el artículo no es nuevo pero sigue siendo válido...
Las relaciones íntimas reducen la depresión en un 50%, acaban con la ansiedad y mejoran el tono muscular y cardiaco. La ciencia avala que seguir activo ayuda a envejecer de forma saludable
PATRICIA MATEY
¿Usted, por ser mayor, ha dejado de comer? Si siempre le ha gustado ir al cine o pasear, ¿por qué va a dejar de hacerlo por el simple hecho de cumplir años? Entonces... ¿cuál es la razón para renunciar al sexo cuando se envejece? Seguramente, muy pocos dudan de la vida sexual activa de Clint Eastwood o Sean Connery, ambos de 77 años, pero muchos ponen en tela de juicio que sus abuelos o sus vecinos entrados en años sigan disfrutando bajo las sábanas. Sin embargo, y pese a la escasez de estadísticas sobre la sexualidad en la vejez, los últimos datos referentes a la vida íntima de los mayores de 65 años muestran que el deseo disminuye con los años, aunque no desaparece, y que la mitad de la población senior está satisfecha con su vida íntima. El resto renuncia y no pide ayuda. El mensaje de los médicos puede sonar más alto, pero no más claro: para envejecer de forma saludable hay que hacer ejercicio, comer equilibradamente y practicar sexo.
«Estuve casada durante años, tengo hijos mayores y pensaba que lo que sentía en la cama con mi marido era lo que experimentaban todas las mujeres. Tras enviudar estuve muchos años triste hasta que conocí a Francisco, cuya mujer también acababa de morir. Nos casamos hace poco y este nuevo matrimonio ha sido una revelación... Hemos empezado hacer el amor y cada vez es mejor», dice Anais, de 62 años, una de los 20 protagonistas que dan vida al libro 'Amor y sexualidad en las personas mayores' de la socióloga argentina Ana Vásquez Bronfman.
Un 60% de los españoles mayores de 65 años comparte sensaciones similares a las de Anais y declara mantener relaciones sexuales con una frecuencia media de cuatro veces al mes. El resto renuncia a buscar la satisfacción sexual porque sus problemas físicos o psíquicos les impiden mantener relaciones, tal y como ha puesto de manifiesto un estudio realizado por el grupo de Atención al Mayor de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).
Su coordinadora Pilar Regato reconoce que aún persisten ciertos «tabúes, sobre todo en la generación de la posguerra, que ha recibido escasa o nula educación sexual. Hemos podido observar que estas reticencias están desapareciendo poco a poco. Cada vez es más frecuente que los pacientes nos pregunten por temas relacionados con la libido o la potencia sexual».
Las estadísticas que aporta Carlos San Martín Blanco, secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), que representa a 2.000 especialistas y 31 sociedades científicas, lo corroboran. «Hace apenas ocho años sólo entre un 10% y un 12% preguntaba en consulta sobre temas relacionados con la sexualidad; ahora lo hace un 32%, lo que significa que hemos evolucionado mucho en poco tiempo», declara.
La sociedad en su conjunto es la que también tiene que «aceptar que se debe seguir practicando sexo como una esfera más del envejecimiento saludable. Los médicos deben perder la vergüenza a preguntar a sus pacientes sobre su vida íntima. Aunque es cierto que este tipo de comunicación es más fácil si hay una relación estrecha entre ambos», apostilla la doctora Regato.
Pero las cosas están cambiando. Tras años de vacío estadístico y científico que orientara sobre la sexualidad en la tercera edad, empiezan a publicarse trabajos que exploran cómo es y cómo viven el sexo los más mayores. Así, la revista 'The New England Journal of Medicine' publicó recientemente un trabajo que ha indagado en la sexualidad de más de 3.000 estadounidenses de entre 57 y 85 años.

SEXO ORAL
«La mayoría de los encuestados tiene pareja y considera que la sexualidad es una parte muy importante de la vida. La frecuencia de las relaciones disminuye con la edad, pero un número importante de hombres y mujeres mantiene relaciones vaginales, sexo oral o se masturba incluso a los 80 y a los 90 años», afirman los autores del estudio, dirigidos por Stacy Tessler, de la Universidad de Chicago, en EEUU [ver gráfico].
Mientras que entre los 57 y los 64, el 73% reconoce ser sexualmente activo; entre los 65 y 74 , sólo mantiene relaciones un 53%, cifra que se reduce al 26% para los que han cumplido 85. Uno de los datos significativos del trabajo, reflejado también en otras investigaciones españolas e internacionales, es que son las mujeres las que con mayor frecuencia renuncian a disfrutar bajo las sábanas.
La disminución de la libido, que no su pérdida total, debido a la caída de estrógenos que se produce con la menopausia es una de las principales razones que ellas refieren para dejar de practicar sexo.
«Los cambios fisiológicos son un proceso natural que forma parte del envejecimiento, mientras que ellas experimentan sequedad vaginal a raíz de dicha pérdida hormonal, ellos, por ejemplo, tardan más en lograr una erección -debido fundamentalmente a trastornos vasculares- o a que su eyaculado es menor [ver gráfico]. Sin embargo, las limitaciones que se experimentan con el paso del tiempo se pueden suplir bien con tratamientos, bien con la adaptación del sexo a las nuevas circunstancias físicas. Pero es necesario que los mayores conozcan estos cambios y que consulten ante la aparición de algún problema», recuerda Ana María Puigvert, secretaria general de la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva (ASESA).
Muchos mayores apartan el erotismo de sus vidas por otros motivos aparte de los puramente físicos, como enfermedades (diabetes, depresión, aterosclerosis) o el uso de ciertos medicamentos que interfieren con el sexo. La relación entre sexualidad y juventud, además de belleza y forma corporal es un obstáculo mental para hombres y mujeres. Ellas se sienten menos atractivas y este sentimiento les impide en ocasiones mostrar su interés sexual. Ellos, en cambio, tienen miedo a que la impotencia se convierta en un problema común a medida que van envejeciendo.
Todas estas percepciones negativas pueden y deben solventarse mediante el diálogo con la pareja y con el especialista.
El reconocimiento reciente de que la interrupción voluntaria o involuntaria de las relaciones sexuales afecta negativamente a la salud está promoviendo que los especialistas empiecen a tomar cartas en el asunto y hagan un esfuerzo por mandar el mismo mensaje: «Al igual que se le pide al anciano que haga crucigramas para mantener su mente activa; que camine para estar en buena forma física o que se alimente adecuadamente, tenemos que insistir en que alejarse poco a poco del sexo es un obstáculo para mantener una vida sexual activa. Además de que su salud física y mental necesitan de él», insiste la doctora Puigvert.