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  1. #1
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    ¿Que es lo más excitante que os ha sucedido últimamente?

    Pese a lo que diga Kaiser de mi, mi perversa capacidad de idear situaciones excitantes anda en horas bajas. No sé, me pasará como a Berlusconi, estaré agobiado de pensar que mi futuro de inversor en emociones y momentos que me enamoran depende de algo tan poco atractivo cómo el empecinamiento de la Cancillera de Alemania...

    Así que me vendría bien un poco de ayuda, os lo digo así, con humildad (se escribe así verdad, con "h" es que practico poco :-). Y conocer de vuestras teclas que situaciones habéis vivido últimamente particularmente excitantes.

    Cómo creador del hilo, ruego evitéis referiros al resultado de las últimas Elecciones Generales ni, esa va por ti, Xasel, a las propiedades excitantes de la cafeina.

    Aunque parezca raro, lo que espero es que me contéis cosas de sexo :-).

    Bueno, ahí os lanzo el testigo. A ver que pasa

    Si dejo de pensar en el culo feo ese de Berlín, igual me recupero y os cuento también alguna

  2. #2
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    Últimamente juego poco.
    Así que, si te conformas, echaré mano (je) de algún recuerdo.
    Hace ya algún tiempo, tuve un encuentro curioso con un caballero de dudosa respetabilidad.
    Era verano, hacía calor. Él ya me esperaba en el apartamento, con poca vestimenta.
    Yo llegaba con tiempo de sobras y en la salita de espera, me dijo María que, había
    otra chica esperando para entrar...en la misma habitación.

    Entré con cuidado, y ahí estaba. Guapa, sexy, altísima, con una falda minúscula, un
    escote vertiginoso, unas caderas de niña y una cintura propia de Marilyn.
    Me preguntó si yo era Paula, -así que, ella sí sabía que yo iba a ir-, yo un poco acobardada,
    respondí que sí y me dijo -encantada, yo soy P..., yo debí ahaber llegado antes, pero se me ha hecho
    tarde y tú te has adelantado mucho-.

    Lo reconozco, mi primera intención fue salir corriendo. Yo no estaba aún muy curtida y me asustaba
    del maullido de un gato. Ella pasó primero, pero antes de irse me dio un morreo tremendo.
    Me quedé sentada en la diminuta estancia, asfixiada por el calor y un poco avergonzada.
    Ella era muy guapa, muy sensual y sugestiva. Y yo, bueno...yo no.
    Y además, ella jugaba con una baza que yo ni tenía ni podría tener.

    Al cabo de unos larguísimos minutos, vino María a buscarme.
    Me acompañó hasta la habitación y al abrir la puerta, los ví a ambos dos; retozando en la cama,
    no hicieron mucho caso a mi llegada. Ella, estaba ocupada en bajos menesteres y él me dijo que
    me tumbara en la cama.
    Música tenue, Una botella vacía de cava y otra enfriándose en la cubitera.
    También había un más que sospechoso paquetito con un polvo blanco muy obvio.
    Las presentaciones fueron hechas entre besos, lamidas y chupetones.
    Les hacía gracia mi manifiesta desubicación. Ella estaba desnuda, a excepción de un precioso
    tanga negro con miles de brillantitos aparentes...
    ‎"En el sexo todo se me antoja más sencillo. Es puramente físico, simplemente mental. Fluídos y jadeos. Transpirar de perfumes. Elenco de sonidos."

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  4. #3
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    Deduzco que no era blindado, el tanga, aún cuando nada hay más duro que un brillante

  5. #4
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    En el mundo del sexo de pago he vivido momentos excitantes, pero sin duda las mayores excitaciones y las más estimulantes han venido fuera de ese mundo. Imagino que al no estar dentro de un posible guión hacen que las personales lleguena ser más excitantes que las de pago..., aunque no por ello y aunque mas excitantes han de ser necesariamente mas gratificantes...

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  7. #5
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    Cuenta, cuenta....

  8. #6
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    Nunca olvidaré mi primer trio no profesional...

    Esa noche, sin yo esperarlo, sin yo saberlo, sin yo siquiera intuirlo, mi "medio-pareja" de aquella época me sorprendió y me "regaló" una noche inesperada de sexo compartido a tres bandas, donde por primera vez en mi vida pude deleitarme de esas sensaciones maravillosas que aportan dos mujeres entregadas al placer mútuo mientras le dedican a uno su pasión y hacen que uno sienta en su intimida la sensación de dos bocas juntas...

    Un maravilloso y excitante momento de mi vida que siempre me acompañará...

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  10. #7
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    Sucedió un 4 de junio de 2009:

    Después de estar esperando cuatro años, había llegado la noche en la que iba a citarme con esa mujer tan especial para mí. Ella también aguardaba nerviosa, pues cuando llamé al timbre de la puerta se le disparó el lápiz que perfila las pestañas, y se le nubló brevemente la visión del ojo izquierdo. Estaba exultante, nunca la había visto tan guapa. Sus ojos morenos me dominaban, su tiznado pelo negro recogido en forma de cola, le otorgaban una pose de divinidad griega. Nos sentamos y departimos durante media hora sobre nuestras vidas. Su voz suave me iba envolviendo como si fuera una mosca atrapada en la tela de una araña. No podía apartar la vista de ella, estaba algo delgada, pero ese vestido negro de raso con escote palabra de honor, era el de una estrella de rock. Cuando se levantó para traer el cava de la cubitera, el leve roce de su cuerpo contra esa provocativa tela, producía un sonido que aún me estimulaba más. Brindamos, y tras la primera copa, sus ojos empezaron unos ataques que destruían toda mi resistencia. Esos labios, gruesos, remarcados en un carmín rojo intenso, eran el tampón que quería que se estampara con rudeza contra los míos. Tras el segundo trago, la mujer de rasgos exóticos que tenía a mi lado, se levantó poniéndose delante de un espejo de cuerpo entero que se hallaba a uno de los lados de la habitación. No hubo palabras, pero sus primeros pases de baile me invitaban a acercarme. Era el momento. Besé con temor su hombro izquierdo. Su espalda estaba garabateada por un sinfín de pecas. Empecé a palpar con mimo su piel blanca de corderito lechal. Ella me cogió de las manos e hizo que la abrazara, estirando la espalda hacia atrás, chocando su bien proporcionada parte trasera, con la mía delantera. No sabía si ponerme a llorar, o confesarle en forma de susurros lo que sentía por ella. No podía creer que tenía adjunto a mi cuerpo, el de esa napea, esa ninfa de los bosques con la que hacía años que soñaba. Su cuello estaba erguido, señorial, y su cabellera negra cosquilleaba en mi frente y mis mejillas, y eran degustados por un extasiado comensal que no daba crédito a lo que estaba aconteciendo.
    Ella no hablaba, pero me guiaba por el circuito del placer con maestría. Quiso que mis manos y las suyas reconocieran su escote, dimensionado, fresco y sedoso. La inspección de esa zona a través del tacto, provocó una estimulación tan fuerte que la sala del polvorín tuvo que encender su luz roja de emergencia. El arsenal estaba en posición de lanzamiento, y alguien podía dañarse si no se gestionaban con precaución las tareas de ataque.
    El descenso de la cremallera del vestido por mis temblorosas manos, era más peligroso que el que hace un ciclista después de coronar un puerto especial de montaña. No iba a resbalar y chocar contra el arcén, pero estaba al borde de un colapso. A mitad de camino, de nuevo las protagonistas de la noche, (mis manos y sus siervos dedos), tomaron los primeros prisioneros de la velada: sus senos. Naturales y tan pálidos como toda ella, los atrapé como coge uno a un conejillo asustadizo que lucha por liberarse y salir corriendo. Ella, sabedora de su potencial, me ayudó empotrando sus manos contra las mías haciendo más violento el movimiento circular. La giré como un alfarero mueve el torno para moldear su obra, y durante unos minutos emulé a Rómulo y Remo. Tras ello, tocaba seguir con el recorrido que marcaba la cremallera, cuyo destino final era apoteósico: su esférico, sobresaliente y extrovertida terminación de la espalda. Quise morirme al comprobar cómo estaban adornadas ese par de redondísimas nalgas. Un casi imperceptible trozo de finísima tela roja, oficiaba de singular frontera entre el cachete izquierdo del derecho. ¡Dios mío! La figura de esa mujer era inmejorable, y aún ahora al narrarlo por escrito me estremezco y algunas de las partes de mi anatomía siguen padeciendo volcánicas convulsiones.
    Esa prodigiosa mujer siguió danzando y girándose mientras yo me desvestía. Ya en igualdad de condiciones, me asió del gancho que sobresalía del eslip, de manera que éste terminó despareciendo. Ni trepando a una torre de alta tensión y asiéndome al cableado hubiera estado más empalmado que en ese momento. Con mi bichero entre sus manos, lo restregó por sus postreras localizaciones, como si fuera una goma de borrar que elimina gazapos. Lanzaba miradas lascivas que reproducía el espejo, jugaba con él buscando la pose más sexual y provocadora, y yo atónito a todo ello, ponía todos mis esfuerzos para intentar minorar mis deseos. No quería que un estallido prematuro de pasión apareciera de improvisto. Antes de pasar al lecho, ella, empuñando mi bastón de golf, hizo que éste reconociera el green, que estaba perfectamente regado, y cuyo hoyo iba a serme presentado en breve.
    Los besos no daban opción a la charla, ni siquiera al diálogo procaz que suele aparecer en tales instantes. Ya tumbados en la cama, quise agradecerle su hospitalidad visitando el mencionado campo deportivo. La hierba no estaba del todo sesgada, pero no impedía el trasiego habitual de mi camaleónica lengua. Sus quejidos no eran exagerados, pero sus apretados ojos denotaban que viajaba soñolienta por el onírico mundo del placer. Sumisa y provocadora, terminó de vencerme cuando, sin mediar palabra, desplazó su menudo cuerpo hacia un lado y estirando su pieza de lencería hacia arriba, me conminaba a rendir cuentas a un punto recóndito y totalmente desconocido para mí. Esa era una exigencia de una mujer atrevida, que disfrutaba como nadie del ósculo oscuro. Me adentré en esa epopéyica aventura, sin tener claros los pasos que tenía que dar. Pero mi impertinente lengua, ante tal morbosa propuesta no se lo pensó, y reconoció con éxito los pliegues que rodeaban a ese sonrosado y oculto esfínter. Un aroma mentolado saludó mi paladar. Aunque parecía increíble, ese paraje producía un encomiable manjar, y fue degustado con voracidad, cosa que provocaba un aumento considerable de jadeos y lamentos de mi adorable acompañante.
    La noche siguió por derroteros similares, ella demostró tener excelentes condiciones como jinete, y una inacabable imaginación para poner nuestros cuerpos mezclados de tantas formas, que en ocasiones parecíamos el resultado de un cuadro abstracto.
    Dos horas imborrables, que marcaron el inicio de una serie de capítulos de la misma duración, con esa femme, pequeñita, morena, exótica, que tanto tiempo hacía que quería conocer en una situación algo más íntima que el compartir unas caipiriñas en una coctelería de moda.
    Una canción que podría haber sonado esa noche es "Fuego en la piel", de Manolo Tena. Nosotros lo tuvimos, y puede dar fe, que ambos terminamos abrasados. http://www.listengo.com/song/882871db

  11. #8
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    Nunca olvidaré mi primer trio no profesional...

    Esa noche, sin yo esperarlo, sin yo saberlo, sin yo siquiera intuirlo, mi "medio-pareja" de aquella época me sorprendió y me "regaló" una noche inesperada de sexo compartido a tres bandas, donde por primera vez en mi vida pude deleitarme de esas sensaciones maravillosas que aportan dos mujeres entregadas al placer mútuo mientras le dedican a uno su pasión y hacen que uno sienta en su intimida la sensación de dos bocas juntas...

    Un maravilloso y excitante momento de mi vida que siempre me acompañará...
    Deduzco que la tercera no era barbuda (tampoco lo habrías olvidado, jeje).
    Si, lo del trío es fantástico, especialmente cuando al menos una de las dos chicas o es tu pareja o mantiene contigo una relación "especial" (por ejemplo es una escort con la que tienes una cierta amistad y mucha confianza).

  12. #9
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    Sucedió un 4 de junio de 2009:

    Después de estar esperando cuatro años, había llegado la noche en la que iba a citarme con esa mujer tan especial para mí. Ella también aguardaba nerviosa, pues cuando llamé al timbre de la puerta se le disparó el lápiz que perfila las pestañas, y se le nubló brevemente la visión del ojo izquierdo. Estaba exultante, nunca la había visto tan guapa. Sus ojos morenos me dominaban, su tiznado pelo negro recogido en forma de cola, le otorgaban una pose de divinidad griega. Nos sentamos y departimos durante media hora sobre nuestras vidas. Su voz suave me iba envolviendo como si fuera una mosca atrapada en la tela de una araña. No podía apartar la vista de ella, estaba algo delgada, pero ese vestido negro de raso con escote palabra de honor, era el de una estrella de rock. Cuando se levantó para traer el cava de la cubitera, el leve roce de su cuerpo contra esa provocativa tela, producía un sonido que aún me estimulaba más. Brindamos, y tras la primera copa, sus ojos empezaron unos ataques que destruían toda mi resistencia. Esos labios, gruesos, remarcados en un carmín rojo intenso, eran el tampón que quería que se estampara con rudeza contra los míos. Tras el segundo trago, la mujer de rasgos exóticos que tenía a mi lado, se levantó poniéndose delante de un espejo de cuerpo entero que se hallaba a uno de los lados de la habitación. No hubo palabras, pero sus primeros pases de baile me invitaban a acercarme. Era el momento. Besé con temor su hombro izquierdo. Su espalda estaba garabateada por un sinfín de pecas. Empecé a palpar con mimo su piel blanca de corderito lechal. Ella me cogió de las manos e hizo que la abrazara, estirando la espalda hacia atrás, chocando su bien proporcionada parte trasera, con la mía delantera. No sabía si ponerme a llorar, o confesarle en forma de susurros lo que sentía por ella. No podía creer que tenía adjunto a mi cuerpo, el de esa napea, esa ninfa de los bosques con la que hacía años que soñaba. Su cuello estaba erguido, señorial, y su cabellera negra cosquilleaba en mi frente y mis mejillas, y eran degustados por un extasiado comensal que no daba crédito a lo que estaba aconteciendo.
    Ella no hablaba, pero me guiaba por el circuito del placer con maestría. Quiso que mis manos y las suyas reconocieran su escote, dimensionado, fresco y sedoso. La inspección de esa zona a través del tacto, provocó una estimulación tan fuerte que la sala del polvorín tuvo que encender su luz roja de emergencia. El arsenal estaba en posición de lanzamiento, y alguien podía dañarse si no se gestionaban con precaución las tareas de ataque.
    El descenso de la cremallera del vestido por mis temblorosas manos, era más peligroso que el que hace un ciclista después de coronar un puerto especial de montaña. No iba a resbalar y chocar contra el arcén, pero estaba al borde de un colapso. A mitad de camino, de nuevo las protagonistas de la noche, (mis manos y sus siervos dedos), tomaron los primeros prisioneros de la velada: sus senos. Naturales y tan pálidos como toda ella, los atrapé como coge uno a un conejillo asustadizo que lucha por liberarse y salir corriendo. Ella, sabedora de su potencial, me ayudó empotrando sus manos contra las mías haciendo más violento el movimiento circular. La giré como un alfarero mueve el torno para moldear su obra, y durante unos minutos emulé a Rómulo y Remo. Tras ello, tocaba seguir con el recorrido que marcaba la cremallera, cuyo destino final era apoteósico: su esférico, sobresaliente y extrovertida terminación de la espalda. Quise morirme al comprobar cómo estaban adornadas ese par de redondísimas nalgas. Un casi imperceptible trozo de finísima tela roja, oficiaba de singular frontera entre el cachete izquierdo del derecho. ¡Dios mío! La figura de esa mujer era inmejorable, y aún ahora al narrarlo por escrito me estremezco y algunas de las partes de mi anatomía siguen padeciendo volcánicas convulsiones.
    Esa prodigiosa mujer siguió danzando y girándose mientras yo me desvestía. Ya en igualdad de condiciones, me asió del gancho que sobresalía del eslip, de manera que éste terminó despareciendo. Ni trepando a una torre de alta tensión y asiéndome al cableado hubiera estado más empalmado que en ese momento. Con mi bichero entre sus manos, lo restregó por sus postreras localizaciones, como si fuera una goma de borrar que elimina gazapos. Lanzaba miradas lascivas que reproducía el espejo, jugaba con él buscando la pose más sexual y provocadora, y yo atónito a todo ello, ponía todos mis esfuerzos para intentar minorar mis deseos. No quería que un estallido prematuro de pasión apareciera de improvisto. Antes de pasar al lecho, ella, empuñando mi bastón de golf, hizo que éste reconociera el green, que estaba perfectamente regado, y cuyo hoyo iba a serme presentado en breve.
    Los besos no daban opción a la charla, ni siquiera al diálogo procaz que suele aparecer en tales instantes. Ya tumbados en la cama, quise agradecerle su hospitalidad visitando el mencionado campo deportivo. La hierba no estaba del todo sesgada, pero no impedía el trasiego habitual de mi camaleónica lengua. Sus quejidos no eran exagerados, pero sus apretados ojos denotaban que viajaba soñolienta por el onírico mundo del placer. Sumisa y provocadora, terminó de vencerme cuando, sin mediar palabra, desplazó su menudo cuerpo hacia un lado y estirando su pieza de lencería hacia arriba, me conminaba a rendir cuentas a un punto recóndito y totalmente desconocido para mí. Esa era una exigencia de una mujer atrevida, que disfrutaba como nadie del ósculo oscuro. Me adentré en esa epopéyica aventura, sin tener claros los pasos que tenía que dar. Pero mi impertinente lengua, ante tal morbosa propuesta no se lo pensó, y reconoció con éxito los pliegues que rodeaban a ese sonrosado y oculto esfínter. Un aroma mentolado saludó mi paladar. Aunque parecía increíble, ese paraje producía un encomiable manjar, y fue degustado con voracidad, cosa que provocaba un aumento considerable de jadeos y lamentos de mi adorable acompañante.
    La noche siguió por derroteros similares, ella demostró tener excelentes condiciones como jinete, y una inacabable imaginación para poner nuestros cuerpos mezclados de tantas formas, que en ocasiones parecíamos el resultado de un cuadro abstracto.
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    Jo, Arsenio.

    Una verdadera experencia VIP, separando la yema.

    No?

  13. #10
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    Cita Iniciado por Oliba Ver mensaje
    Deduzco que la tercera no era barbuda (tampoco lo habrías olvidado, jeje).
    Si, lo del trío es fantástico, especialmente cuando al menos una de las dos chicas o es tu pareja o mantiene contigo una relación "especial" (por ejemplo es una escort con la que tienes una cierta amistad y mucha confianza).
    Cierto... y es que sin despreciar ningun tipo de trio, no hay nada como que con una de las integrantes sea alguien con quien mantienes algo especial, que hace que el trio y la relacion con la tercera integrante sea distinta y llena de excitación...

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