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Tema: El Piano

  1. #1
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    El Piano

    Solitaria en la estación de tren se mostraba la pianista en todo su esplendor. Figura esbelta, pelo rojizo ensortijado. Ligera, atractiva, desubicada… A su alrededor todo parecía transcurrir más despacio. A cámara lenta. Y la luna brillaba sobre la capital.

    Todavía no sabía cómo había llegado a esa situación. Un par de correos, una escueta conversación, mucha curiosidad, un poco de suerte. Ahora mi primer impulso era olvidarme de todo y pasar de largo. Las piernas me temblaban.

    Finalmente salgo del coche y me acerco. Ella no sabe quien soy. Mira a su alrededor intentando adivinar si este o aquel serán su reciente admirador, pero todos pasan de largo. Cierto nerviosismo también se adivina en su rostro. ¿Enfado? Tal vez. Llego quince minutos tarde. Me ve de pasada sin prestarme atención. Le saludo y, ahora sí, esboza una tímida sonrisa. Parece delicada, es preciosa.

    El camino desde Levante rápido y cómodo. Por la otra parte, un día digno de olvidar. Horrible. Una cadena se interpone entre ambos y en ese momento todo cambia. Su gesto, esos profundos ojos verdes. Una pícara sonrisa adornada con miles de pecas. Y una voz capaz de encantar a cualquier incauto que se detenga a escuchar.

    Me disculpo; me disculpo y me vuelvo a disculpar. No las acepta. Despreocupada el resta importancia y parece que tras los dos besos preceptivos, el lastre a mis espaldas cae pesadamente al suelo. Suspiro. Los brazos son aún un flan, pero ya puedo respirar entrecortadamente.

    Nos esperan para cenar. La acompaño a mi coche llevándole su pequeña maleta. Le abro la puerta y mientras se mete en el coche disfruto de unas piernas sin fin. Le pregunto por el concierto. Debutaba ese mismo día y ciertos nervios habían hecho que su última semana hubiera sido un tanto ajetreada. Ahora prometía relajarse. Todo bien.

    Encontramos aparcamiento a cinco minutos del japonés. Maravilloso a la hora de disfrutar de un poco de conversación. Ella es interesante. Sorprendente su capacidad de adaptarse a la situación. Culta. Viajada. Justo como me la había imaginado. Yo soy un desastre. Despistado, torpe y un tanto descentrado. La reserva estaba en otro restaurante.

    No se va corriendo. Claro. El billete de vuelta es para el domingo. Puede darme alguna oportunidad más. Total, tiene dos días por delante sin otros planes. Sorprendentemente hay mesas libres incluso en la barra, donde suponía tener reserva. La crisis imagino. De cerca es aún más guapa. Me siento fuera de lugar. Y ella habla como si nada de eso importara. Los palillos y los nervios son malos compañeros. El postre lo esparzo con mi cuchara en todas direcciones. Si no se va ahora, está todo hecho. Me hipnotiza y consigue que me tranquilice.

    Deseo tomar algo, pero después de un largo día, creo que es mejor la tranquilidad del hotel. Ella no parece cansada, pero tiene que estarlo. Los nervios, los últimos ensayos, el debut, el viaje… Es casi la una de la madrugada y no quiero abusar de su comprensión. Nos alojamos en la zona norte de la Capital. Un hotelito tranquilo con vistas sobre la sierra y en una planta independiente dentro del conjunto del hotel. Incienso. Velas y flores nos esperan a nuestra llegada. Una cubitera con cava y música de fondo. La habitación es amplia. Las ganas de deshacer la maleta escasas. Nos ponemos cómodos y charlamos. Charlamos y seguimos hablando. Nos ponemos al día de quienes somos. De cómo llegué a conocerla. De aquello que queremos compartir. Ocultando lo que creemos que no debemos mencionar. El cava está fresquito. Los chocolates en su punto y la temperatura templada en aumento. Tímidamente la admiro. No es espectacular. Simplemente muy atractiva y con un rostro hermoso. Fina. Elegantemente flota sobre la moqueta. Necesito tenerla entre mis brazos. Me besa y coincidimos en ducharnos para dejar atrás las cargas de un día demasiado largo.

    Su nariz respingona luce rosadita por el sol. Su cuerpo blanco compite con el mío en palidez. Desnuda de sus tacones, tiene una estatura perfecta para alguien como yo. Y en ese momento, con el agua cayendo por nuestras cabezas vuelve a besarme. Sé que esta noche me convertirá en el hombre más feliz de la tierra. Dos horas después disfrutamos de nuestra desnudez durmiendo a la espera de que un desayuno nos despierte en cama ya bien entrada la mañana…

  2. Los Siguientes 4 Usuarios Agradecieron a Bernal de Bonaval por Este Mensaje:


  3. #2
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    …El sábado amanece temprano y por costumbre me despierto muy pronto. Trato de no moverme disfruto de mi compañera sin que esta, completamente dormida, sea consciente de la tranquilidad que trasfiere descansando junto a mí. Se le escapa un suspiro y pienso en qué estará pasando por su cabeza en ese mismo momento. Son las ocho y aprovecho para confirmar la reserva de los masajes para medio día. Me lavo un poco la cara y vuelvo al calor de la cama. La pianista luce en su desnudez, menuda, envuelta en sábanas. Está relajada. Descansa tranquila. La abrazo delicadamente y se da media vuelta.

    Pasado un buen rato, alguien me despierta con una destreza inigualable. Estoy soñando todavía. Lo sé. No puede ser verdad. Me estremezco y abro los ojos para descubrir sobre mí a quien plácidamente descansaba a mi lado hace un instante. Sonrisa juguetona, pelo enmarañado y un cuerpo inmaculado. Le gustan los gatos y me hace ronronear. Delicadamente me eleva a los cielos, para y vuelve a empezar. Con una elegancia sobrenatural parece conocer todos los secretos existentes, capaces de dejar a cualquier hombre a sus pies y conmigo lo consigue.

    El desayuno llega puntual, tras un corto descanso bien merecido por ambos. El botones parece escandalizarse y me pasa la nota con la puerta entreabierta. Le comento que ya me encargo yo de la bandeja. Queremos el desayuno en la cama. Como antaño. Estamos sedientos y el opíparo desayuno es demasiado para los dos.

    Aprovecho para tratar de admirar y lucir a mi compañera en bañador. Le propongo que después bajemos a las piscinas a lo cual accede con mucho gusto. Después de la ducha nos damos cuenta de que no nos va a dar tiempo antes de los masajes. La admiraré en soledad. El reloj comienza a correr como nunca lo había visto. Llegamos por los pelos al masaje y eso que solo había que bajar diez plantas en ascensor. Comemos casi a las cuatro de la tarde. Nos damos un paseo y llegamos a cada sitio cinco minutos antes de que cierren. Consigo que mi compañera pida árnica tras asegurarme que su calzado era tan cómodo que antes pediría yo papas que ella me reconociera estar cansada. Le sorprende que la gente parezca más arreglada que allí de donde ella proviene. Le digo que es casualidad y lo comprobamos un poco después. A las nueve nos acercamos por mi rincón favorito y cogemos comida para llevar. Nos gusta la tranquilidad de la suite.

    Prometo después acercarla a mi otra afición. Tomarnos una copa en una terraza donde explicarle la parte secreta de mi vida que apenas nadie conoce. Incumplo en sus brazos mi promesa. No puedo despegarme de ella. Tras cenar nos hacemos un ovillo en los sofás. Prometemos terminar la botella y retomamos los caminos que nos llevan a las estrellas. Después charla y más charla. Y una propuesta. Me insinúa si me gustaría disfrutar de una sesión de pases de modelos de lencería particulares. Cómo no. El negro destaca sobre su claro cuerpo. Ahora entiendo su apellido. Nunca una casualidad fue tan cierta. Tras el primer modelo vuelvo a caer a sus pies. Después el segundo, termina sobre la cama a las cuatro de la mañana. Una confesión. Un detallazo por su parte y ya no vuelvo a despertarme pronto…

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  5. #3
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    …Los golpes en la puerta despertaron hace un rato a mi dulce acompañante que, desnuda, lucha por arrancarme de los brazos de Morfeo. Esta vez el desayuno más que inoportuno ha sido impertinente. Los ojos no quieren abrirse, pero finalmente lo consigo. Tras librarme del camarero lo aparco en la entrada y vuelvo a la cama. No quiero salir de ella mientras no lo haga ella. Vuelvo a ser su gatito. Ese al que le gusta que le acaricien detrás de las orejas y que goza frotándose contra las piernas de su dueña. Sus dedos vuelven a tocar las teclas indicadas. Me rindo a sus encantos quedando a su merced. Me indica que me deje llevar. Que confíe en ella y no puedo hacer otra cosa.

    Muero en sus brazos una y otra vez para resucitar a continuación y volver a morir. Alcanzo un estado que jamás había conocido. La delicada pianista que había conocido se estaba transformando en una diablesa repleta de pasión. El reloj se para. Todo se para, menos nosotros dos. Empeñada en demostrarme que cuando creo no aguantar más, es posible llegar más lejos, finalmente consigue que caiga rendido, exhausto y feliz a sus pies.

    Nuestro último desayuno es maravilloso. Reponemos fuerzas y renegamos de la ducha. Tenemos que probar el impresionante jacuzzi de la habitación. Sales, vapor, dos copas y unos bombones. Yo no puedo parar de masajearle los piececitos. Ella no acaba de dibujar en mi espalda con su dedo. Ha conseguido matar todas mis preocupaciones. A un día vista de mi vuelta a la rutina, me ha insuflado la vitalidad necesaria para retomar mis obligaciones. Pero hasta las siete somos el uno para el otro.

    Cuando parecemos uvas pasas, decidimos dejar los chorros y el baño y acercarnos a ver qué sucede en la calle. Parece que se oye mucho jaleo. Un autobús enorme está a las puertas y recuerdo que hemos compartido alojamiento con otros campeones. Decidimos salir al bar para ver si nos cruzamos con alguien, pero la planta diez está desierta. El botones al que cuatro veces le hemos dicho desde la habitación que no era momento de abrirle la puerta, no da señales de vida tampoco. Charlamos despreocupadamente como si nos conociéramos de toda la vida, sin pararnos a pensar que hace dos días ni siquiera sabíamos quienes éramos. Ella luce un precioso vestido color turquesa. Destaca bajo su pelo y hace juego con sus preciosos ojos. Es maravillosa.

    Se nos ha hecho tarde. Son las cuatro, pero no quiero irme. Las maletas están por hacer. Todo por recoger. Pero tenemos tres horas aún por delante. A sabiendas que podría ser la última vez que disfrutara de tan grata compañía, deseo que el teléfono no suene nunca. Ella parece leerme el pensamiento y me indica que no tiene pensado irse hasta enseñarme sus últimos trucos. Benditos trucos. Ahora si que me he rendido a sus encantos. Tanto que creo que he vuelto a mi ser, desconectando de nuevo las dos neuronas funcionales que tengo.

    Pierdo la cabeza, la mitad de la maleta y la escasa dignidad que había recuperado. Salimos zumbando del hotel. Ella no puede perder por segunda vez en su vida ese tren. Llegamos diez minutos antes, justo a tiempo. A tiempo para comprobar que soy aún más estúpido de lo que creía. A cinco mil kilómetros, tengo que solucionar algo que un caballero nunca debe de hacer. Sé que me perdonará. Lo que no sé es si yo seré capaz de perdonármelo. Ahora, cada vez que oiga un piano, creo que me acordaré de una persona que consiguió devolverme la felicidad en un mes de mayo. No tiene precio quien es capaz de hacer sentirse feliz al prójimo. Por ello, solo se me ha ocurrido escribir esta historia como agradecimiento.
    Última edición por Bernal de Bonaval; 15/05/2012 a las 11:30

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  7. #4
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    Un bonito relato, Bernal. Y un fin de semana a envidiar, lo que hago.

    No nos cuentas quien es la protagonista pero tampoco quiero chafardear, desconozco los pormenores y hay que respetar.

    Podemos realizar una aproximación por eliminación: la chica no creo que sea Rita Barberá, tampoco Pilar Rahola, tampoco Belén Esteban, tampoco ……………………………

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  9. #5
    Reyes
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    He disfrutado leyéndolo y no puedo mas que guardar silencio y volverlo a leer...

  10. Los Siguientes 2 Usuarios Agradecieron a Reyes por Este Mensaje:


  11. #6
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    Cita Iniciado por Gerundio Ver mensaje
    Un bonito relato, Bernal. Y un fin de semana a envidiar, lo que hago.

    No nos cuentas quien es la protagonista pero tampoco quiero chafardear, desconozco los pormenores y hay que respetar.

    Podemos realizar una aproximación por eliminación: la chica no creo que sea Rita Barberá, tampoco Pilar Rahola, tampoco Belén Esteban, tampoco ……………………………
    ¿Protagonista? ¿Quién ha dicho que fuera cierto? Solamente un sueño convertido en trova. Una fantasía tan real que casi podría jurar haberla vivido. Pero no existen las ninfas en el mundo real. Y hoy la magia es simple ilusión. Un sueño y como decía Calderón:
    Tu voz pudo enternecerme,
    tu presencia suspenderme,
    y tu respeto turbarme.

    Con cada vez que te veo
    nueva admirazión me das,
    y cuando te miro más
    aun más mirarte deseo.
    Ojos hidrópicos creo
    que mis ojos deben ser;
    pues cuando es muerte el beber,
    beben más, y desta suerte,
    viendo que el ver me da muerte,
    estoy muriendo por ver.

    No envidies lo que no existe. Pues de oídas toco esta vez. Desde la famélica sabana, deseando estar y no estar en donde en este momento me toca.

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  13. #7
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    Bueno, bueno, no te pongas así.

    Te ha dado un ataque de poesía y eso es muy malo. No, por la poesía no, es porque lo combinas siendo del Atlético de Madrid.

    No sabía que en el Calderón os pusierais así. ¡Si solo es futbol!

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  15. #8
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    No me enfado. Simplemente presumo de mi graduado escolar que con tanto esfuerzo obtuve. En un foro rodeado por gentes de tanta cultura, trato humildemente de codearme con la crème de la crème. En mi caso plagiando, que es gerundio, a los clásicos.

    Si no fuera por ti, no sé que hubiera sido de esta entrada... Lo dicho

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  17. #9
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    Yo tengo una cierta curiosidad en saber qué piezas y de qué compositor tocó esta
    excelsa pianista. El programa es siempre tan importante para que la artista se luzca a placer...

    No tengo que decirte lo mucho que me ha gustado tu historia verdad?

    Ea, pues te lo digo. Es una historia bella y excelsa.
    ‎"En el sexo todo se me antoja más sencillo. Es puramente físico, simplemente mental. Fluídos y jadeos. Transpirar de perfumes. Elenco de sonidos."

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  19. #10
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    Tocó infinidad de piezas. baladas, estudios, sonatas, conciertos,… incluso improvisó algunas de su propia cosecha. Y se lució. Vamos si se lució, aunque no sé si a placer, pues el cretinismo es mi seña de identidad. Tan gran intérprete es que dejó el Liceo por una habitación destartalada, y la semana que viene, en la Metropolitan seguro que triunfa de nuevo.

    Creo que no teniendo su permiso, me guardo el concierto para mí. Una mezcla entre el Scarbo, la Campanella y Mephisto, que sin duda podría convertirse en una mancha para su reputación. Haber tocado para alguien que presume de escuchar a Cañita Brava puede ser complicado para la crítica. Aun así, si algún día lo considerase oportuno, le correspondería a ella desvelar el secreto. De todas formas, no sé por qué, me da la impresión de que algunos ya tenéis candidatas.

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