Artículo publicado por Juan Cruz en El Pais, que reproduzco
He hablado del insulto con algunas personalidades del pensamiento y las artes. Es el asunto más viejo del mundo. El insulto es una forma de vida, nos acompaña, de una o de otra forma, desde la infancia, y es también como el agua, se cuela por cualquier rendija. Es agua sucia, vaya por delante.
La estrategia del que insulta, la estrategia del insultado. Lo que me decían aquellos señores con los que hablé -don Emilio Lledó, filósofo, entre otros- es que el insulto es una forma del chantaje; acaso la más evidente o grosera, la más difícil de contrarrestar porque establece una diferencia radical entre quien insulta y quien es insultado, si éste no quiere bajar a las arenas enfangadas del que profiere el insulto.
Es una estrategia de chantaje. El que insulta establece sus reglas; ataca al otro, lo acorrala con la pestilencia de su aliento y lo convierte, en ese rincón, en un ciudadano indefenso. A no ser que el ciudadano levante la voz y utilice la fuerza u otros argumentos. ¿Otros argumentos? Los argumentos no sirven; el objeto del chantaje es, precisamente, convertir en inservibles los argumentos.
Frente al chantajista que insulta, ¿de qué vale la información, la respuesta del otro? El nacimiento del insulto tiene el propósito de ningunear al otro, de destrozarlo con sus descalificaciones; el insulto es, en puridad, un fusilamiento. Se trata de noquear al adversario, de tirarlo al suelo, de humillarlo en la vía pública. ¿Qué se puede hacer frente a eso? ¿Luchar con las mismas armas? Lo que decían mis interlocutores es que tiene tanto poder en la vida común en este momento el insulto que ya se han desvanecido las fronteras y el público se toma el insulto como un argumento más.
Decía José Luis Cuerda que cuando alguien te llama hijo de puta lo que puedes hacer es preguntarle si él tiene datos que permitan corroborar semejante afirmación. Si el que insulta comprobara la raíz de sus inquinas es probable que se aminorara el número y el nivel de los insultos. ¿Qué hacer cuando alguien es insultado?, le pregunté a Cuerda. Él me dijo: "Se debe responder tratando de hacer como si la cosa no fuera contigo. Responder como los viejos ingleses: con el látigo de la indiferencia". ¿Y si eso no resulta? "No te lo voy a decir; no conviene marcar las cartas antes de usarlas".
El insulto es una mala arte, es decir, una artimaña; coloca al otro en una situación imposible, a no ser que la sociedad lo ampare. Lo que sucede muchas veces es que la sociedad no reacciona hasta que el insulto no alcanza niveles colectivos, o cuando el insulto alcanza niveles ya tormentosos de griterío. El insulto nace también para que el otro sepa el poder del que insulta; cuanto más grave es lo que se dice, más se desea la indignación del otro, para que el aguardiente produzca la combustión necesaria. Ahora vivimos en España una crispación especial, alimentada muchas veces por periodistas y por políticos; pones la tele, escuchas la radio, lees la prensa, y compruebas que, en efecto, los límites entre el argumento y el insulto se han ido superando y ya la confusión es total. Ya el insulto es más que el argumento. ¿Qué hacer? Lledó aconsejaba educación, lectura, sosiego, entendimiento. ¿Y eso cómo lo vas a lograr en medio del griterío?
Con paciencia, dijo, con paciencia. La estrategia del insulto es, precisamente, que el otro pierda la paciencia.
Soy de esas personas que ven la dicusión como un medio necesario para expresarnos, pero no la discusión con insultos sino la discusión desde la madurez, desde el intercambio de opiniones, las contraposturas, etc.
Curiosamente, a día de hoy, las personas más importantes en mi vida son aquellas con las que más discuto pero con las que nunca me he insultado.
El insulto (dicho para ofender) me parece una falta de respero enorme y el argumento de los que en realidad no lo tienen.
JeJe...¡¡Vaya cabronazo Carallo!!
metiendo el dedo en el llaga...que no el ojox.
Soy cuando no pienso y existo cuando no soy.
Ghost...http://www.youtube.com/watch?v=l3gXG...eature=related
Muy buen artículo! El tipo más molesto para mí es este que insulta para llamar la atención, para que alguien le haga caso. "Molesto" no por nada, sino porque si le contestas ya no hay manera de quitártelo de encima. Porque se trata de alguien tan insignificante, con tan poquita gracia, tan justito cerebro y tan poco atractivo personal, que si no eructa o se tira pedos en público nadie se da cuenta ni de que existe. Es uno que -carente desde su nacimiento de la capacidad de quitarse el palillo de la boca y de dejar de ser un macarra- se pasa el día fanfarroneando consigo mismo, más solo que la una, no porque no desee compañía, sino porque todos huyen de él: las calles por las que pasa se vacían a su paso y las plazas adonde llega se desertizan en un minuto. Si alguien comete la imprudencia de darles algo de poder, aunque sea una portería, el individuo pasa de molesto a peligroso, porque descubre con euforia que algunos le tienen miedo y entonces saca lo peor de sí mismo. Las cunetas de la Historia están llenas de víctimas de tipos así. La culpa, claro está, no es sólo de ellos, sino también de quien le da ese minúsculo poder a un tipo tan pequeño.
Lo mejor, pues, es no seguirles el juego, aunque resulte tan difícil a veces.
Última edición por Nietze; 15/09/2011 a las 17:06
Como siempre mi admirado nietze, hoy que voy con toga y puñetas, como un buen gitano, me las rasgo. Si llevara sombrero, me lo quitaría pero no se ha dado el caso.
"Molesto" Curioso concepto e indeseables elementos,
Saludos.
Per aspera ad astra....
Sin olvidar aquello de que el insulto, numerosas veces, no es más que el razonamiento de los tontos.
Hola Alejandra. Te doy una pequeña clave: "calles" = "posts", "plazas" = "hilos".
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