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    Fin de una trilogía: El Retorno de la Reina

    Debíamos romper el empate y para tal lid escogimos volvernos a ver en la Capital. Esta vez se apuntaba a un adiós en toda regla. No podía arriesgarme a quedar atrapado entre los encantos de una mujer tan misteriosa como maravillosa y para ello me había propuesto un fin de semana relajado y plagado de guiños a quien me había ofrecido momentos tan intensos.

    Esta vez el hotel era céntrico. Menos moderno y sin hilo musical en el ascensor. Aunque a ambos nos sorprendió el personal por su trato exquisito y cercano. Mi encantadora de sierpes llegaba a las 21:10. Una vez más Atocha se engalanaba para recibir a la joya más valiosa de toda Cataluña. Ella estaba espectacular. Con un pantalón blanco ya conocido, su top vaquero y unos taconazos de impresión, parecía que su pelo lucía más oscuro bajo los calores de la capital. Esta vez decidí esperarla en la estación como se merecía, la carroza no estaba disponible, por lo que el incógnito de un pequeño transporte sería quien nos acercaría por las desiertas calles madrileñas hasta el escenario de nuestra última actuación. Una orquídea, blanca cómo si no, señal de todo el aprecio y la admiración que le tengo, el único regalo capaz de reflejar la belleza de su dueña, lucía radiante sobre la mesilla de la derecha.

    Tras nueve días ininterrumpidos de trabajo, se intuía cierto cansancio bajo la excepcional fachada de mi querida compañera. En todo momento lo disimuló con excelente actitud. La cena, en un restaurante ubicado junto al hotel, tan solo a cinco minutos Goya arriba fue de lo más íntima. Excelente en todo salvo en la cantidad, pues en contra de lo habitual por los Madriles, las medias raciones eran más completas que medias. De hecho serían las propias camareras las que más de una vez nos preguntarían si no nos gustaba la comida ante los enormes platos en los que se amontonaba todo lo que no podíamos terminar. Delicioso disfrutar de una compañía tal. Preciosa como pocas. Simpática como la que más. Embobado me quedaba viéndola juguetear con los cubiertos, mientras sus verdes ojos se posaban pizpiretos sobre mí. Dadas las horas tan tardías, decidimos posponer las copas para otro momento y volvimos al hotel dónde dar reposo a nuestras fatigas. Sin embargo, ella no estaba por la labor de no facilitar el sueño a unos cuerpos tan cansados, con unas artes que pocas dominan tan bien como ella hace. Solamente recuerdo la tranquilidad con la que dormí durante toda esa noche, después de disfrutar de su blanca figura recortada contra la ventana de la habitación.

    El sábado amaneció aún temprano con un opíparo desayuno en la terraza. Una pérgola nos facilitaba soportar el sol que ya tan mañanero se empeñaba en avisarnos del día que nos esperaría. Llamaron a la puerta. Primera sorpresa. Unos deliciosos cupcakes para una deliciosa compañía. Justo a tiempo para el desayuno. Se esperaba unos macarons y se encontró con qué este despistado se acordaba de unas palabras de nuestro anterior encuentro. Bollos, tostadas, cupcakes y chocolate belga. Café y un delicioso jacuzzi en la misma terraza del hotel. Picarona dejó caer al suelo el suave vestido negro que cubría la perfección de sus formas. La mantequilla se derretía en su plato al igual que yo, que me escurría por entre las baldosas. Antes de que pudiera evitarlo, se había metido en el agua, con la que jugueteaba por sobre su piel. Me invitó con su mirada a que la acompañase. No parecía que ninguno de los vecinos estuviera mirando. O eso prefería pensar.

    Mis manos empezaron a moverse al margen de mis órdenes. Temblorosas recorrían aquel cuerpo mojado que se empeñaba en acercarse al mío. A horcajadas sobre mí, la sirena se empeñaba en arrastrarme junto a ella hacia las profundidades más remotas. Ahogándome, se había apoderado de mi voluntad y por primera vez en ese día, el tiempo se paró. Diez, veinte, sesenta… No sé cuanto tiempo pasamos en el jacuzzi. Mordiscos, arañazos, caricias, susurros. Los escalones una gran ayuda. Y un beso. Un beso prolongado mientras abrazados nos dejamos mecer por las aguas ya tranquilas de la bañera. Empapados con su pelo pegado a mi pecho y sus labios aún sobre los míos, disfrutamos de ese pequeño instante de relajación absoluta.

    Después de un desayuno tan revitalizante, decidimos pasear hasta el Jardín Botánico. Madrid seguía desierto, como cada agosto. Se nos había hecho un tanto tarde. Dadas las dificultades, había reservado en uno de los pocos sitios que no estaba cerrado, junto al Bernabeu. Pasta para recuperar las energías y para preparar el paseo que tenía pensado esa misma tarde. Entre medias una parada en el Corte Inglés (el bikini era fundamental para no volver a montar un espectáculo como el que me encontraría en el probador de esta tienda), y en una tienda erótica del barrio de Salamanca, en la que, tanto los precios, como algunos conjuntos de ropa nos dejaron con la boca abierta (aún no me creo que aquel aparato pudiera tener cabida en ninguna oquedad corporal y el precio de los kimonos, serán un secreto que ya no conoceremos). Una siestecita con un prólogo y un epílogo dignos de príncipes y princesas y alguna que otra sorpresa más. La orquídea abrió varios de sus capullos.

    Por la tarde decidí enseñarle el Madrid de los Austrias. Para alguien que no conozca Madrid, es lo más básico y antiguo de una capital que empezó a ser tal a una edad ya muy tardía. Cibeles, Sol, la Plaza Mayor, la Calle Mayor, la Plaza de la Villa, Ópera, Plaza de Oriente, San Ginés… Zapatos planos, ropa cómoda y a conocer Madrid. Tras refrescarnos en una terraza una vez ya se había puesto el sol, nos dirigimos al mercado de San Miguel. Para una amante de los mercados y de las ostras, qué mejor que disfrutarlas con unos vinos de la mano de Daniel Sorlut. Mi intento de que la compañía estuviera al mismo nivel, creo que fue un poco infructuosa. Y como contrapunto, la cena carente de tanto glamour, la hicimos en el tenderete de Nostra Hamburguesa, las hamburguesas que Juan Pozuelo ha diseñado para que los catetos nos disfracemos de gourmets. Una de trufa y la otra la clásica de Juan Pozuelo, regados con tinto y de pie en una barra, terminaron por dejarnos los pies destrozados. Vuelta al hotel casi a las dos de la mañana y tras demostrarme lo observadora que es al encontrar a Segador en la Plaza Mayor y sacarle las consiguientes fotos, subimos Montera arriba, bajamos Gran Vía abajo. Y abrazado a su cintura, con su cabeza apoyada en mi hombro, volví a desear que el tiempo se congelara en lugar de volar hacia el irremisible domingo.

    En el hotel recompensé a mi querida acompañante con el que seguramente fuera el peor de los masajes que haya recibido, pero uno de los que con más cariño le han dado. Con el olor del aceite de masajes, la frescura del aire acondicionado y las luces apagadas, nos abrazamos desnudos y hablamos de lo humano y lo divino, de lo bueno y de lo malo. Nos confesamos nuestros pecados y caímos en brazos de Morfeo cuando la mañana estaba ya de camino. Tras sonsacarle con todas las pocas habilidades con las que cuento la tercera sonrisilla tímida que adornaba su cara con los coloretes encendidos, caí dormido y no recuerdo salvo su suave silueta de medio lado, nada más hasta despertarme con el sol ya bien alto y una juguetona personita sentada sobre mí tal y como había venido al mundo.

    ¿Quién puede resistirse a despertarse así? Teníamos pensado bajar a desayunar para probar las riquísimas tortitas con nata y chocolate del hotel, pero la pereza pudo con nosotros. Teníamos reservado a las 12:00 un spa y un masaje (este de verdad) al que llegaríamos tarde. Pero es que ante el espectáculo que se alzaba frente a mí, quien podría prestar atención a nada más. Secuestrarla pensé en ese momento. Llevármela y meterla en una jaula de oro y tirar la llave tras meterme con ella dentro. Venderlo todo para poder disfrutar de su gracia hasta perder la cabeza sin reparar en el mañana. Pensar en todo, en todo menos que cuando esa noche llegara, ella y yo tendríamos que separarnos, tal vez definitivamente.

    No podíamos llevar los bañadores empapados al spa. Por tanto, el jacuzzi volvió a vernos sin ropa y a sufrir de nuevo nuestros achuchones. Delicadamente coloqué un brazo tras su cabeza, para que a modo de almohada, le permitiera tumbarse boca arriba sin molestias contra el borde. Mis manos comenzaron a jugar con sus pechos mientras que besaba lentamente cada rincón de su cuello, su cara, su boca, sus orejas. A cada mordisqueo temblaba ligeramente y ronroneaba de placer como una gatita. Sus manos me correspondían hábilmente bajo el agua y habíamos colocado a mano todo lo necesario para evitar tener que interrumpir a medias nuestro baile acuático. Hasta que un ruido nos hizo escondernos bajo el agua. Un sonido de personas. Muy cerca, del otro lado de la pared del jacuzzi. Había alguien. Alguien con hielos, con vasos y con bebidas. Alguien que estaba con más personas y oíamos toda su conversación. A menos de un metro, aunque con una pared de por medio, estaba la terraza del hotel. Menudo numerito. Ardiendo todavía, lo primero que pasó por mi cabeza fue el espectáculo de la mañana anterior, que seguramente también hubiera contado con su público. Excitados ante la perspectiva, seguimos hasta que, incapaces de controlar nuestros gemidos decidimos meternos en la habitación para evitar males mayores. Y la mañana continuó.

    Con estos precedentes, fue difícil no llegar aún más tarde al spa. Un baño turco, una sauna y unas piscinas a ciento cincuenta metros sobre el cielo de Madrid. Las vistas fuera espectaculares. Las vistas dentro un cúmulo de envidias. Miedo me daba darle la espalda a aquellos bañistas que me miraban con cara de incredulidad, no fuera a ser que decidieran librar a mi acompañante de mi presencia. Espectacular, irradiaba una belleza sin parangón y lucía aquel bikini azul con un arte complicado de igualar. Después de ponernos a remojo, con los correspondientes arrumacos, nos llamaron para el masaje, esta vez profesional. Todo un placer en una compañía imposible de mejorar. En cincuenta minutos nos dejaron como nuevos. Listos para ir a comer a una terracita muy agradable situada en la calle Velázquez. Con las pilas cargadas y, ahora sí, una sombra de pena en mi espíritu.

    Si el viernes habíamos cenado como príncipes, el domingo comimos como reyes. Unas tostas de espárragos, queso de cabra, tomate y rúcula. Jamoncito con su pan, unas croquetitas de setas y jamón… Ella devoró un steak tartar, sin preocuparse en disimular su goloso gusto por la carne cruda. Yo preferí un solomillo. Bajo los árboles ella estaba divina. Su trino era una dulce música que me tenía embelesado. Esas palabras capaces de encantarme y dejarme a su merced, donde me quedé durante las siguientes cinco horas. A la vuelta al hotel, todo lo que ocurrió es completamente confidencial, y un caballero no publicaría nada de eso, de los secretos de alcoba.

    Maravillosa, encantadora, simpática, apasionada. Una chica dulce y pícara. Risueña y jovial. Culta. Muy culta y viajada. Alguien con aspecto propio de su edad y conocimientos acordes al doble de ella. Con una fachada formidable. Con una personalidad arrolladora…

    Le ayudé a hacer la maleta (con lo que conseguí que se olvidara la mitad de la ropa para alegría de los de MRW). Le preparé los paquetes para que la planta y los cupcakes llegaran lo más enteros posible a Barcelona y metimos todo en el coche. Antes de dejarla marchar, a orillas del Retiro, degustamos una última cena. Bueno, una última merienda más bien, en una pastelería a los pies de la Puerta de Alcalá. Su tarta de zanahoria le encantó. Mi tarta de chocolate, me chifló. Su sonrisa, me robó el corazón.

    Con casi media hora de margen, la acerqué a Atocha de nuevo. Aparqué y le ayudé con los bultos. Toda escusa era buena para no tener que dejarla aún. Y apurando los últimos minutos frente al control de pasajes estuvimos hablando un rato más. Ella llevaba sus pasteles y yo la plantita y la maleta que traqueteaba tras de nosotros. A menos diez, con un nudo en la garganta, le hice ver que sería mejor que fuera entrando. En ese momento hubiera pagado con mi alma por que hubiera perdido el que era el último tren a Barcelona. Pero tanto ella como yo sabíamos que eso no era una opción. Me acuerdo del abrazo y el beso que le di. Aún lo guardo en mi memoria. Ahora es el recuerdo más bonito que me ha quedado, mientras ella se encaminaba a la puerta de su embarque con el equipaje y una parte de mi corazón.

    Hoy todos sabréis ya quien es esta personita. No hay que ser demasiado inteligente para ello. La geisha más dulce, simpática y arrebatadora de este foro. La que disfruta consultando sus fotos a los foreros. La que todos debieran conocer para conocer la crème de la crème. Una excelente profesional. Una formidable mujer y “una persona de las mejores que me he encontrado tanto en este mundillo como fuera de él”. Gracias por tus palabras. Por tus correos. Muchas gracias por haberme hecho feliz en estas tres etapas, que no juntan entre ellas ni ocho días, pero que han sido tan intensas como si se hubiera tratado de cinco meses. Hoy no sé si podré volver a encontrarme contigo. No sería muy prudente por mi parte, ni por el de mi economía. Aún me “debes una cena en el Burguer King” que no me perdería por nada del mundo, pero llegados a este punto, la trilogía se ha terminado y mi vida retoma su curso. Puede que juntos escribamos nuevos libros, en otros lugares, pero este, de momento está concluido.

    A orillas del Atlántico, en uno de mis paraísos particulares, rememoro lo que ya parece un sueño y espero haber podido acercaros a todos vosotros. Desde La Toja solo me queda recordar a la pelirroja que me recordó que no es cierto que no me gusten las pelirrojas y en cuyos ojos tuve el gusto de perderme hace ya, parece, muchísimo tiempo. Por cierto, en contra de lo que afirmabas en otra entrada, estas líneas son gracias a ti, por lo que en pocos sitios tu opinión o tus comentarios serían más pertinentes que en ella. Espero que haya sido de tu gusto y que haya reflejado fielmente lo que han sido unos encuentros para mí inolvidables. Muchas gracias.
    Última edición por Bernal de Bonaval; 16/08/2012 a las 12:49 Razón: No debo inventarme palabras que no existen

  2. Los Siguientes 3 Usuarios Agradecieron a Bernal de Bonaval por Este Mensaje:


  3. #2
    Forero Avatar de Xasel
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    Sabemos quien es amigo... y sabemos de su exquisitez infinita, de su auténtica delicadeza y de la magia maravillosa que la envuelve en un halo virtuoso que hace de ella una verdadera delicia que sólo puede hacer que te rindas ante lo mejor de lo mejor...

    No sabes como estas generando envidias auténticas y sinceras en todos los que te leen... sabiendo que has disfrutado de lo mejor de lo mejor...

    Mis más sinceras felicitaciones por haber vivido todo eso y saber contarlo como lo has hecho...
    [I][B]"Un bribón con sentido y sensibilidad"[/B][/I]

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  5. #3
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    Exquisito, Bernal, exquisito.


    A.C. Baldrick
    El mundo es un pañuelo........... y está lleno de mocos!!!

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  7. #4
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    Oye, Bernal del No se Qué, eso que dices que tu aventura la podemos hacer todos es porque crees, confundido totalmente, que este foro es del Colegio de Notarios y Registradores de la Propiedad.

    Y no, es un foro de sexo de pago en el que la mayoría son, te lo digo yo que de eso se mucho, unos pelados. Servidor es bachiller, en su tiempo de letras, y de ahí me ha quedado el colocar a los incautos unas cuantas de ellas, de letras, de letras de cambio, sin fondos, naturalmente.

    Por contárnoslo las gracias.

    Y te agradezco el detalle. Por considerarme todo un Notario.

    Has dejado el listón muy alto. He leído otras experiencias de desorbitados presupuestos y ¡que quieres que te diga! Me han dejado “ni fú ni fá”. Lo de siempre con mucha floritura, pero lo de siempre.

    La tuya me ha puesto, me ha puesto mucho, siempre me gusta saber la existencia de tipos que son capaces sin dar dato alguno de excitarte. No, tú no, no te animes, macho, me refiero a ella, de lo que nos cuentas con tanta elegancia.

    Dicen que el sexo para ser excelente como el que nos relatas ha de ser guarro. Se olvidan de adjuntar que, además, ha de ser tan elegante como guarro. Y se de lo que hablo.

    Y tu lección es de primera clase. Te doy un sobresaliente. ¡Exacto, has acertado! La matrícula de honor para ella. Da gusto leer a los tipos que pululan por aquí.

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  9. #5
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    Y te diré algo más, Bernal del No se Qué.

    No sé por lo que siento más envidia, si el contenido del relato que nos cuentas o por como lo has escrito.

    Da lo mismo, están a idéntico nivel.

    Eso es escribir, Bernal, te lo digo yo porque tú lo sabes, de eso te envidio y mucho.

    Y disfrutar. Ahí te intentaré igualar. Aunque a mi nivel, de imaginario Notario. A imaginación, te lo aseguro, no me gana nadie. Di que si, ¡Torero, Torero!

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  11. #6
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    Hoy ha sido un día perfecto. Perfecto.

    Pensaba a eso de las seis de la tarde que ya, de lo que quedaba del día, no volvería a disfrutar.


    No ha sido así, Bernal del No se Qué, gracias a ti.

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  13. #7
    Reyes
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    Si de por si siempre me a gustado leer relatos y como no escribirlos, leyéndote a ti, enriqueciendo tanto mi vista como mi mente y saciando mas de una curiosidad a la hora de querer entender, mi reconocimiento ante tanta maestría.
    Con el don de la palabra se nace y el tuyo tu don, amigo Bernal es innato.
    Pues aun sabiendo que quien te inspira a tan delicadas expresiones y formas, es porque en si posee esa delicadeza, intuyendo únicamente por sus escritos y fotografías su clase, consigues de forma bestial y sin faltar a la verdad transmitir toda la sensualidad y lujuria existente... difícilmente se consigue como lo has hecho tu.

    No me cabe la menor duda de que si le gustara


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  15. #8
    georgevaldes
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    Olé olé y olé, enhorabuena por todo, si hubiera una academia para la enseñanza, de experiencias, las tuyas servirían de ejemplo.
    Un saludo y gracias

  16. Los Siguientes 2 Usuarios Agradecieron a georgevaldes por Este Mensaje:


  17. #9
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    Felicidades Bernal por tu trilogía, mucho mejor, interesante y amena que la de la Star War
    Soluciono problemas
    Administrador Guía Geisha

  18. El Siguiente Usuario Agradeció a Admin Por Este Mensaje:


  19. #10
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    Anna es una chica fantástica. En las distancias cortas es sensacional, pero en el medio fondo, con todo el tiempo del mundo, es simplemente inmejorable.

    Gerundio, soy yo quien tiene que darte las gracias porque, de no ser por tus historias, no se si hubiera dado este paso alguna vez. Como inductor de esta bendita locura, no puedo más que agradecértelo.

    Además, como muy bien sabes, no es necesario molestar durante todo un fin de semana a tan grácil compañera. Quien quiera por unos momentos tocar el cielo, solo tiene que marcar su número e ntentar resistirse a la tentación. Una hora con Anna es tanto como un mes de plena felicidad.

  20. Los Siguientes 2 Usuarios Agradecieron a Bernal de Bonaval por Este Mensaje:


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