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    Clock Sensual como una geisha, divina cual emperatriz: el arte del kimono

    Es uno de los símbolos japoneses por excelencia pero, en el fondo, es un gran desconocido en Occidente. Se conmemoran cuatro siglos de relaciones entre España y Japón y el kimono es un símbolo esencial de la cultura nipona. Es una prenda sencilla en apariencia pero rica en significados, tradiciones y protocolo. Sensual y centenario, ésta es su historia.

    Corría el siglo XVII y Tokio todavía se llamaba Edo. Era el periodo Tokugawa y Japón dejaba de mirar hacia fuera y se centraba en sus propios valores. Afloraba una excelsa cultura centrada en el detalle, el sosiego y la belleza de un centro de flores (ikebana), la ceremonia del té o la vestimenta.


    De estas tradiciones, quizás sea la del 'kosode' -antecesor del kimono-una de las que más cambios ha experimentado con el paso de los años. Presente en siglos anteriores, en el XV ya había varios modelos, no fue hasta el citado periodo cuando vivió su verdadera explosión.


    Hasta entonces, tal y como explica Irene Seco, doctora en Arqueología y Conservadora del Museo del Traje, las vestimentas de hombres y mujeres no eran muy diferentes en cuanto a tejidos. El siglo XVII marca un antes y después. "La ornamentación más colorida y vistosa" pasaba a decorar la ropa de ellas.


    Kimono de novia de los década de los 30 del siglo XX.| Museo del Traje

    Del 'kosode' al kimono


    Comienza a generalizarse el uso del 'kosode' que básicamente es -explica Seco- "una prenda larga, abierta, con forma de té y que se ajusta en la cintura con una faja". En la siguiente época, la Meiji, se convierte en símbolo de la moda japonesa y comienza a llamarse kimono (significa "cosa que se lleva puesta").

    Tras la Segunda Guerra Mundial, la indumentaria occidental provoca que la popularidad del kimono disminuya; pasa de usarse de forma habitual a ocasional. Se reserva para momentos especiales y de celebración: bodas, ceremonias religiosas, fiesta de mayoría de edad (cada 15 de enero), el año nuevo, etc.


    Mientras tanto, en Occidente el kimono ha influido en la moda, el arte y, en general, los gustos de gran parte de la sociedad. Cada vez son más los que muestran su interés por esta vestimenta centenaria, reflejo de la cultura japonesa de los últimos siglos. En España, al igual que los talleres de bonsái o de ikebana (flores), abundan los cursos para aprender a ponerse y llevar un kimono.


    Nada se improvisa, todo tiene su por qué


    Su fabricación, su manera de lucirlo y, posteriormente, de guardarlo. Nada está sujeto a la improvisación. Las medidas son las que son, tanto para el kimono como el 'obi' (el fajín). Y los pasos para vestirse son siempre los mismos, según marcan las reglas de hace siglos.

    El Código Yoro, por ejemplo, estableció en el año 718 que la parte izquierda del kimono siempre queda por encima de la derecha. Y sólo se pondrá al revés –derecha sobre izquierda- en el lecho de muerte.


    Marca la norma también el que las jóvenes solteras vayan muy tapadas, sin enseñar las clavículas, centrando la sensualidad en su nuca, que sí puede mostrarse. Suelen llevar las mangas más largas y tienen permitido lucir los modelos de kimono más llamativos, las telas más ornamentadas y los 'obi' anudados con formas de lo más caprichosas, como si de origami se tratase.


    Kimono de principios de siglo XX, colección de Mariano Fortuny y Madrazo.| Museo del Traje

    Las mujeres adultas y casadas 'tienen permiso' para enseñar un poco más de cuello pero no para llevar mangas largas. Las telas y los fajines, también de todo tipo de colores y bordados, ya no son tan llamativos y las lazadas se hacen un poco más bajas, abogando por la comodidad de una persona de mayor edad.


    Marca la tradición que las madres, además, vayan creando una especie de ajuar compuesto por kimonos, incluidos los de una futura boda, que heredarán sus hijas.


    Sin revelar la forma del cuerpo


    Las curvas del cuerpo femenino nunca deben quedar evidentes. El kimono cae recto, sin dibujar la verdadera silueta, potenciando el misterio que se encuentra debajo. Según Issei Miyake, en palabras recogidas por Irene Seco, "mientras que en Occidente se busca revelar la forma del cuerpo, el objetivo de los japoneses será ensalzar el propio tejido".

    Para lograr este efecto, y encima de un kimono que hace las veces de ropa interior ('naga-juban'), las mujeres colocan pequeños paños o almohadillas en distintas zonas estratégicas, con lo que disimulan las formas más destacadas: el pecho, la cadera, el trasero, etc.


    Una vez puesta esta primera capa de ropa, se pasa a colocar el kimono, siguiendo las reglas correspondientes. La parte izquierda caerá sobre la derecha; cada doblez irá en un sitio específico (como el que tiene que acabar entre el dedo gordo y el índice del pie derecho); las medidas serán siempre las mismas (un puño de espacio entre la nuca y la tela, por ejemplo)...


    Y, aunque a los occidentales nos parezca que todos los kimonos son iguales, lo cierto es que existe una enorme variedad. Como enumera Eiko Kishi, vicepresidenta de la Asociación Española de Ikebana, cada uno vale para una determinada ocasión.


    Un kimono para cada ocasión


    Entre los más formales se encuentran el 'kuro-tomesode' y el 'iro-tomesode'. El primero es básicamente negro y el otro de colores. Vendría a ser algo similar al traje occidental.


    Jóvenes con 'yukata' en Tokio.| Reuters

    El 'furisode' se caracteriza por sus larguísimas mangas, sólo aptas para solteras, y sus colores y estampados (flores, grullas, carruajes, etc.). El 'homongi' y el 'tsukesage' sirven para banquetes o celebraciones de clase alta, mientras que el 'iromuji' es más sencillo y suele emplearse en la ceremonia del té.

    El 'komon' es muy versátil y se usa para salir a la calle bien vestido pero no formal. "Como si llevases una americana pero con vaqueros, no con el pantalón de un traje", explica Kishi.


    Pero quizás el más popular, por su precio y porque es más fácil de poner – no son varias capas sino sólo una- es el 'yukata'. Es de verano, suele ser de una tela muy fina y se cierra con un 'obi' más corto y ligero.


    Por último, otro de los modelos que más se emplean entre las japonesas es el 'uchikake' que no es otro que la vestimenta nupcial. Son varias capas, puede ser blanco o de colores, dependiendo de los gustos, y su precio suele dispararse bastante.


    Durante la ceremonia shintoísta la novia lleva ropajes blancos, conocidos como 'shiromuku' ("blanco puro") y un sombrero especial ('tsuno kakushi'). Después, se reviste con un kimono de mangas largas ricamente decorado, el 'uchikake'. Es habitual que, además, se cambie luego varias veces de atuendo.


    Maquillajes y peinados sencillos


    Tal y como aclara Azusa Kito, especialista en cultura japonesa, el kimono no se suele acompañar de maquillajes llamativos ni peinados muy estrafalarios.

    "Los polvos blancos, las cejas muy marcadas y los labios muy rojos quedan reservados para las geishas y sus aprendices (maiko)", apunta Kito. Las mujeres japonesas no se maquillan demasiado para no restarle importancia al kimono. Igualmente, las uñas
    suelen pintarse de colores muy naturales y no suelen llevarse muchas joyas.


    Algunas optan por llevar algún ornamento en el pelo, cuando se hacen un recogido, como los palillos decorativos ('kanzashi'). Pero, el uso de pelucas o los grandes cardados quedan reservados para las geishas o, en todo caso, para las novias en su boda.


    Los pies y el calzado tienen tanta importancia como el resto. Si no se llevan calcetines ('tabi') la tradición marca que las uñas estén pintadas. Y dependiendo de la vestimenta, más o menos formal, se usarán respectivamente los 'geta' –zapatos de madera- o los 'zori' – de plástico, piel o tela-.


    Todo ello se complementa con un protocolo que casi siempre roza la perfección. Una forma especial de sentarse y de caminar, que viene marcada por la forma del kimono y cómo aprieta el 'obi' el abdomen. Y una manera de estar que potencia la discreción y la sensualidad por igual.

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