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    Si te violó siempre, es como si nunca lo hubiera hecho

    Si te violo siempre, es como si nunca lo hubiera hecho

    Por: Mónica Ceberio | 31 de mayo de 2013



    Que alguien le explique qué ha pasado a esta víctima, la esposa de un maltratador. El hombre que la amenazó, insultó, golpeó y vejó durante años, obligándola en ocasiones a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, ha sido absuelto, y por dos veces, del delito de violación. Ni la Audiencia Provincial de Valladolid ni el Tribunal Supremo lo han considerado culpable... a pesar de que ninguno cree que fuera un angelito. Ambos órganos dieron por probado que se trataba de un alcohólico muy violento y que a ella no le quedaba más remedio que acceder a sus peticiones sexuales, contra su voluntad, ante el inmenso temor que sentía cada vez que él llegaba borracho a casa.
    Estos son los hechos probados de la primera sentencia, la de la Audiencia Provincial de Valladolid: un hombre y una mujer, con un hijo de dos años, viven juntos en una casa compartida, un piso de una ONG. Él bebe a menudo. Cuando lo hace, golpea a su esposa, la insulta y ejerce sobre ella “un total sometimiento” que a la mujer le infunde un “gran temor”. Dos de esos días en los que él llega borracho, le propone mantener relaciones sexuales. Ella responde que no quiere. Le dice que está embarazada. A pesar de ello, el marido consigue lo que busca. La mujer acaba accediendo ante el temor que le infunde su cónyuge.

    La Audiencia Provincial de Valladolid, a pesar del relato, considera que el hombre no es culpable de ningún delito de violación y le absuelve con un extraño argumento. El tribunal sostiene que el hombre había abusado de la mujer no esos dos días, sino “durante toda la convivencia”; y que, en realidad, no pretendía solo violarla, sino que con la intimidación quería “establecer una relación personal de dominación y sojuzgamiento en la que la relación sexual era una parte más”.
    Además, prosigue la sentencia, dado que la mujer vivía bajo un temor constante de lo que podía llegar a hacer su marido si desobedecía sus órdenes, en ocasiones este ni siquiera necesitaba ejercer una gran violencia sobre ella. Sencillamente, la mujer ya sabía de lo que era capaz si le llevaba la contraria.
    Durante el juicio varios testigos confirmaron que "la situación de maltrato" era "de data antigua", según asevera el tribunal. Y que cuando el hombre bebía, la pareja mantenía "relaciones sexuales aún con la oposición de ella". Pero todos estos datos, que según el sentido común acreditarían la culpabilidad del acusado, sirven a los magistrados para declarar su inocencia. Los jueces argumentan que esta situación de sometimiento sexual ocurre "durante toda la convivencia con él", y que, por tanto, los dos días en los que se habían producido las presuntas violaciones no eran nada más que parte de lo que ocurría siempre.
    La conclusión final de los magistrados es que la oposición de la víctima ante un caso de violación debe quedar exteriorizada “de un modo manifiesto” y concreto, y que en este caso, según la sentencia, no había sucedido. No se había probado, según ellos, un dolo específico dirigido a la agresión sexual. Y como nadie había presentado acusación por un delito de maltrato habitual, nada se podía hacer.
    Cuando el caso llegó al Supremo, este, en una sentencia reciente, volvió a dar la razón al presunto violador. El alto tribunal no avaló los argumentos de la Audiencia Provincial, pero señaló que, al tratarse de una sentencia absolutoria, para revisarla y condenar al acusado se exigiría, según la jurisprudencia del Constitucional y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que declarara ante ellos. Pero este trámite no está previsto en el recurso de casación en el Supremo. Así que, concluye la sala, no se puede hacer nada. La "inocencia" del hombre quedaba confirmada.
    Solo uno de los magistrados, Joaquín Giménez, discrepó a través de un voto particular. Haciendo notar la contradicción de que por un lado se admitiera que la mujer había accedido a mantener relaciones sexuales por el profundo temor que le infundía su marido borracho y que por otro se dijera que no hubo intimidación, propuso que se anulara la sentencia y se repitiera el juicio con un nuevo tribunal.
    Giménez puso un poco de sentido común para evitar la impunidad. Pero lo que vale es lo que decidió la mayoría de los magistrados. ¿Cree alguien que la víctima pudo entender los argumentos de estos últimos? ¿Los comprende usted?


    Si te violo siempre, es como si nunca lo hubiera hecho >> Etiqueta Roja >> Blogs EL PAÍS
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    Estas cosas, aun incomprensibles, suceden. No hay que ser un especialista en pleitos.

    En otro conocido caso, unos tipos sentenciaron que era homicidio y no asesinato. Quedó probado que la víctima, una mujer, recibió de su marido 36 puñaladas, de ellas 7 mortales. Cuando dispongan de un momento en sus ajetreadas labores, esos mismos tipos me han de explicar que entienden por ensañamiento, no es lo que me enseñaron.

    Lo humano tiene estas cosas, extraña en tipos supuestamente educados, son precisamente estos mismos tipos los que obligan a diferenciar que una cosa es la justicia que entiende y exige la naturaleza humana y otra los intereses, la aplicación del derecho y sus procesos. Y luego se quejan de la falta de aprecio por la sociedad, no se olvide, a la que dicen servir.

    ¡Que serio me ha salido esto!

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  5. #3
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    La justicia es ciega y los jueces también. Lamentable es quedarse corto.

    Un famoso (torero o bailaor por poner un ejemplo) mata a una persona (borracho o sin carnet, por ejemplo) y está pocos meses en la cárcel o vete tú a saber si va. Me gustaría saber si la persona fuese un mortal de "a pie" si le caerían 20 ó 30 años.

    Ya lo decía mi madre: El que tiene padrino, se bautiza.
    ¿Por qué sentimos la necesidad de poseer aquello que amamos? ¿Y por qué nos volvemos gilipollas cuando lo hacemos?

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  7. #4
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    Hay que ver lo hijos de perra que son algunos jueces. Asco me dan.

    Perdón por equiparar un juez a un perro. El pedir perdón es para el perro claro.
    El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

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  9. #5
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    En estos últimos días se han producido múltiples agresiones y muertes de mujeres a manos de sus parejas.
    Hombres encantadores donde los haya.
    Dos llamaron mi atención especialmente:

    Una mujer a la que su marido asesinó, al volver a su casa, tras ponerle una denuncia en comisaría por malos tratos.
    ¿Denuncia a su marido y la policía no se asegura de detenerle? Incomprensible, al menos para mí.

    El segundo es el de un hombre (¿?) que, tras presentar una demanda de divorcio de "mutuo acuerdo", la apuñala al salir del despacho del abogado.
    Lo hace por la espalda. Se puede ser más cobarde?

    Si unimos estos dos trágicos sucesos y lo añadimos a esta sentencia, díganme por favor los doctos en la materia...
    ¿Dónde quedan los derechos de las mujeres agredidas, violadas, asesinadas, frente a los derechos de sus agresores y asesinos?

    Descansen en paz las víctimas del "La Maté porque era Mía"
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  11. #6
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    Esto se arreglará el día que a alguna hija de un Juez su pareja le clave un par de puñaladas. Es lo que hay.

    Detesto leer noticias sobre violencia de género. Me da igual si el agresor es hombre o mujer y si la víctima es macho o hembra.
    He dicho!
    El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

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  13. #7
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    Una historia tan real, como desgarradora.
    Y puedo aseguraros que, son muchas las mujeres que pasan por infiernos similares.

    Yo violada

    Una hermana cuenta su infierno secreto, reivindicación política y denuncia social. Mujer que se desnuda y se empodera con su historia, que comparte y declara como fue violada en el noviazgo.
    Una hermana valiente. Una hermana que somos todas.


    A veces sucede que guardas cuidadosamente algo durante mucho tiempo, años incluso, y de pronto sale de ti cuando menos lo esperas, abandonándote casi descontroladamente.
    Aún no había cumplido los trece años y tenía un novio de más edad que yo, tanto que él ya había pasado los dieciocho… Nos escribíamos cartas, nos llamábamos desde las cabinas con un puñado de pesetas, tardamos meses en darnos un solo beso en los labios. Y poco más en comenzar a abusar de mí.
    Yo era virgen, él decía que también. Nuestro amor era tan grande que teníamos que ser uno, debíamos hacerlo para confirmar que era una relación de verdad, el sexo era la prueba elemental de amor. Eso me decía a diario.
    Para esa inolvidable primera vez quería llevarme a un lugar inhóspito, en pleno campo, bajo la luz de la luna. Quedamos a las 22h en punto pero yo no quería ir, y como no era capaz de decírselo, me puse unos zapatos de plataforma con los que tendría la excusa perfecta: imposible andar por el campo con estas sandalias. Apenas llegué y cal mirarme los pies comenzó a gritar, arrojó rabioso una lata contra la pared…Porque mi desgana significaba que yo no sentía nada por él, que nunca le había querido, que estaba por pasar el rato, que no le tomaba en serio. Amenazaba con dejarme.
    Sí, al día siguiente llevé ropa cómoda…Y fui. No quería, tenía miedo, no sabía ni lo que estaba haciendo. Y fui. Desatando desde entonces un sinfín de abusos y chantajes. Comenzaba mi infierno secreto.
    Aquella tarde refrescaba y subiendo a su casa a por una sudadera quiso follar en el ascensor, yo de ningún modo quería. Me dijo que no fuera tonta, que no iba a dejarle así, que un poquito solamente. Detuvo el ascensor, me arrinconó contra los cristales, me rompió las medias por debajo de la falda. Me metió su asquerosa e indeseada polla hasta que se cansó mientras yo apretaba con fuerza los ojos deseando que todo acabara pronto. Luego desbloqueó el ascensor y todo siguió como si nada. Si eso era el amor, me preguntaba por qué todo el mundo parecía buscarlo.
    Una noche mientras paseábamos me propuso ir a un sitio tranquilo para fumarnos unos pitillos a escondidas, así que nos dirigimos a un viejo parque junto a las vías del tren. Había llovido y la tierra estaba mojada, nos sentamos sobre un gran tronco de madera caído. Él quería saber si alguna vez había chupado una polla, aunque era evidente que no. Antes de que me diera apenas tiempo a responder ya sabía lo que vendría después…Hacerlo como prueba de amor. Y sí, así fue. Sentí un asco tan profundo que aún hoy recordarlo me revuelve las entrañas. Quería enseñarme, en ello residía su perturbado morbo, en mi absoluta inocencia, en mi confianza ciega, en mi fragilidad emocional, en mi desprotección.
    Decidí acabar con aquella relación algo más de un año después, por tantas razones que ya apenas puedo recordarlas…Me suplicó ser mi amigo, y mientras aún lo intentábamos, nos encontramos una tarde en la plaza. Decidimos dar un paseo para charlar, ya que yo ese día había discutido con mi mejor amiga y necesitaba desahogarme. Caminando vi que nos dirigíamos al inhóspito campo de la primera vez, me explicó que sería bonito recordar juntos aquellos viejos tiempos, una vez más le creí sin querer hacerlo.

    Al llegar nos sentamos sobre unas grandes rocas, la discusión con mi amiga había sido muy dura para mí y mientras se lo contaba comencé a llorar llevándome las manos a la cara. Me abrazó, comenzó a besarme el cuello susurrando que me calmara.
    ¿Alguna vez habéis intentado evitar que alguien os toque? Me refiero a esas formas sutiles pero decididas de nuestro cuerpo para dirigirse en dirección opuesta a quien nos roza, al mismo tiempo que ese alguien duplica la fuerza ejercida para retenerte. Es como un lenguaje mudo en el que quieres huir sabiendo que no podrás escapar, pero tu cuerpo se niega a aceptarlo.
    Continuaba llorando, ya no sabía si por mi amiga, por verme allí de nuevo con él, por todo lo que me esperaba… Empezó bajándome el hombro de la camiseta, me besaba y acariciaba con tal ansiedad que me arañaba la piel.
    Dije: “no quiero”, “por favor, no quiero”. Lo susurré amablemente. Lo afirmé amenazante. Lo grité desgarrada.
    Me respondió que entonces para qué le había llevado hasta allí, que para qué me había puesto la camiseta de cuadros de escote en la espalda, que por qué ahora disimulaba como si no me gustara, que no le tocara los cojones que le llevaba calentando desde el primer momento.
    Yo seguía llorando, él se ponía el condón torpemente, alumbrado ya apenas por algunas farolas lejanas. Rompió la cremallera de aquél pantalón amarillo que jamás he vuelto a ponerme. Una vez más apretaba los ojos con fuerza para desaparecer, pero esta vez no podía frenar las lágrimas que se derramaban sobre mi pecho semidesnudo con la ropa arrancada.
    Me gritó: “Deja de llorar ya, joder, que me cortas el punto”. Y yo lloré con tanta fuerza que sacó su polla de mi cuerpo lleno de rabia, tiró el condón a un charco y me dijo que ahora me volvería sola hasta mi casa, a ver si lo que me hacían por el camino era peor y lloraba con razón.
    Pero ya nada me daba miedo y comencé a andar a toda prisa por aquellos caminos en la noche cerrada. No podía dejar de llorar, me agarraba fuertemente los brazos para intentar tranquilizarme, me corté los pies con decenas de cristales rotos. Sólo quería llegar a casa.
    Conseguí dormir entre escalofríos y sudores, pero me despertó su llamada a primera hora: me estaba esperando en el centro médico para que me facilitaran la píldora del día después. Al parecer había olvidado comentarme que el condón de la noche anterior estaba roto. Creí que en ese momento morirme sería la mejor de mis suertes. Sin fuerza me arrastré hasta el centro médico, con ojeras y los pies llenos de heridas, con un intenso dolor en la vagina y mi profundo miedo. No me la dieron por ser menor de edad. Recorrí todas las farmacias y centros de planificación familiar, nadie me dio aquella maldita pastilla.
    Con poco más de 14 años le grité su final en mi vida, si estaba embarazada y decidía continuar jamás conocería al fruto de mis entrañas, que jamás lo vería, que se alejara para siempre. No sé de dónde saqué las fuerzas para hacerlo. Y en apenas 48h me vino la regla…Liberándome para siempre.
    Durante años he recibido regalos, fotografías enmarcadas, cartas, llamadas, mensajes, mails… Más de 10 años después he tenido que bloquearle en todas las redes para que dejara de acosarme, he tenido que esconderme en festivales y sitios públicos, ha dormido varios días en mi portal esperándome, ha recorrido pueblos detrás de mí para fingir un encuentro casual.
    Durante años pensé que tu pareja no podía violarte, que eso sólo lo hacía extraños con una navaja. Nadie me avisó de todas las formas de violencia que ejercerían contra mí y contra mi cuerpo de mujer.
    Nunca denuncié, jamás me he sentido segura ni protegida para hacerlo. Sé que su venganza sería terrible, y que la ley no me protegería de ella. Una sociedad machista tácitamente permite esta barbarie, mira hacia otro lado, legitima el abuso poniendo siempre insuficientes medios de prevención y protección.
    Quien me hizo vivir esta pesadilla es una persona que vive plenamente integrada en esta sociedad enferma, trabaja y tiene una familia, sale de fiesta con sus amigos, colabora en ong’s, podría ser cualquiera de los treintañeros con los que te cruzas por la calle.
    Este es mi infierno secreto, el que conocen menos personas que dedos hay en mis manos. El que me ha costado mucho miedo, mucho dolor, pero también mucha fuerza y mucha valentía. El que cada día dejo más lejos cuando comprendo que quien me hizo esto no es más que un hijo sano del patriarcado.

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    Aún no había cumplido los trece años y tenía un novio de más edad que yo, tanto que él ya había pasado los dieciocho… Nos escribíamos cartas, nos llamábamos desde las cabinas con un puñado de pesetas, tardamos meses en darnos un solo beso en los labios. Y poco más en comenzar a abusar de mí.
    Yo era virgen, él decía que también. Nuestro amor era tan grande que teníamos que ser uno, debíamos hacerlo para confirmar que era una relación de verdad, el sexo era la prueba elemental de amor. Eso me decía a diario.
    Para esa inolvidable primera vez quería llevarme a un lugar inhóspito, en pleno campo, bajo la luz de la luna. Quedamos a las 22h en punto pero yo no quería ir, y como no era capaz de decírselo, me puse unos zapatos de plataforma con los que tendría la excusa perfecta: imposible andar por el campo con estas sandalias. Apenas llegué y cal mirarme los pies comenzó a gritar, arrojó rabioso una lata contra la pared…Porque mi desgana significaba que yo no sentía nada por él, que nunca le había querido, que estaba por pasar el rato, que no le tomaba en serio. Amenazaba con dejarme.
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    Aquella tarde refrescaba y subiendo a su casa a por una sudadera quiso follar en el ascensor, yo de ningún modo quería. Me dijo que no fuera tonta, que no iba a dejarle así, que un poquito solamente. Detuvo el ascensor, me arrinconó contra los cristales, me rompió las medias por debajo de la falda. Me metió su asquerosa e indeseada polla hasta que se cansó mientras yo apretaba con fuerza los ojos deseando que todo acabara pronto. Luego desbloqueó el ascensor y todo siguió como si nada. Si eso era el amor, me preguntaba por qué todo el mundo parecía buscarlo.
    Una noche mientras paseábamos me propuso ir a un sitio tranquilo para fumarnos unos pitillos a escondidas, así que nos dirigimos a un viejo parque junto a las vías del tren. Había llovido y la tierra estaba mojada, nos sentamos sobre un gran tronco de madera caído. Él quería saber si alguna vez había chupado una polla, aunque era evidente que no. Antes de que me diera apenas tiempo a responder ya sabía lo que vendría después…Hacerlo como prueba de amor. Y sí, así fue. Sentí un asco tan profundo que aún hoy recordarlo me revuelve las entrañas. Quería enseñarme, en ello residía su perturbado morbo, en mi absoluta inocencia, en mi confianza ciega, en mi fragilidad emocional, en mi desprotección.
    Decidí acabar con aquella relación algo más de un año después, por tantas razones que ya apenas puedo recordarlas…Me suplicó ser mi amigo, y mientras aún lo intentábamos, nos encontramos una tarde en la plaza. Decidimos dar un paseo para charlar, ya que yo ese día había discutido con mi mejor amiga y necesitaba desahogarme. Caminando vi que nos dirigíamos al inhóspito campo de la primera vez, me explicó que sería bonito recordar juntos aquellos viejos tiempos, una vez más le creí sin querer hacerlo.

    Al llegar nos sentamos sobre unas grandes rocas, la discusión con mi amiga había sido muy dura para mí y mientras se lo contaba comencé a llorar llevándome las manos a la cara. Me abrazó, comenzó a besarme el cuello susurrando que me calmara.
    ¿Alguna vez habéis intentado evitar que alguien os toque? Me refiero a esas formas sutiles pero decididas de nuestro cuerpo para dirigirse en dirección opuesta a quien nos roza, al mismo tiempo que ese alguien duplica la fuerza ejercida para retenerte. Es como un lenguaje mudo en el que quieres huir sabiendo que no podrás escapar, pero tu cuerpo se niega a aceptarlo.
    Continuaba llorando, ya no sabía si por mi amiga, por verme allí de nuevo con él, por todo lo que me esperaba… Empezó bajándome el hombro de la camiseta, me besaba y acariciaba con tal ansiedad que me arañaba la piel.
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    Me respondió que entonces para qué le había llevado hasta allí, que para qué me había puesto la camiseta de cuadros de escote en la espalda, que por qué ahora disimulaba como si no me gustara, que no le tocara los cojones que le llevaba calentando desde el primer momento.
    Yo seguía llorando, él se ponía el condón torpemente, alumbrado ya apenas por algunas farolas lejanas. Rompió la cremallera de aquél pantalón amarillo que jamás he vuelto a ponerme. Una vez más apretaba los ojos con fuerza para desaparecer, pero esta vez no podía frenar las lágrimas que se derramaban sobre mi pecho semidesnudo con la ropa arrancada.
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    Pero ya nada me daba miedo y comencé a andar a toda prisa por aquellos caminos en la noche cerrada. No podía dejar de llorar, me agarraba fuertemente los brazos para intentar tranquilizarme, me corté los pies con decenas de cristales rotos. Sólo quería llegar a casa.
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    Con poco más de 14 años le grité su final en mi vida, si estaba embarazada y decidía continuar jamás conocería al fruto de mis entrañas, que jamás lo vería, que se alejara para siempre. No sé de dónde saqué las fuerzas para hacerlo. Y en apenas 48h me vino la regla…Liberándome para siempre.
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    Nunca denuncié, jamás me he sentido segura ni protegida para hacerlo. Sé que su venganza sería terrible, y que la ley no me protegería de ella. Una sociedad machista tácitamente permite esta barbarie, mira hacia otro lado, legitima el abuso poniendo siempre insuficientes medios de prevención y protección.
    Quien me hizo vivir esta pesadilla es una persona que vive plenamente integrada en esta sociedad enferma, trabaja y tiene una familia, sale de fiesta con sus amigos, colabora en ong’s, podría ser cualquiera de los treintañeros con los que te cruzas por la calle.
    Este es mi infierno secreto, el que conocen menos personas que dedos hay en mis manos. El que me ha costado mucho miedo, mucho dolor, pero también mucha fuerza y mucha valentía. El que cada día dejo más lejos cuando comprendo que quien me hizo esto no es más que un hijo sano del patriarcado.

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    Por razones que conoces , no me extenderé mucho solo confirmar lo que en esta sociedad hipocrita cada dia es más manifisto ,en lugar de avanzar hacia LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS vamos retrocediendo a la edad media , se juntan políticos moralistas , mujeres ( si se les puede llamar así ) abolicionistas que dicen luchar por la libertad de la demás , y lo que hacen es poner más trabas en esta lucha , la libertad es poder ser un@ mism@ siempre que no se haga daño a los demás , y que yo sepa tod@s nacemos igual desnud@s y llorando , la diferencia está en que lado de esta socidad te eduquen y te den libertad de elegir , ya sea creencias , trabajo, y como quieras vivir tu día a día ,
    por ello siempre digo que como profesional del sexo siempre he sido libre y aunque trabajé y trabajo cuando puedo nunca he dejado de ser Shara pues siendo escort , es cuando más he sido sincera con los demás y conmigo misma ,

    La persona que violenta a otra cotra su voluntad ni es persona ni humana , solo son despojos , con tan baja estima de sí mismos que lo pagan con l@s débiles que tienen a su alrededor ,
    la justicia es solo un reflejo del momento en la historia de una sociedad corrompida y que prefire la violencia a las expresiones de amor y cariño

    PD al decir trabajo normal me refiero a aquel que la sociedad acepta , ya que el nuestro aún no lo ha hecho , pero en ello estamos
    Última edición por Shara; 04/06/2013 a las 22:08
    MI NUEVA WEB -BLOG http://www.sharaescort.com/


    Cuando un hombre se echa atrás, sólo retrocede de verdad. Una mujer sólo retrocede para coger carrerilla

    …Zsa Zsa Gabor, actriz húngara.

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