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    Violin La banda sonora del sexo: cómo las canciones pueden excitarte

    La música es un potente afrodisíaco que aumenta nuestras revoluciones y nos prepara para el sexo. ¿Existe una 'playlist' infalible para no fallar en la cama?

    RITA ABUNDANCIA

    El protagonista de 'Alta fidelidad' tenía claro que la música era un gran arma de seducción.

    Foto: Everett Collection

    Una escena frecuente en el cine, sobre todo en el clásico, era la del protagonista llegando a casa acompañado de una chica y con el firme propósito de seducirla. Lo primero que hacía era poner luz tenue, algo de música en el tocadiscos y preparar unas bebidas bien cargadas. La versión femenina del tema, cuando era ella la que lo llevaba a su apartamento, incluía también que la chica se ausentaba por unos momentos, alegando que iba a ponerse algo más cómoda, y aparecía de repente enfundada en una transparente negligé. Siempre he querido representar ese papel, así que a lo largo de mi vida me he hecho con piezas de lencería adecuadas para la ocasión, y cuando por fin he reunido el valor de atreverme a representar la escena y asumir, dignamente, todas las consecuencias, lo que me falta ahora es mi propio apartamento.

    La sabiduría popular ha ido, a menudo, por delante de la ciencia y ya muchos conocían que para amansar a las fieras no hay nada como la música. Idea corroborada por especialistas en los últimos años y que abre todo un mundo de posibilidades a los ritmos como potenciadores del deseo y catalizadores del encuentro sexual.


    El año pasado Spotify hizo un estudio que encargó al psicólogo musical Daniel Müllensiefen, titulado Science Behind the Song, y que tenía como objetivo investigar el importante papel de la música en el sexo y el enamoramiento. De él salieron algunos datos reveladores como el que decía que el 40% de los participantes –2.000 personas– encontraban la música más excitante que el tacto en la relación sexual; otro que apuntaba que la melodía estimula las mismas zonas de placer en el cerebro que el sexo o la comida; y un tercero, que clasificaba a las voces roncas y ásperas como las más excitantes. Spotify quería saber también los gustos de sus oyentes y elaborar una playlistcon los temas más libidinosos. Dirty Dancing resultó ser la banda sonora más votada para hacer el amor, mientras la canción Sexual Healing, de Marvin Gaye, fue la preferida para entrar en ambiente. Si se les diera a elegir a algunos entre escuchar música y echar un polvo, muchos optarían por lo primero, y en la clasificación de 'Canciones mejores que el sexo' se encuentran respectivamente: Bohemian Rhapsody, de Queen; Sex On Fire, de Kings of Leon; Angels, de Robin Williams; Bat Out Of Hells, de Meat Loaf y Living On A Prayer, de Bon Jovi.


    Música y sexo han formado siempre una buena pareja, hasta el punto de que algunas melodías, se han basado, única y exclusivamente, en los sonidos del amor. Je t’aime moi non plus, de Serge Gainsbourg y Jane Birkin, es considerada por muchos como la canción más erótica de la historia, entre ellos el periodista y crítico musical Jesús Ordovás, con programa propio, Nuevas Sensaciones, en Radio Gladys Palmera, que apunta: “El tema de Gainsbourg tiene todos los ingredientes necesarios: susurros, ritmo que va creciendo y además es en francés, idioma que muchos consideran el más excitante. Fue todo un boom en la época, estuvo muchos años censurado y la gente se excitaba mucho oyéndolo. Yo creo que esa canción estará siempre en el primer puesto de temas eróticos. Aunque también hay que hablar de Prince, un músico muy sexual. De hecho, una de sus canciones, Orgasm, es puro sexo y gemidos en directo”.


    El género 'orgásmico' en música, cuenta con numerosos ejemplos de canciones que retransmiten o incluyen los ruidos del apareamiento, algunos de ellos dentro del techno o música electrónica como Orgya, de Amplesso, o French Kiss, de Carl Cox. Según cuenta un técnico de sonido que estuvo presente en la primera grabación del tema de Gainsbourg, el que cantó a dúo con Brigitte Bardot en 1967 y que luego se retiró por petición de la actriz por miedo al escándalo, la pareja se masturbó uno al otro para que los gemidos fueran reales.


    Según Spotify, 'Dirty Dancing' es la banda sonora más votada para hacer el amor.

    Foto: Everett Collection

    Pareciera que el sexo exige siempre una banda sonora y, si no hay música a nuestro alcance, los susurros, jadeos y suspiros cumplen la función de aumentar nuestra excitación. Un reciente estudio de la University of Central Lancashire, en Inglaterra, que se realizó con 71 mujeres de 18 a 48 años, demostró que los sonidos que muchas de ellas emitían durante el coito no procedían siempre de la excitación o el orgasmo. Muchas fingían o exageraban para estimular a sus parejas. Un comportamiento ancestral que verificaba otro estudio publicado en LiveScience.com y que mostraba que el 86% de las hembras gimen en el acto sexual para excitar a sus compañeros. Es más, según la misma investigación, muchos machos no podrían llegar a la eyaculación sin esta “melodía” emitida por sus parejas.

    Silva Knobloch-Westerwick de la Ohio School of Communication (EE.UU.) llegó a la conclusión de que las mujeres que escuchan canciones “subiditas de tono” piensan en términos de diversión y están más dispuestas a dejarse llevar y pasar un buen rato, según un artículo titulado La música del sexo y publicado en la revista Men’s Health.


    El sexólogo Santiago Frago, codirector del Instituto Amaltea, centro especializado en sexología, en Zaragoza, comenta como la música es un elemento importante a nivel terapéutico, cuando se trata de trabajar el erotismo en un plano sensorial. “Da color a los encuentros y tiene una gran capacidad de evocación, de transportarnos a momentos o a escenarios más placenteros”, dice Frago. “Es muy adecuada para personas a las que les cuesta desconectar y dejarse llevar por sus sensaciones. Genera intimidad. El oído es un sentido muy importante a tener en cuenta en el ámbito erótico, y no solo me refiero a la música, sino a las palabras, a lo que se dice mientras practicamos el sexo”, comenta este especialista.


    Las canciones con letras evocadoras o directamente guarras, son otro género con numerosos ejemplos en la historia de la música. Desde las más explícitas, como Quiero que ahora me folles, de los barceloneses Solo los Solo, –para muchos la canción más guarra de la historia del hip-hop español– o Lo estás haciendo muy bien, de Semen Up, que describía una mamada; hasta las más evocadoras tipo Burbujas de amor, de Juan Luís Guerra, que, según me enteré hace dos días, hace alusión al cunnilingus. ¿Ojalá que llueva café tiene también una doble lectura?

    Hasta el momento, no se ha descubierto si existe un género musical más propicio que otro para el amor. Como comenta el psicólogo y sexólogo Ezequiel López Peralta en un artículo de discoverymujer.com, “ En los últimos tiempos han proliferado diferentes discos que se promocionan como música para hacer el amor, y que en realidad son versiones electrónicas de viejos temas clásicos muy sugerentes, o canciones chill out. Es cierto que algunos géneros musicales están bastante relacionados con el romanticismo y la seducción: el blues, el jazz, la bossa, los boleros, las baladas, la música clásica, el “ambient”, el tango… Pero definitivamente las preferencias son muy particulares y dependen de la edad, el estilo personal y las experiencias que vivimos”.


    Tendemos a identificar las músicas con su historia y suponer que el rock, sinfonía del diablo, como fue calificada por muchos en sus inicios, es la que más desata la lujuria. Pero no se crean, la música clásica para momentos íntimos tiene también sus fans. Sin ir más lejos, George Webber, el protagonista de 10, La mujer perfecta (1979), encarnado por el actor Duddley Moore, gustaba de hacer el amor al son de Bolero de Maurice Ravel y los interpretes de música clásica, ahí tan modositos como los ven, parece ser que esconden temperamentos ardientes. Como apuntaba el artículo de Men’s Health, “según una encuesta realizada por la revista de música clásica Muso, el perfil de los aficionados a la viola le sacaría los colores al Marqués de Sade. Son personas promiscuas, con 10 o más parejas sexuales, propensas a tener sexo en la primera cita y mantener relaciones de dos a tres veces por semana”. ¿Será la Quinta Sinfonía de Beethoven otro mensaje erótico subliminal?

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