Debe ser difícil aproximarse a cifrar cual es la verdadera dimensión del infinito más allá de la perversión que, sin razón y atendiendo sólo a rumores, me atribuye el bueno de Kaiser. Una bien pudiera ser el cinismo inagotable de nuestra especie. Otra, el afán de ediles, ministros e ingenieros en construir ajardinadas rotondas en los cruces de caminos. Obsesivo e infinito afán en ralentizar las cosas, aplazar el choque inevitable y necesario y, la mayor y más grave consecuencia, aportar dificultad, una pequeña dosis de acrobacia y cierto riesgo a la siempre hermosa práctica de una larga y suave felación en el asiento trasero de un taxi.
Hay que ser una verdadera experta en esos pesados Mercedes de suspensiones blandas y, absurda, tracción trasera. Y, sí, Sandy lo es. Valgan mil dioses si lo es…
Pero hay otras unidades de medida que nos aproximan al infinito.
Sirva de ejemplo la inoportuna capacidad de los taxistas en ofrecerte una amena conversación durante la carrera, inmunes a intuir cuáles pudieran ser tus deseos de disfrutar simplemente del silencio o del paisaje urbano desconocido. O, en el caso que ocupa, de, llanamente, gozar del momento que me ofrece la rubia cabeza en mi regazo.
Añádase a ello, la prácticamente infinita admiración que suscita el Barça en todo el mundo. Y el taxista, quizá aburrido del orden de una rica, la más rica, ciudad alemana y añorando su natal cuerno de oro, decide hablarte en un curioso chapurreo de idiomas alemán-inglés-italiano-castellano-francés de lo bueno que es Messi, de lo bueno que es Pep, de lo bueno que es el deporte que ha tenido que llegar a ser más que centenario para convertirse, por unos años y que dure, en arte.
Y, por si no fuera poco, el cóctel se completa con la infinita capacidad de cualquier hermosa mujer en hacer más de una cosa al mismo tiempo y, si es el caso, le apasiona también el fútbol, y el Barça desde que vio conmigo un partido en el Nou Camp, la veo alternar su inmersión privada conmigo en Francés con intervenciones en la conversación plurilingual, a regulares intervalos. Por suerte sus comentarios son breves, concisos.
Pero, ningún reproche, la felación es perfecta, lenta, suave, húmeda, ora el aleteo de una mariposa, ora el viaje al kaos, a la entraña de la tierra. Y el hombre que añora la frontera entre Europa y Asia sigue con su pasión por los artistas, ajeno a todo, sin atender a las súbitas desapariciones de su hermosa, y valgan mil dioses que lo es de hermosa, interlocutora
Y así, hasta el cruce del Goethe Museum. Después, un largo beso que sabía a mi, un beso egoísta que te das a ti mismo, el beso de tu infinito ego. Y así siguieron sabiendo sus besos toda la noche.
Hace poco, a orillas del Rhin.
Sabes vivir amigo...
Uff! Demasiado tarde para el consejo. Deberías habérmelo dado hace... Muchos años.De todas maneras es difícil vivir donde uno quisiera estar.
La realidad es sólo una ecuación entre lo que contamos y lo que cuentan de nosotros. En definitiva, la realidad es un cociente de engaños
"En el sexo todo se me antoja más sencillo. Es puramente físico, simplemente mental. Fluídos y jadeos. Transpirar de perfumes. Elenco de sonidos."
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