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VioletaMaris

Construyendo a Violetta

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por - 13/11/2017 a las 21:48 (38 Visitas)

Como decíamos ayer no tenía planeado escribir nada nuevo hasta mi debut, así que si este texto existe, es precisamente porque ya soy una puta.
El siguiente paso en la preparación de mi proyecto puteril fue adquirir un teléfono, el cual sería utilizado exclusivamente para atender a mis clientes, moverme por las redes sociales y monitorizar los accesos a las páginas donde ofertara mis servicios.

Así mismo, terminada mi web profesional había llegado el momento de dar un nuevo paso adelante, el momento de exponer al público mi página, lo que significaba exponerla a los buscadores y cuidar un poco el SEO para posicionarla en lo posible. No tardé en descubrir que no soy muy original con mi nombre artístico con lo que el posicionamiento se hizo harto complicado, pero en cualquier caso mi página ya no era secreta, Google me indexó y Violetta ya era visible al mundo. Cuantos esfuerzos, imaginación y molestias para destruir mi reputación.
Aquellos días mi ansiedad subió a niveles insospechados, yo me decía, “nena, todavía estás a tiempo de parar esta locura, simplemente desconecta la alimentación de tu servidor, o mejor aún, podría destruir el servidor entero ejecutando un simple sudo rm –rf /, y tu pesadilla habrá acabado”.

El peso del miedo me aplastaba como una losa. La pregunta no era si mi mundo tranquilo de mujer decente se vería aniquilado con mi nueva realidad de prostituta, sino cuándo va a suceder, qué consecuencias tendrá y si cuando ocurra tendré la fortaleza suficiente para sobrevivir emocionalmente al golpe.

No, no destruí ni desconecté el servidor, si no que con una tenacidad casi enfermiza estuve corrigiendo todos los problemas técnicos y optimizando el mismo.
Consciente de que mi web no iría muy lejos por si sola me anuncié en un par de páginas de contactos bastante conocidas, hecho esto me dije, “Hasta aquí, ahora a esperar acontecimientos”.

Cuatro años antes…..

Toda esta historia no empezó de golpe ni es una ocurrencia repentina. Es algo que rondaba por mi cabeza durante años a consecuencia de la colisión entre mi cómodo mundo burgués con el mundo de la prostitución cuatro años atrás, cuando mas de la mitad de mis compañeras de transición entraron en este mundo y yo que instintivamente era abolicionista en aquella época quedé desolada y perdida.

La tarde que Ivana[1], mi mejor amiga, me dijo que se metía a escort me hundí.
Es Ivana tía, Ivana, ¿la vas a juzgar?, ¿la vas a arrojar a los pies de los caballos? ¿con que derecho?
Sabes que vive con lo justo y que está estancada en su proyecto de vida con lo que gana, que necesita mucho dinero para progresar en sus sueños; tu mejor que nadie sabes lo carísimo que supone ser mujer transexual cuando empiezas tarde. ¡Tu has llegado donde estás por una serie de privilegios extraordinarios, no por méritos! Baja a la tierra

A decir verdad llevaba meses sospechando algo de ella y siendo sincera no puedo decir que me pillara por sorpresa, así que siendo abolicionista como era en aquel tiempo le di un consejo que me parece imposible que saliera de mi boca. "Se la mejor en lo tuyo, no te conformes con cualquier cosa"

Me llevó mi tiempo renacer de mis cenizas, pero cuando renací ya no era la misma. Una abolicionista había muerto, había perdido la inocencia, me sentía engañada y no por Ivana precisamente, me sentí controlada como una marioneta por la sociedad, esto está bien y esto esta mal. ¡Ay de ti como te saltes las normas sociales!.
Después del shock me empecé a hacer una serie de preguntas, preguntas que en otras circunstancias no me habría hecho.

¿Cómo vivieron mis amigas su entrada en el mundo de la prostitución?, ¿Me podría haber ocurrido a mí?, Si yo fuera puta, ¿cómo sería mi visión del mundo?, ¿Valgo yo para esto?, ¿Podría tener sexo con desconocidos?, más aún, ¿podría tener sexo con desconocidos con personas que no me atrajeran nada de nada?

Pues bien, realicé el ejercicio de averiguar la respuesta a las dos últimas preguntas porque la primera estaba fuera de mi alcance, y la respuesta a la segunda era evidentemente sí.

Hasta en cuatro ocasiones tuve sexo con tres personas distintas, dos captadas a través de páginas de contactos y otra por un ligue ocasional de tres edades distintas. Todas ellas tenían una atracción por las mujeres transexuales, ninguna de ellas me producía una atracción, si bien tampoco me resultaban desagradables.

Portada de uno de los libros que leí en mi etapa de investigación personal

Un detalle curioso es que estaba utilizando técnicas para protegerme de manual, de manual de introducción a la prostitución más exactamente, ya que para quien no lo sepa estas cosas existen, el mío era “The internet scort handbook: The foundation” de Amanda Brooks.
Todavía no había asistido al curso de introducción a la prostitución de Aprosex por aquel entonces, donde se hablaba de este y otros temas.

Concretamente dos cosas utilicé, una no utilizar mi número de teléfono privado y dos realizar la llamada de control a una amiga; mientras escribo esto me rio porque mi amiga se quedó bizca al saber mis intenciones.
“Me alegro que hayas contado conmigo para esta aventura”, fue lo que me dijo.

Para quien no sepa que es una llamada de control, diré que se trata de dos llamadas telefónicas que realizan algunas trabajadoras sexuales para protegerse, la primera se realiza delante del cliente para que éste sea consciente de que el encuentro está controlado, en esta llamada se dice a una persona de confianza que está atendiendo un servicio, donde están y a que hora terminará el servicio. La segunda llamada se realiza cuando el cliente se ha marchado para confirmar que el servicio ha terminado y que la chica se encuentra segura.

Así fueron las cuatro experiencias que tuve:
La primera experiencia fue con un hombre de unos treinta y pocos años bastante atractivo. Me quedé viendo la televisión en el lugar del encuentro pero con los nervios ni sé lo que estaban dando, sentada en el sofá y esperando. Si recuerdo muy bien que me llamó una amiga para charlar un poco, ni que decir que la llamada era casual porque nadie conocía mis intenciones salvo mi “controller”.

Cuando llegó el chico y llamó a la puerta me quedé un poco en shock, el caso es que le abro la puerta, nos damos dos besos y alabó mi físico, su trato amable me hizo recobrar la tranquilidad.

Él no era de muchas palabras, mas preocupado de satisfacerse a si mismo que en compartir la experiencia me manoseo un poco, me pidió un preservativo, se hizo una paja, se corrió en cinco minutos y adiós muy buenas. ¡vaya gilipollas!

Las siguientes experiencias fueron con hombres que habían superado la cincuentena. Todos ellos tenían en común que eran muy habladores, buscaban mas la compañía que otra cosa.
El segundo, un frutero, fui yo a su casa y hasta me preparó una cena y era muy atento. Se alargó contándome su vida, que era divorciado y sus problemas de salud. Como de costumbre hice la llamada de control.


  • ¿Otra vez tú?, no paras chica
  • Ya ves
  • Que te aproveche zorrón

A mitad de mi Coca-Cola me cogió por la cintura y me besó en la boca, me pilló desprevenida pero pensé en que bueno, yo estaba o aquí para esto, ¿o no?

Empezó a desnudarme, a acariciarme y yo colaboraba lo mejor que sabía hasta que conseguí desinhibirme, este sí que dedicaba mucha atención a mi cuerpo, me besaba los pechos mientras me acariciaba hasta que su mano acabó en mi entrepierna mientras yo pensaba de forma bastante prosaica que este si me iba a dar juego, realicé mi primera felación pero no se le levantaba.

El tercero con el que tuve dos relaciones más de lo mismo, la verdad es que no se le levantaba ni a tiros.
Todas ellas relaciones para olvidar, pero satisfacieron la respuesta a mi pregunta, efectivamente era capaz de tener sexo con personas que ni fu ni fa.

Un intento y un fracaso en Barcelona
Volvemos al presente, a cuando terminé de escribir la primera parte de mi historia, en un intento de captar mi primer cliente planifiqué un viaje a Barcelona, haciéndolo coincidir con el Salón erótico de Barcelona ya que si fracasaba, por lo menos el viaje no lo habría hecho en balde.

Con el fin de ahorrar costes alquilé un apartamento en carrer d’En Botella junto con Lucas y Leo, dos trabajadores sexuales. Me presenté un día antes con la esperanza de realizar mi primer servicio pero nada, no llamó nadie, así que aproveche para conocer un poco el barrio.

Ya a la tarde llegaron Lucas y Leo, y el horror de lidiar con las diminutas escaleras para subir con el equipaje hasta el apartamento, con el tiempo justo para una ducha rápida, querían asistir a una boda.
Caminamos a toda prisa hasta la plaza de Sant Jaume, yo con los dichosos tacones corría el riesgo de tropezar con el empedrado, pero con las prisas, en fin.

A pesar de lo que corrimos llegamos tarde a la boda, con una más que evidente decepción por parte de Leo.

  • ¿Qué hacemos ahora?
  • Podemos ir al Pati Llimona, Así saludamos a Linda que tenía ahora una mesa de debate allí.



Después de valorar varios sitios nos decidimos por un restaurante chino bastante cuco.

Y así hicimos, callejeamos por el barrio hasta llegar al centre civic. Que cara de alegría la de Linda al vernos, que no dudó en agitar animadamente las manos a pesar de estar en la mesa en pleno debate y también la que se alegró mucho de vernos fue Áurea. No estuvimos mucho tiempo allí, pero si el suficiente para disfrutar del reencuentro. Ya era algo tarde y decidimos perdernos por las calles para buscar donde cenar.
Después de valorar varios sitios nos decidimos por un restaurante chino bastante cuco. Durante la conversación de la cena salió en tema de continuar con mi entrenamiento.


  • Violetta que te parece si continuamos con el ensayo cuando lleguemos a casa, me dijo Leo
  • Vale, me parece perfecto.



Ya en el apartamento hicimos mi ensayo general, me puse el corpiño y al lío. Yo me sentía muy rara ya que nadie me había visto en ese atuendo antes. Leo haría el papel de cliente.


  • Me voy a la puerta y hago como que llamo
  • Ok
  • Toc, toc, toc
  • Hola mi amooorrrr
  • ¿Eres Violetta?
  • Si buenos dias, esto vamos a la ducha y….
  • Ohhhh que desastre, vaya entrada, No me has pedido tu dinero, y que saludo. Repetimos
  • Toc, toc, toc

Nos reímos a más no poder, hasta que conseguí pedir el pago del servicio. De acuerdo que era una simulación, pero me parecía todo demasiado real.

  • Vamos a ducharnos amor y a ponernos cómodos, (simulación, no en real)

Lucas al fondo: Bien Violetta, entre la ducha y la charla inicial ya has consumido unos diez minutos.
Comenzamos con el tutorial de morreo y mi falso cliente

  • Violetta, no lo haces mal pero te falta un poco soltura, aunque para lo que quieres puede valer

Nos desnudamos mutuamente, Leo solo de cintura para arriba, yo me quedé en bragas. Tocaba ensayo de masaje corporal

  • Pero si te has comprado aceite del caro.
  • Si, lo que había, solo que deja una peste a chocolate que tira de espaldas.
  • Biennn, el masaje se te da bien, aunque te sugeriría que estés menos rígida
  • La postura para mi es incomodísima, sobre todo al utilizar el pecho para dar el masaje.

Lucas volvió a comentar el tema de los tiempos.

  • Fíjate, que entre la ducha, el masaje y la charla habrás consumido unos diez o quince minutos, que te vendrán muy bien ya que el sexo en si no suele durar mucho, podrás completar el tiempo restante con mayor facilidad.



Pasado el ensayo general estuvimos como hasta las cuatro de la mañana de charla, de la vida, de temas intrascendentes, de mis miedos, yo desnuda tal y como vine al mundo, todo entrañablemente surrealista.

Raro es el día que Lucas y yo no hablamos recordando aquella noche.

Al día siguiente iríamos a ver el Salón Erótico de Barcelona.
Ya por la mañana durante el desayuno me sonó el teléfono, ¡por fin!, alguien habrá leído alguno de mis anuncios. ¡Tengo un posible cliente!, bien

  • Buenos días, soy Violetta dígame
  • Buenos días, ¿está Don Segundo?
  • No, no sé quién es, se ha equivocado
  • ¿Seguro?
  • Seguro, este teléfono es mío
  • Bueno, bueno, si ve a Don Segundo dígale que nos llame.



Y encima me cuelga, habrase visto, pues nada a ver si en Google saben algo del número este que me llaman. ¡Era el número de una agencia de cobro a morosos!. Hay que joderse me han largado el número de un moroso y me van a dar la turra en vez de llamarme por trabajo. ¡Cojonudo!
Respecto al Salón Erótico en sí no tengo mucho que contar, fue una forma entretenida de pasar el día, muy colorista todo, mucha gente grabando los espectáculos pero poco más; lo pasamos bien y me tragué una charla plomo extremadamente mojigata sobre el deseo para el tipo de evento en el que estábamos.
Lo más interesante del día fue el paseo nocturno, el descubrimiento de nuevos sabores en un restaurante marroquí y la charla nocturna hasta altas horas de la madrugada.
Al día siguiente volvería a casa, había fracasado mi intento de debut.

Cerrando el círculo

Cuando empecé a escribir este capítulo comenté que había fracasado en el intento de conseguir mi primer cliente, el caso es que al final no fue así, los días pasan y las situaciones cambian.
Un martes por la mañana estaba arreglándome las uñas en el centro de estética y el teléfono profesional empezó a sonar. La chica del salón de belleza donde me hago las uñas desde hace varios años me dijo que atendiera la llamada.


  • Coge la llamada, sin problema.
  • No, que llame, no me apetece coger el teléfono.



Mentí, claro que quería coger el teléfono, todavía me acuerdo de un incidente parecido que le ocurrió a mi amiga Ivana [1] estando yo presente.
Un día, hace unos años, fui a recoger a mi amiga Ivana en un taxi, y a mitad de la carrera un teléfono empezó a sonar, un pequeño móvil plateado y básico, de esos que hoy en día ya no se encuentran.

La cara de Ivana era poema, su cara dibujaba una mueca de contrariedad, es posible que ese mes estuviera un poco justa de ingresos, movió la cabeza de lado a lado. La miré la cara como diciendo ¡Que mala suerte!, le di unos golpecitos en la mano para advertirla que me daba cuenta de la situación.
Volvamos al presente, yo en aquel momento me sentía igual de contrariada, me pregunto con qué cara me vieron en aquel momento. ¡Es igual!, seguramente sería un operador de telefonía, un vendedor de seguros de entierro o vete a saber qué.

Al llegar a casa me llegó un correo electrónico, ¡tenía un posible cliente!
Me quedé pensativa, no me atrevía a abrir el correo. ¿me iba a morder acaso?. El caso es que con las manos temblando abrí el correo.
Hola Violetta
Me llamo Fernando, [2], he visto tu anuncio, me gusta porque tiene algo distinto. Te llamé hace un rato pero debías estar ocupada
El caso es que me gustas y me gustaría tener una cita contigo, ¿Cuándo vuelves por Barcelona?. Escríbeme. Creo que si ambos estamos de acuerdo podríamos quedar.

Wow, menudo subidón, sí, menudo subidón y que sequedad de garganta. Una sensación de terror y vergüenza se estaba apoderando de mi ánimo, en cualquier caso vamos a por todas, ¿tenemos coraje o no lo tenemos? ¡Contesta tía, contesta el puto correo! Estás convencida de que no estás haciendo nada malo, eres aliada de las putas, te han hablado de su estigma, tienes experiencia con otro estigma conjonudo, el estigma trans, peleaste contra él y venciste. ¿te vas a arrugar ahora?.
No, así que contesté inmediatamente
Hola Fernando
Tengo pensado ir a Barcelona la semana que viene.
Vamos a pasarlo muy bien si vienes. Te lo garantizo
Eso sí, me gustaría hablar por teléfono contigo para saber que clase de encuentro deseas que tengamos, como quieres que te reciba, y otros pequeños detalles para que disfrutemos de la experiencia los dos y tener un encuentro inolvidable.
Te espero
Violetta del Mar

Mi intención era pactar el encuentro, marcar las líneas rojas de la cita y averiguar todo lo posible sobre el carácter de persona que requería mis servicios por la forma de hablar y su tono y de paso para recordarle mis tarifas.
No tardó en llamarme, por su tono de voz vi que era una persona educada y amable. Pactamos el encuentro.

  • Violetta, ¿eres tú?
  • Si cari, ¿Fernando?, (sonreí aunque no me viera al otro lado del teléfono)
  • Si, veras, quería estar una hora contigo y si me gustas podrían ser dos.
  • Me parece genial.
  • Una cosa, ¿la de las fotos eres tú?
  • Pues sí, no me gusta trabajar con fotos falsas, no es bueno para nadie, ni para ti ni para mí. ¿Qué clase de servicio quieres?
  • Algo sencillo, uno tiene una edad y no quiero una clase de lucha libre en la cama.
  • Perfecto, sexo vainilla, besos, felación, penetración, mis condiciones son trabajar con protección y me pagarás 150 € antes de la sesión.
  • Me parece perfecto
  • Si te parece quedamos el viernes a las doce en el lobby del hotel.
  • Me parece bien, quedamos a las doce.

Cacho puta, acabas de cerrar tu primera cita. Empezaba una semana muy larga para mí.
Al día siguiente me puse en contacto con Conxa una amiga escort muy querida y con mucha experiencia, necesitaba contarle mis planes y no en vano era mi maestra en esto del puterío.

  • Ufff, a ver cómo te digo esto.... Tengo cerrado mi primer servicio para el viernes, el cliente me da buen feeling, he pactado los detalles del servicio como nos enseñaste en el curso, bueno ya te contaré como me va. Esto de las primeras veces en la vida.. en fin, que estoy un poco de los nervios. Otra cosita, envíe esta mañana un correo para ver si queda hueco para mi y escuchar la charla de Georgina Orellano.


  • Genial!!! Veras como todo sale super bien, si tienes dudas pregunta carinyu
  • De momento no se me ocurren preguntas. Bueno si, una pregunta, te puedo hacer las llamadas de control a ti? Será el viernes sobre las 12
  • ¿De la mañana o de la noche?
  • De la mañana, yo servicios nocturnos todavía no.
  • Te lo habría cogido lo mismo, era por saberlo cariña



Pasaron los días como de costumbre aunque con una tremenda ansiedad por lo que se me venía encima, cada jornada empezaba con el mismo ritual comenzando con la ducha matinal para continuar casi una hora maquillándome y posteriormente dirigirme a desayunar a mi cafetería preferida, “La Selecta” [3].
Como cada día, las camareras del local me saludaban y yo devolvía el saludo casi maquinalmente.


  • Hola Violetta [4], ¿café y tostada como siempre?
  • Si, por favor.



Como cada mañana me senté en mi mesa de costumbre, frente a la cristalera, donde veía el discurrir de la vida local, las mismas caras de siempre que se dirigen a las oficinas. Algunas entraban en la cafetería en pequeños grupos que charlaban animadamente y que en apenas quince minutos abandonaban el lugar, algunas marchaban a la gestoría que hay al otro lado de la calle, otras a la caja de ahorros, y otras a sus pequeños negocios particulares.
Otros grupos de mujeres, ya mayores, acaparaban algunas mesas; hablaban de sus achaques y de tiempos mejores, de cuando sus años mozos y también de alguna amiga que por fuerza de los años y la enfermedad estaba hospitalizada.

Un señor mayor deposita ruidosamente su garrota encima de la barra.

  • ¡Sebastián!, un café con una palomita
  • ¡Va!

Sebastián regenta la cafetería, que es el negocio familiar, hombre autoritario, se queda conversando con el anciano de la garrota, siempre se queja de las pocas ganas de trabajar de los jóvenes, protesta de las quejas que los clientes hacen sobre los elevados precios de las consumiciones.

Como siempre a estas horas entra, golpeando el suelo con su bastón blanco y las tiras de cupones colocadas de tal modo que parecen las condecoraciones de un mariscal soviético, Jesús el vendedor de cupones de la ONCE, con la mirada perdida tan inquietante de los ciegos, que cuando te miran no ven tu cara aunque diríase que ven tu alma.

  • ¡La suerte, llevo la suerte para hoy!
  • Jesús, dame uno para el viernes



Jesús siempre coloca varios cupones en la cafetería.

Yo me tomo el desayuno con mucha calma, es un momento para disfrutar y embeberme en mis pensamientos. A veces me ve alguna amiga y se sienta conmigo y charlamos. Algunas veces le llama la atención verme con dos teléfonos y me pregunta por qué, yo siempre doy alguna evasiva.
Terminado el desayuno me dirijo a hacer la compra para posteriormente hacerme la comida, y pasar el resto del día jugando con mi perro, ver la televisión, escribir, bien ficción, bien algún artículo de encargo, o estudiar alguna sesuda disciplina técnica, según el día que lleve.

La vida de una persona prejubilada es así de monótona, nada glamourosa la verdad.
Recordaba la curiosa afición a los acrónimos en mi antiguo trabajo y de uno coloquial bastante peculiar, yo ahora era PPJ (puto pre-jubilado), que en mi caso particular al ser mujer queda en “puta prejubilada”. ¡Oy vey!, a veces me da la risa al recordarlo. Que panda de cabrones son mis antiguos compañeros, ¡Por los clavos de Cristo!

Por fin llegó la noche del miércoles, y con la noche el amanecer del jueves, con toda la tensión emocional en crescendo se me venían los más extraños pensamientos, todos del tipo las próxima vez que…

  • La próxima vez que me acueste en mi cama seré una puta.
  • La próxima vez que vea mi casa seré una puta.
  • La próxima vez que………..

Y una larga lista de la próxima vez que…. Que crecía y crecía a cada hito del camino. Al estacionar el coche mi última vez como chica decente, mi adiós a Madrid y mi llegada a Barcelona.

Tras un viaje anodino en el AVE, del que por no recordar no recuerdo ni la película que echaron pero seguro que era espantosa, me dirigí al hotel, y tras el checking me dirigí a mi habitación. Aquellos pasillos en semipenumbra con una iluminación azulona y fantasmagórica aumentaron mi inquietud mas si cabe.

Ya en mi habitación me dediqué a valorar el que sería mi teatro de operaciones. Cama de matrimonio de buen tamaño, cuarto de baño con varios juegos de toallas, decoración aceptable, un olor a cerrado desagradable puff, bien necesito un ambientador. ¡nos apañaremos!.
Repasado por última vez el plan de trabajo marché a cenar.

El salir a la calle me liberó las tensiones, ver las terrazas llenas de gente, y el deambular de las gentes en aquella noche por la Diagonal, gusté del paseo hasta el restaurante.

Me merecía una cena especial, algo distinta a lo que tenía por costumbre como el queso de Burgos y zumo de tomate. Elegí un Indú, si una sale de la rutina, sale de la rutina.

En aquel momento apenas faltaban unas pocas horas para que finalizara mi último día como chica decente.
Volví al hotel no sin antes reparar en la vistosidad de la iluminación multicolor nocturna del cercano edificio de la torre Agbar y su llamativa forma de medio huevo y me acosté, Conxa me advirtió que nada de café y que durmiera bien si podía.

  • Tu tranquilita, nada de cafés ni colas, menta poleo.
  • Vale
  • Y a disfrutar del momento, limpita, depiladita, dientes lavados por lo menos 2h antes del encuentro vaselina y mucus o un lubricante que te guste.
  • Sí, eso lo tengo claro, el kit está completo.
  • Ten preservativos de varias medidas por si lo tiene muy chico o demasiado grande.
  • Sí, el motivo lo sé.
  • Cualquier excusa les vale para no ponérselo o para quitárselo y si te apetece decorar la habitación con velas o flores, cualquier cosa que te haga sentir a gusto, música, etc. Mañana baja temprano a recepción para que te hagan la habitación cuanto antes, yo siempre lo hago y si encuentro a la camarera en mi planta le dejo un billete de 10 para que me la haga la primera.



El hotel de enfrente y su molestísimo letrero de neón

Al meterme en la cama mi atención se quedó fija en el hotel de enfrente, que a pesar de ser de una construcción bastante vulgar me perturbaba con su letrero de neón azul.

Ya a la media noche me llamó Lucas, estuvimos charlando hasta pasadas las dos de la mañana, lo cierto es que apenas dormí cuatro horas aquella noche.
El despertador sonaría a las ocho de la mañana, tenía mucha tarea en las horas previas. Ducharme, arreglarme, dilatar y lubricar mi vagina para poder tener relaciones, las peculiaridades del mantenimiento de las vaginas de las mujeres transexuales, que son un poco distintas y requieren una mayor atención si se quiere evitar el tener una experiencia muy dolorosa.

Ya son las 8:00
Que sueño tengo, hubiera hecho mejor en dormir que en dar vueltas y vueltas en la cama. En que hora tomé ese último café y mira que me advirtieron que no lo tomara. A correr, a ducharse, a dilatar, a limpiarse por dentro, (muy desagradable) y casi una hora de maquillaje.

Ya toda sequita, limpita y maquillada a vestirme de putita.
Me pongo el corpiño, me voy a poner las medias, toda sexy sexy y vino el desastre, ¡No me valen las medias y faltan apenas dos horas!, ¡que desastre!
No perdamos la calma, me apaño con lo que tengo, desayuno y busco un Calzedonia. Tengo tiempo.

Las 10:00
Estaba sorprendentemente tranquila para ser una novata en su debut, con mucha calma tomé mi desayuno, café con tostadas, zumo y algo de queso y jamón. Al terminar me dirigiría al cercano centro comercial de las Glorias y buscaría una farmacia.

No fue difícil encontrar una farmacia, una vez allí, aunque no es la primera vez que compro preservativos, pedirlos en varios tamaños resulta cuanto menos cantoso y me resultaba un tanto violento.

  • Buenos días, necesitaba preservativos de varios tamaños.
  • ¿Queeeeé?, estoooo, bueno, verá tengo solo dos tamaños, el normal y el XL, (la cara del farmacéutico era un poema, si le pinchan en ese momento no sangra).
  • Deme los XL, por favor, de los normales ya tengo.

De la farmacia me dirigí al centro comercial, conseguí las medias y regresé al hotel, tenía el tiempo justo para completar mi look.
Una vez acabé de arreglarme del todo volví a bajar al lobby del hotel, ya sólo tocaba esperar, miré el reloj, son las 11:30

Alea jacta est
Y llegaron las doce de la mañana, mi cliente llegó puntual a la cita. Todo sucedió según lo pactado y se comportó como un perfecto caballero, y hasta aquí puedo contar ya que en estas lides rige el secreto profesional y lo ocurrido quedará entre mi cliente y yo. Siento decepcionar a quien esperara una historia morbosa, pero no voy a echar a perder futuros servicios por una indiscreción.
Solo puedo decir que ya, a partir de este momento si era oficialmente una puta, aunque durante horas y días estuve con cierta sensación de incredulidad, el hecho cierto es que tuve sexo por dinero y eso no tiene vuelta de hoja.
¿Me resultó traumático?, No, en absoluto. ¿Voy a continuar en esto? Pues la verdad es que sí.

Tampoco voy a decir que sea todo maravilloso, tan solo ha sido un medio para conocerme mejor y además es un medio para completar mi economía. Pero también he pagado un precio, el miedo a un estigma del que había oído hablar pero que no había experimentado aún personalmente.
Por cierto olvidaba el final de la historia, llamé a Conxa para informar que había terminado el servicio y que fue más o menos fue así.

  • Hola, acabé mi servicio.
  • ¿Y que tal te fue?.
  • Bien, aunque estoy en shock, jejee.
  • Pero por qué amora.
  • Todavía estoy vestida de puta, al final tuve que dar mucha conversación. Me voy a la ducha.
  • Jajajaja, Bienvenida al mundo escort.


En cualquier caso no me arrepiento de lo que he hecho, ahora sé que me sobra fortaleza para comerme el mundo y por extraño que parezca me siento liberada de muchas cosas y curada de los daños emocionales y humillaciones sufridas de cuando era decente y tonta.
Todo lo aquí contado, fotografías incluidas, es absolutamente real excepto en los nombres de algunas personas; lo que cuento aquí es una pequeña parte de mi historia personal e intrasferible.

El pago de mi primer servicio, fotografía real

Fuerit natus ad meretrix
Violetta del Mar

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[1] No es su verdadero nombre, ni el real ni el artístico.
[2] No es el nombre real del cliente
[3] El nombre de la cafetería no es este, estoy protegiendo mi identidad, (¿si?, Pues no estoy muy segura)
[4] En mi barrio no me conocen por ese nombre

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Actualizado 13/11/2017 a las 21:51 por VioletaMaris

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