra, ¡lo que faltaba! Debe ser el imbécil de mi jefe, ¡siempre tan oportuno!

Me encuentro con que ha llegado un mensaje de un número desconocido. -Es publicidad, seguro, paso de leerlo-. Cuando iba a guardarlo, comienza a vibrar de nuevo.

¡Qué pesadez! Decido abrir los mensajes. Leo el primero. No doy crédito. Abro el segundo. Lo leo también. ¡No me lo puedo creer!. Lentamente intento miro a mi alrededor. Pero los dos armarios me rodean y apenas si consigo vislumbrar a un par de viajeros sentados. Eso es todo. Releeo los mensajes...de nuevo.

El primero dice: -Está claro que el pequeño tanga que llevas, te está aprisionando ese precioso coñito que, se adivina, bajo él.

El segundo es más gráfico: -Ahora acabas de mojarlo bien, zorrita. Puedo oler desde aquí el olor de tus flujos.

Justo en ese momento, el móvil vibra de nuevo. Estoy asustada, me siento desnuda frente a los ojos de alguien desconocido. Lo abro ansiosa.

-Nada tardas en abrir estos mensas putita. Estás cachonda, se te ve en la cara, estás poniendo el culito respigón, buscando una polla que te de placer-.

Me pongo bien derecha, es cierto que me había encogido un poquito, sin duda era por la vergüenza, pero el tipo que me envía los sms, cree que es de placer.

Un mensaje más: -¡Tócate!-.

Me planteo seriamente bajar del autobús, pero me encuentro demasiado lejos de la oficina y voy muy pillada de tiempo. De hecho, ya llego tarde. No puedo permitirme el lujo de alargar este viaje por más tiempo.

La nueva vibración del teléfono me asusta: -¡Tócate zorra! ¡Quiero ver cómo te tocas y te hueles los dedos después!-.

No puedo meter los dedos bajo mi vestido, los dos mastodontes se darían cuenta y ni de coña, quiero que piensen que me estoy insinuando. Pero está claro que, este psicópata me vigila. Me da rabia no poder ver nada. Pero si yo no lo veo, ¿cómo hace él para verme? Mi vestido llega justo a la mitad de mis muslos, liviano, de suave seda, pero no puedo hacer eso. ¡Qué no, joder!

De nuevo mi mano nota el retumbar del móvil, ya no sé si leer el mensaje. Pero opto por saber, antes que dejar que todo suceda sin mí.

Leo: -Si sigues haciéndome esperar, lo lamentarás al bajar-.

Tengo mucho calor. Mucho más calor que antes, a pesar de que el aire acondicionado está a tope. No quiero tener que lamentar nada al bajar. Pero ¿qué puede hacerme? Son las ocho y media de la mañana, estoy en plena ciudad. A mi memoria vienen noticias escalofriantes de cómo se agrede a una mujer en plena calle, sin que nadie se inmute.

Llevo mi mano despacio hacia mi muslo. Esperando y deseando que nadie esté mirándome, comienzo a levantar mi vestidito, mis dedos quieren llegar pronto y terminar con la tarea asignada, antes de que alguien se de cuenta. Entonces, pienso que, si voy demasiado aprisa, él no lo vea y me haga repetir la escena. Le doy algo de vidilla al acto en sí. Mis dedos han llegado a su meta, y buscan cómo salvar el último obstáculo, realmente este tanga me aprieta un poquitín, y me asombro al comprobar que, realmente, mi coñito esta completamente mojado. De hecho, el tanga lo está también. Me avergüenza encontrarme en ese estado. ¿Soy una zorra, cómo decía el mensaje?

En ese momento, el móvil vuelve a reclamarme.

-Pásate los dedos empapados por el lado derecho de tu cuello, como si fuese el perfume más exquisito.

Ni siquiera me había dado cuenta que, mientras leía este último sms, no había dejado de tocarme con suavidad.

Ya sin pensarlo, me paso los dedos delicadamente por mi cuello, justo debajo del oído, recorriéndolo con sensualidad. Realmente estoy calentita. ¿Quién es? Vuelvo a repasar a mis compañeros de viaje, sin poder adivinar quién de los pocos que conseguía ver, sería el salido asqueroso que me mandaba los mensajes.

-Disculpa, ¿vas a bajar?

No ha gritado, de hecho su tono era más bien bajo, pero esa chica ha conseguido asustarme.

-No, aún no, te dejo pasar.

-Gracias.

En ese momento, se da la vuelta y me dice sin mirarme.

-Me gusta tu perfume. Es muy…personal. Ha sido agradable poder olerlo.

Y ahora sí. Levanta la cara y me sonríe.



La veo alejarse calle arriba, mientras el autobús trota hacia el centro.



Paula

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Comentarios

  1. Avatar de PazLucia
    ¡Mierda!
    (:
    ¿ficción? da igual, me gustó. (y asusto, de cierta forma)