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    Hat Prostitución en Cuba se adapta a los tiempos


    Jineteras buscando clientes. (EFE)

    Por Iván García
    Especial para Diario Las Américas


    La Habana. — Cerca de la medianoche, un grupo de travestis con ademanes aritificales y voces chillonas, parlotean en un portal de la Calzada de 10 de Octubre, justo en la esquina de una amplia explanada bautizada por la revolución como la Plaza Roja.

    Esperan a sus clientes. Faranduleros que llegan haciendo eses después de tomar varias copas extras en una discoteca o sodomitas consuetudinarios, como Carmelo, una rata de presidio que luego de 12 años tras las rejas, se siente más a gusto practicando el sexo con homosexuales que con mujeres.

    A pocos metros del sitio donde se sientan los bulliciosos travestis, con sus minifaldas negras y sus bolsos de marcas piratas, radica uno de los colegios electorales donde el 3 de febrero, vecinos del barrio fueron a votar para elegir un nuevo y monocorde parlamento nacional.

    Cerca de las 2 de la madrugada, los travestis comienzan a ‘trabajar’ a todo gas. Lo clientes se suceden uno tras otro. En cualquier escalera oscura o pasillo de la zona, realizan un sexo oral relámpago o una penetración anal.

    Joel es uno de esos travestis nocturnos que pululan por la barriada habanera de La Víbora. Labora part time. Por la mañana es maestro emergente en una escuela de los alrededores. Por la madrugada se prostituye.
    “Los travestis somos más baratos que las jineteras. Un ‘palo’ (penetración) cuesta 50 pesos. Una mamada 25. Y si pernoctamos todas las noches en este sitio es porque no faltan clientes. Con lo que gano prostituyéndome puedo llegar a fin de mes”.

    La policía no los molesta. Y es que muchos funcionarios del Partido o agentes policiales prefieren morderse la lengua a criticar o tratar con rudeza a un homosexual. No es secreto que están protegidos por Mariela Castro, la hija del número uno en Cuba. Las autoridades persiguen más la prostitución femenina, aunque no con el mismo rigor de los años 90.

    Muchos de estos travestis municipales sueñan en grande. Anhelan ligar un extranjero con el bolsillo abultado que les pague un billete de avión y poder huir del supuesto paraíso de obreros y campesinos. A pesar de que ya ellos no son reprimidos ni acosados como dos décadas atrás.

    Pero la situación económica en Cuba está que arde. Y el futuro es incierto. A dos kilómetros del lugar donde se prostituyen los travestis, discretamente, jinetea un trío de jovencitas. Toman cerveza clara Cristal y a la hora de hacer trato son directas. “50 pesos por una paja. 120 por sexo completo. 15 pesos convertibles (360 pesos) por un cuadro de tortilla”, anuncia en voz baja Yunaisi, mulata de ojos grandes y exceso de maquillaje.

    En los barrios al sur de La Habana, los más pobres, y con el mayor número de hombres presos, familias disfuncionales y hechos de sangre de la ciudad, a las jineteras baratas les llaman ‘matadoras de jugadas’.

    Son muchachas que crecieron en auténticos antros. Sin desayuno y solo una comida caliente al día. Casi ninguna conoce a sus padres. Fueron criadas por una abuela o una tía. A duras penas terminaron la secundaria.
    Y prefieren jinetear que trabajar 8 horas en una fábrica. “No es negocio ‘pinchar’ por 300 pesos al mes. En un día de ‘faena’ doblo esa cifra”, cuenta Liudmila.

    De tanto remacharlo la prensa oficial, estas jineteras saben que en Estados Unidos hay cinco espías presos y que el presidente se llama Barack Obama. Poco más. La información les es ajena. Para ellas, cultura es mover la cintura a ritmo de reguetón. En el Vedado o Miramar las prostitutas tienen más clase.

    También son más caras. Pero lejos de los precios que tenían cuando el boom del jineterismo en la isla. “En los 90 solo me iba a la cama con ‘yumas’ (extranjeros) y por no menos de 100 dólares la noche. Ya en 2005 habían tantas jineteras que asustaba. Demasiada competencia. Los precios cayeron en picada. Ahora un extranjero no paga más de 40 pesos convertibles. Y si ha visitado el país varias veces, solo suelta 20 ‘fulas’, dice Yamila, de 35 años.

    Ella se inició como puta con un objetivo concreto: marcharse de Cuba. No lo logró. “Tuve romances serios con italianos y españoles, pero al final no me sacaron de esta mierda. Y a mi edad, dudo que un extranjero se enamore de mí. Más que por dinero, luchaba por una visa”, confiesa mientras bebe ron Caney con hielo.

    Ahora mismo en La Habana hay tres niveles de jineteras. Las exclusivas, que se anuncian en internet de manera disimulada, y suelen desempeñarse en hoteles y centros turísticos. A estas jóvenes no les interesa tanto el dinero. Lo suyo es seducir a un turista con una amplia cuenta bancaria. Casarse y formar una familia lejos de Cuba.

    Están las ocasionales. Alternan su profesión o estudios con la prostitución. Sus clientes son personas de confianza con buen poder adquisitivo. Gerentes o boyantes trabajadores por cuenta propia.

    El último escalón son las ‘matadoras de jugadas’. Salen a la calle todos los días. Y muchas vienen en tren desde apartadas regiones del oriente de la isla.

    En el mapa cubano de la prostitución no se puede dejar de mencionar a los pingueros. Viven de su pene. Los hay famosos como Dinio, quien se hizo conocido en España por chismes en las revistas del corazón y la telebasura.

    O desconocidos como Joan. Tiene pinta de modelo y biotipo de baloncetista. “La principal cualidad de un ‘pinguero’ es estar bien dotado. La segunda, no tener escrúpulos. Igual vas a la cama con una mujer de 70 años que con un maricón gordo y grasiento. Los pingueros de éxito cobramos por hora”, aclara.

    También para los pingueros es casi una obsesión ligar a un extranjero del primer mundo. La prostitución en Cuba se ha diversificado en los últimos años.

    Aún estamos lejos de Brasil o Tailandia. Pero somos la única nación del mundo donde un turista por la noche se acuesta con una prostituta y por la mañana, después de desayunar, cariñosamente es conducido a la consultoría jurídica internacional más cercana. Si la boda es por la iglesia, mejor.

    Diario Las Americas - Prostitución en Cuba se adapta a los tiempos
    Soluciono problemas
    Administrador Guía Geisha

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