EROS
Leo en la prensa hace unos días que, el miércoles pasado, un asteroide, el Eros, iba a hacerse visible desde la Tierra porque su trayectoria pasaría a pocos kilómetros (unos 26.000 o así) de nuestro planeta. Tengo pleno confianza en nuestros científicos, incapaces de concretar con acierto si una tormenta de nieve va a caer o no la pasada noche en mi Valle, pero muy seguros de con sus cálculos e hipótesis, de determinar que el Eros no representaba ningún peligro.
Por si acaso, y dado que, en estas proporciones de balística, pasar de 26.000 Km a casi nada, es una nimiedad de grados, o minutos de grado, evité aquella noche tener una erección cuando estuviera tumbado o, si la tuviera, que fuera a buen recaudo, como efectivamente fue. Quizás luego lo cuente.
Bonito nombre el de EROS. Me imagino, poco cómo soy docto en temas de astrofísica, que le llamarán Asteroide cuando no es más que eso, un pedrusco más o menos grande, más o menos bonito o feo, navegando de forma inocua. Si el impacto es más que probable y devastador, yo le llamaría Histeroide, pues es simple imaginar la Histeria Colectiva ante el evento, aunque visto lo que aguanta el respetable tampoco sería extraño que lo ignorásemos, cómo ignoramos tantas otras cosas que nos machacan. Y si es seguro, el fenomenal porrazo, Histiroide me parece el más adecuado, porque la histeria y la tiroide en atrofia, que es cómo quedaría todo, bien atrofiado, van parejos. Que os voy a contar que no sepáis si lo sabéis todo. ¿Verdad?
Pero en cualquier caso, bonito nombre el de Eros. Si pudiésemos escoger desde Guia Geisha el nombre de un asteroide definitivo, no me diréis que Eros no sería el adecuado. Al menos, existirían muchas posibilidades de que, el mundo en general, se obsesionase, se Erotizase y, por un breve período, el del anuncio y el del final, los obsesos de antes no seríamos tan mal considerados.
Y bonita forma. A mí me recuerda una patata, ligeramente grillada por los cráteres, lo que liga bastante bien con Eros, o al menos con el más que aventurado, origen de nuestra erotización. Y también un estiletto sin tacón. Imperdonable la falta de tacón, de verdad, asteroide incompleto. Imperdonable cómo todos los estilettos que perderme pueda de ver calzados y, sobre todo, un par.
En fin, ahí fue Eros. Pasó de largo. Para los pacientes, y en cierta forma yo voy por el camino, sabed que, el 2057, más o menos, vuelve, esperemos que cómo lo que fue este año, simple pedrusco viajero. Confiemos, los estetas, que ya habrá encontrado el taconazo. Y confíe yo haber descalzado el que me presentaron el día del Percebe, que no en la Rúa del mismo. Cosas mías
MELANCHOLIA
La última película de Lars von Trier va de lo mismo, pero con peor final. Un planeta, también de hermoso nombre, se acerca al nuestro. Los científicos dicen lo mismo, tranquilos que no pasa nada. Al fin, entre los acordes Wagnerainos de Tristán e Isolda, el batacazo es brutal y todo termina en una explosión de luz. Al menos es un fin épico.
Pero la película sirve también para retratar dos hermanas opuestas diametralmente. Una, la rubita Kirsten Durst que protagonizó otra cinta genial, la María Antonieta de Silvia Coppola. Otra, la morena Charlotte Gainsbourg hija de, nada más y nada menos, Sergé Gainsbourg y Jane Birkin…. Buff.
La rubita, una joven-sobradamente-preparada-y-profesionalmente-triunfante pero no por ello menos emocionalmente sensible, su intento de boda, su inestabilidad y su depresión. Pura melancolía.
La otra, la morena vástago de genios, mitos y belleza, la sufrida esposa y madre… y hermana que acoge a la melancólica hundida, La sufrida que confía todo lo importante en el esposo, hermana de la inconformista que rompe el matrimonio el mismo día de la boda. Interesante contraposición de caracteres para ilustrar el fin del mundo.
De no perderse, la escena inicial, de sueños oníricos con contrapunto Wagneriano. O aquella en que los novios, a pocas horas ya de ser ex, lanzan a la noche globos meteorológicos con frases y grafitis de amor con la presencia amenazante de Melancholia en el espacio. Y la aparición del planeta en el horizonte en el momento en que empieza su danza de muerte con su doncella Tierra
Eros y Melancolía viajando juntos. Uno pasó de largo, cómo si nunca existiera. El otro dando de lleno, absorbiendo en una explosión de luz y fuego
Dèjá vu.
Última edición por Oliba; 03/02/2012 a las 17:03
En cierta forma, creo que tanto Eros como Melancolía representan lo mismo: el tiempo implacable, la diferencia entre existir y vivir.
Por otro lado, aunque no he visto la película que citas, me sorprende que Lars von Trier escoja a Wagner, es ciertamente previsible asociar sus acordes epicos a la llegada del fin del mundo.
(se ha ido el iconico de dar las gracias y no aparece)
Cada pregunta que te hago me aleja vertiginosamente de la respuesta
Viste Dogville?
No la he visto, y eso que procuro seguir siempre a Nicole kidman, ví alguna de sus primeras películas y me resultaron muy crudas, se me quedó ese pequeño prejuicio.
Cada pregunta que te hago me aleja vertiginosamente de la respuesta
Para mi gusto es la mejor interpretación de la Kidman.
La Kidman (como dices) es una mujer impresionante, creo que su trabajo con Stanley Kubrick supuso una metamorfosis y un renacimiento para ella. Habrá que echar un vistazo.
Cada pregunta que te hago me aleja vertiginosamente de la respuesta
Y puso su culo en nuestros sueños. Y dio otra dimensión al carnaval y a las máscaras venecianas
Para Perseguidor, la Kidman en Dogville
Y la patata-stileto EROS
Belleza en estado puro. Wagner, Tristan e Isolda. Y la escena inicial de Melancholia de la que hablaba. Igual me afectó ver tantos pájaros muriendo. Sí, también tengo mi coranzito
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