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Shara-escortcatalana

Que calores pasé recordandolo

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por - 03/07/2012 a las 22:09 (945 Visitas)
Cita Iniciado por Shara Ver mensaje
ME hizo sentarme en el sofá sin dejar de mirarle a los ojos, con las mejillas ardiendo por la escitación Como él habia pedido no llevaba mas que las medias y un liguero, un vestido negro de encaje cruzado sujeto por un cinturón, comenzó por los altos zapatos de tacón, tenia depilado todo, mi piel tan blanca resaltó al cruzar las piernas, asomaba entre mis cerrados muslos mi entrepierna blanca , era tan blanca mi piel, invitando a pasar la mano por él para escitarnos.
Se arrodilló delante de mí y con un gesto hizo que me moviera más hacia el borde del sofá, quedando ligeramente tumbada. Y comenzó el ritual.
Bajó hasta mis pies y sacó su lengua. Comenzó a lamer la afilada punta de sus zapatos. Estirando mis piernas, me dejé hacer. La lengua de él lamía el zapato desde su punta. El sabor al cuero y el olor a piel curtida llegó a su cerebro. Fué ascendiendo hasta llegar a la zona del pie que quedaba expuesta a la vista; sin guardar su lengua ni un instante recorrió el empeine dejando un rastro de saliba por donde pasaba. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al notar por pimera vez el contacto de aquella húmeda y dulce tortura en mi piel. El sintió como mi piel y mi cuerpo se estremecian con su lengua y el sabor de alguna crema en sus papilas gustativas, sin duda la leche corporal que había utilizado tras la ducha para dejar su olor y sabor en mi piel suave.
Llegó con sus manos a los tobillos y tomándome por éstos, subió por la espinilla, aunque ya no se limitaba a recorrerme con la lengua, pues alternaba los lametones con húmedos besos, dejando que la cara interna de su labio inferior también recorriera la piel. Llegó al final de las medias que sujetaban el liguero , donde plantó un enorme beso y se detuvo.
Se acomodó en el suelo, con la cabeza justo a la altura del vientre y fijó su vista en el deseado pubis. Muy despacio, disfrutando del instante, separó , descubriendo el tesoro que se escondía entre los muslos, ansioso, ávido , revelando el misterio igual que cuando se abre el telón de un teatro en el día de un estreno.
Gozó con la visión de la entrada al paraíso que se mostraba delante de él. Sin vello unos exquisitos labios vaginales, gruesos y cerrados, que se abrieron mágicamente, dejando entrever mi clítoris, la entrada a Mï , ya humeda ....... y a los labios menores cuando separó mis piernas completamente. Acercó su cara a la puerta del cielo y, cerrando los ojos, aspiró profundamente por la nariz. Su olfato se inundó de aromas de mujer. Primero le llegó el suave y dulzón aroma del jabón íntimo. Sin duda me había preparado para la ocasión lavándonos a fondo. Pero el jabón no lograba ocultar todos los aromas que aquella caja guardaba.
Un aroma más agrio, como a brisa marina, a salitre y puerto de mar embarrancó en su pituitaria. Ese era el olor , el que ansiaba sentir, el que guardaría para siempre y con el que la recordaría durante el resto de su vida. Jugó a enredar su nariz con mi clitoris, notando como me escitaba más, como, aún sin articular palabra, le estaba rogando que iniciara el sexo oral. Esto le gustó, porque él, al escitarme, comencé a segregar más fluidos, que a su vez aumentaron el olor y saturaron su nariz de aromas. Ya el jabón íntimo había desaparecido y mi aroma de mujer era lo único que percibía. Dirigí mis manos a la nuca de él, enredando sus dedos entre sus cabellos. El respondió con dulces besos en mi ombligo y vientre, algunos apenas un roce, otros húmedos, aumentando su cadencia a medida que iba descenciendo, hasta llegar a las puertas de mis labios externos.
Con ambas manos separó suavemente los labios vaginales, recibiendo un gemido de aprobación por mi parte. Quedó así toda mi rajita expuesta a su voluntad, situación que le excitaba enormemente. Mirándome fijamente a los ojos, para estudiar y disfrutar de mi reacción, acercó su boca con la lengua fuera y rozó el clítoris. Fue apenas una caricia, casi como un soplido, como el roce de pluma o una gota de agua. Pero lo sentí, como si me rozaran con un hierro ardiente. Un nuevo roce, igualmente suave, hizo que seme arqueara la espalda como si hubiera recibido un calambre. Otro roce, y otro más, suaves, nada más que utilizando la punta de la lengua. Lancé un gemido y él, inundado de sensaciones, trataba de organizarlas en su mente. ( Según me dijo desués)El clítoris tenía un sabor salado, no escesivamente fuerte.
El jabón lo había suavizado algo, pero los matices se notaban claramente. Tras esta primera aproximación sacó totalmente la lengua de su boca y con un fuerte lametón, igual que un perro, hizo que diera un respingo ante el brusco cambio de ritmo. La lengua de él se volvió loca sobre el clítoris, lamiendo en círculos, unas veces dura, otras suaves, rozando con la punta, apretando, lamiendo, apenas tocando o aplastándolo. El saboreaba áquel bombón de pequeño tamaño con las diferentes partes de su lengua, notando a veces un sabor más agrio, otras más salado, algunas incluso dulce y afrutado.
Mantuvo este juego durante un minuto, hasta que estuvo seguro de haber recorrido el clítoris con cada zona de su lengua y notar que le pedía algo más. Entonces plantó un beso en él y, sin retirar los labios, subccionó, absorbiendo el clítoris con fuerza perfectamente medida. lancé un sonoro suspiro cuando el placer llegó desbandado desde mi entrepierna. Sin dejar que el clítoris se escapara de su boca, su lengua jugaba con él dentro de su boca, estimulándolo a la vez con sus labios y con su mojada herramienta.
Cuando la respiración seme aceleró se detuvo de nuevo. Volviendo a aspirar profundamente notó como el aroma al jabón había desaparecido totalmente y un olor marino mucho más profundo inundaba su sentido olfativo. Dirigió su boca a la entrada de su vagina y con avidez, como un ambriento ante su primer bocado, abriendo la boca, intentó "comerse" áquel delicioso manjar que se presentaba ante si. Mientras su boca abierta cubría todo el exterior, la lengua lamía de arriba a abajo, recorriendo los labios, forzando a que se abrieran. Cuando noté la lengua pasando en la entrada no pude reprimir que se me escapara un "SIIIIIIIII" profundo.
Y ese "SI" se tranformó en un grito de gusto cuando él, al fin, introdujo su lengua en aquella cavidad que le atraía como un imán. En principio sólo la punta, pero luego, sacando su lengua todo lo que podía, intentó penetrarlme con ella. El sabor era mucho más intenso que en los labios externos o en el clítoris. Era sabor a mujer en toda su intensidad. Los flujos, entre ácidos y salados, el aroma, mucho más intenso... todo era más exageradamente notorio. Su lengua luchaba por entrar más y más profundamente, intentando lamer el interior de su vagina. Separaba los labios con las manos, en un intento de abrir aún más áquel estrecho conducto, para llegar con su lengua más y más adentro, para poder lamer hasta el último milímetro de su interior.
Y , retorciéndome de gusto, le atrapé con ambas manos hacia mí, ayudándole en su intento de penetrarme oralmente, aplastando su cara, empapada en sus jugos, contra sus labios. El saboreaba, sacando su lengua hasta que casi le dolía para instantes después retirarla y saborear en su boca aquella amalgama de gustos.
Ambos acelereramos los movimientos, él haciendo que la lengua entrara cada vez más profunda y violentamente, yo atrayéndole hacia mí y gimiendo cada vez mas fuerte y alto.
Y llegó lo que ambos esperabamos. El sintió como el placer aumentaba y aumentaba, con un remolino de sensaciones que, brotando de mi vientre, recorrían mi cuerpo como ríos de lava. Él recibió en su boca una dulce descarga de jugos , el mejor y más caro cáliz que un hombre puede comprar. yo ya estaba deshecha en aquellos líquidos, y derramaba para que él disfrutara del caldo de la vida que le ofrecía, con un sabor único y distinto a cualquier otro.

UUUUUUUUUffffffffffffff vaya fin de semana en la costa brava

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