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    Grouphug Dos pisos de avión para el sexo libertino

    Un histórico modelo de la aviación francesa -el Breguet 763 Deux-Ponts- que preside un aeródromo en las cercanías de París se convierte en club de intercambio de parejas | Fue el primer avión de dos pisos y, obsoleto, ha acabado sus días como sede de un club libertino


    Hasta con terraza. Durante el buen tiempo las parejas que frecuentan el Breguet DeuxPonts pueden disfrutar de una terraza en el aeródromo de Fontegnay-Tresigny Archivo



    Hay dos célebres Breguet: uno, suizo, es conocido como marca relojera de prestigio. Otro, francés, es un icono de la historia de la aviación. El segundo, fundado en 1911 como Société anonyme des ateliers d'aviation Louis Breguet dio momentos de gloria a los primeros compases del transporte aéreo y la aviación militar francesa. Entre sus aviones más conocidos se encuentra el XVI, avión mixto de vigilancia y ataque, considerado como el mejor bombardero de la Primera Guerra Mundial, con capacidad para transportar hasta 300 kilos de munición.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, Breguet recibió el encargo del Gobierno francés de construir un avión de pasaje y carga dedicado a cubrir las rutas hacia Córcega y, sobre todo, hacia Argelia. El resultado fue un diseño quizá poco agraciado, pero robusto, con gran capacidad y una característica muy peculiar: dos pisos, una construcción ahora normal con los Boeing 747 y los A380, pero por entonces prácticamente inédita, de ahí su sobrenombre: Breguet 763 Deux-Ponts (dos puentes).

    Se construyeron veinte unidades, que sirvieron tanto con Air France como con el Ejército del Aire. Su peculiar aspecto los hizo muy populares en los aeropuertos argelinos, donde servían de puente de enlace con la metrópoli. A pesar de sus virtudes técnicas, el avión fue superado por el Caravelle y perdió el favor de sus dos operadores y todos fueron desguazados, salvo tres.

    Uno de esos aviones acabó aterrizando en Fontegnay-Tresigny, un pequeño aeródromo situado a 40 kilómetros al este de París. Tras años de abandono fue vendido prácticamente como chatarra y se realizó una reforma integral para convertirlo en restaurante, un establecimiento que se hizo muy popular entre aviadores y aficionados a la aviación, que volaban hasta el lugar para comer lo que cocinaba Guy Carpentier hasta la jubilación de este hace un par de años.

    Por entonces nadie se interesó en reabrirlo con su función anterior, sino que el Breguet dio un viraje de 180º para reabrir, tras una nueva reforma de su interior, como un club liberal, llamado muy apropiadamente Le Septième Ciel (el séptimo cielo). Así, en la planta inferior, se ha mantenido la barra de bar, pero en lugar de mesas hay sofás y una cama, junto a una pista de baile, mientras que en la planta superior, la cocina se ha cambiado por un pequeño spa, hay varias zonas con sillones confortables para tomar copas y la parte delantera del DeuxPonts, incluida la cabina de pilotaje se ha convertido en una gran cama en la que cumplir las fantasías eróticas de los clientes del club, que en verano también se ampliarán con una zona ajardinada con piscina.

    "Somos un club liberal pero tenemos algunas normas estrictas: las mujeres tienen prohibidos los pantalones y los hombres los tejanos, las camisetas y las deportivas", indica por teléfono a La Vanguardia Maud Hernández, la directora del club. "Nuestra clientela está formada por parejas desde los 25 hasta los 60 años. Quieren divertirse, pasar una noche especial a bordo de un avión único en Europa y conocer a otra gente con sus mismas inquietudes". Preguntada por sus vecinos, los aviadores y socios del aeroclub Chaubuisson, Hernández reconoce que durante los primeros meses algunos socios intentaron por todos los medios que la actividad liberal no se llevase a cabo por cuestiones de imagen, al ser el avión más grande y símbolo del aeródromo. "Incluso llamaron a la policía, pero legalmente no podían acusarnos de nada".

    Así, de jueves a domingo, en el Breguet las parejas pueden emular la legendaria escena de Emmanuelle con Sylvia Kristel en el lavabo del avión, aunque en este caso los protagonistas no han de preocuparse del espacio, de ser descubiertos por las azafatas o de la presencia de más gente en su escena, pues los dos puentes de la aeronave están preparados para dar rienda suelta a cualquier vuelo.

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    Soluciono problemas
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