El sexo forma parte de todas las culturas humanas y en cada una de ellas puede llegar a ser entendido de una forma diferente. Mientras que en algunas culturas la promiscuidad sexual es aceptada como algo plenamente normal, en las sociedades occidentales no es así, especialmente cuando se trata de sujetos que tienen una pareja estable. No obstante, el reconocimiento público de la existencia de parejas en una relación abierta, en la que uno o ambos miembros mantienen relaciones sexuales con otras personas con pleno conocimiento de su pareja, hace que esa promiscuidad sea vista como algo cada vez más normal, despojándose del carácter negativo que se le había dado hasta ahora.

La promiscuidad sexual es en realidad algo inherente a los seres humanos, de igual manera que es inherente a otras razas animales. Se habla de promiscuidad sexual cuando una persona mantiene relaciones sexuales con diferentes personas, sean de diferente o de su mismo sexo.

Hoy en día se le da un aspecto negativo únicamente en aquellos casos en los que la persona promiscua sexualmente tiene una relación estable con otra persona y no existe una relación abierta. Es decir, cuando se trata de un caso de infidelidad.

Fuera de estos supuestos, la sociedad ha evolucionado mucho y ya no se percibe la promiscuidad sexual como algo negativo, ya que cada uno es libre de vivir su sexualidad como quiera. Sobre la sexualidad y la promiscuidad se han llevado a cabo cientos de estudios a nivel mundial. Las conclusiones afirman que el impulso sexual está vinculado con los niveles de testosterona, los cuales están más presentes en los hombres que en las mujeres. Esto ha llevado a afirmar que existe un mayor grado de promiscuidad sexual entre el sexo masculino que entre el sexo femenino.

La forma en que entendemos la promiscuidad sexual depende mucho de los valores éticos, sociales, morales y culturales que tengamos. Por eso lo que para algunos es totalmente aceptable, para otros puede suponer algo intolerable. En cualquier caso, tratándose de personas promiscuas desde el punto de vista sexual, lo más importante es usar siempre métodos anticonceptivos que prevengan el contagio de enfermedades de transmisión sexual, algo que en la actualidad sólo se consigue con el preservativo.

Tampoco está de más optar por controles médicos preventivos regulares si se ha incurrido en una práctica sexual de riesgo. La promiscuidad sexual no debe ser óbice para no ser responsable con la salud.


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